miércoles, 10 de mayo de 2017

(Revelaciones Parte 1 ) El Bosque de Cluj




[Quien con monstruos lucha cuide de convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.
 Friedrich Nietzsche]

El Bosque de Cluj

1

-¿Iremos de vacaciones al Bosque de Cluj este año? –preguntó Leonardo, mientras todos cenaban en la mesa.
-¡Están seguros! Acaso no saben lo que paso el año pasado –señaló Ángelo –, hay personas que no volverían a pisar ese desagradable lugar.
-¿Qué es lo que paso? ¿Por qué tanto misterio Ángelo? –dijo Natale.
-Hermana, personas han muerto en ese bosque, algunas se han perdido en sus inmediaciones y no hay aparecido jamás.
-¿De dónde sacaste tamaña tontera? –interrumpió Lucas.
-¡Pues! De las noticias, de internet… está en todos lados, ese no es un lugar seguro para acampar.
-No estarás exagerando, hijo…  ¡Acuérdate de tus pesadillas! –dijo Leticia.
-No estoy exagerando; solo digo que, teniendo las opciones de ir a otro lugar más seguro, porque he de ir a la boca del lobo –dijo Ángelo, su mirada pareció opacarse y sus hombros se encogieron –, ¿no existe la posibilidad de que cambien de opinión…?
Hubo un silencio incomodo, la familia se quedó un rato paralizada en la mesa, como si fueran los mismos troncos del bosque de Cluj.
-¡No! –Respondió Lucas –, hemos tenido la costumbre desde años, no veo porque suspender el paseo, unas noticias truchas por internet no me intimidará. Así que…, Leticia, prepara las cosas, saldremos en un par de horas.
-Si–, mantengamos la calma y disfrutemos este viaje –agregó–, prepararé unos ricos sándwich para el camino.
La Familia Baker dispuso las cosas necesarias para acampar, sin perder más tiempo. Equiparon las camionetas y partieron hacia el Bosque de Cluj.
-¿Cuánto falta? –preguntó Natale, un poco incomoda por el viaje
-¡No mucho! Ya estamos por llegar –señaló Ángelo –, detrás de los montes de olivo, ya se puede vislumbrar, pequeños indicios del ceibo esmeralda.
La carretera estaba despejada, los árboles se asomaban deformes, como monolito indio, un extraño magnetismo se sentía en el aire, las aves huían, a veces, a un nuevo árbol, pero también se devolvían asustadas, como si algo incorpóreo las amedrentaba, algo en el aire…, tal vez, las cosas que dicen en los periódicos sean verdad; la existencia de extraños seres o espectros fantasmales deslizándose por los matorrales.
-¿Dónde acamparemos? –Preguntó Natale –, no quiero que los insectos me devoren.
-¿Insectos? –Cuestionó Ángelo–eso es lo mínimo que debe preocuparte; aquí las personas desaparecen.
-¡Mamá! Dile que se calle –masculló Natale –, frunció los labios angustiada.
-¡Deja en paz a tu hermana! Ángelo –dijo Leticia.
-Ya eres muy grande para creer en historias de Bosques encantados –ordenó Lucas –, de hecho, estas historias son antiguas, ya nadie en los alrededores comentan las desapariciones, simplemente fueron personas que se perdieron en las expediciones, pero después retomaron su rumbo.
-¡Tú sabes bien que eso no es verdad! Papá –dijo Ángelo –, esos campesinos jamás aparecieron, aunque nunca se aclaró por los medios lo sucedido, esos malnacidos siguen perdidos hasta el día de hoy, quizá en que dimensión del abismo.
Ángelo miró a su padre, tan tétricamente, que por un momento le creyó.
-¡Papá! es mejor que nos devolvamos –insistió Ángelo –, su rostro agónico reflejó la ansiedad de abandonar el viaje, pero sin embargo ya era tarde para aquello…

2

-¡Hemos llegado! –dijo Natale con satisfacción, un poco olvidando el mal momento que le hizo pasar Ángelo –, no se preocupen, yo quiero la carpa azul y el saco de dormir que use el verano pasado.
La familia Baker se instaló rápidamente, en las hostiles y neblineadas  áreas del Bosque de Cluj…, un cuervo, los miró fijamente desde la ramas de un viejo árbol antropomórfico, como presagiando una agonía de perversidad…, y ese, “Algo” en el aire, se tornó cada vez más pesado e irremediablemente húmedo al respirar.
Se instalaron en una extraña meseta circular, un lugar que parecía haber sido ocupado, quizá por otra familia más; o bien, solo daba esa impresión; la meseta daba a una salida directa a la carretera, y en su orilla, se erigían grandes árboles antiguos, de troncos altos y ramas onduladas que formaban una “G”, o a veces, una “J” encorvada, con raíces petrificadas por todo el suelo…de pronto, uno que otro gusano, se asomaba en el cascaron del viejo árbol, y  un rayo de sol atravesaba  las gotas de agua, en una hoja moribunda, daba el efecto de lupa, se retorcía el gusano.
-¿será un buen lugar para acampar? –preguntó Ángelo frotándose la nariz, nervioso.
-Claro que sí –dijo Leticia – se parece al del año pasado ¿no crees…?
-No, en lo absoluto –repuso el hijo mayor –el año pasado no estuvimos ni cerca de llegar aquí, es más, no recuerdo esta meseta.
-Ya no sigas, vamos a fumar algo, traje cervezas y vino –agregó Leonardo.
-Buena idea –Lucas se sumó.
-Natale y yo iremos por unas leñas para hacer fuego –dijo Leticia –no se emborrachen para que juguemos una mano de póker, ya está anocheciendo.
La oscuridad se abría paso, y poco a poco se fue cobijando la sensación de  estar en un encierro, en una especie de cúpula imaginaria; Ángelo, el más perceptivo, sabía de esta extraña sensación, investigó sobre los campesinos perdidos en el lugar, y tuvo la sensación de que eran fantasmas atrapados en los confines oscuros de la eternidad, un paso a la muerte y dimensiones malignas que abren portales a seres malignos y despiadados.
-¡Ya! Hemos regresado. ¡Viste! No hay nada aquí, son monstros tuyos Ángelo –se burló Natale.
Ángelo la miró con ojos de furia displicente, y meneó la cabeza en señal de negación.
-Yo quiero hamburguesas –agregó Leonardo.
-El fuego está listo, acérquense a las brasas –dispuso Lucas, todos obedecieron menos Ángelo.
- ¿Por qué no vienes a comer, hijo? Se te va a enfriar la hamburguesa –dijo Leticia en tono maternal.
-No, gracias mamá. Pero este lugar no me causa apetito sino nauseas.
Ángelo entró a su lona  y se dispuso a descansar, por lo menos por un rato, sentía que su familia no lo tomaba en cuenta, y de apoco un enfado comenzó a arder desde lo más profundo de su vientre, como si algo maligno lo absorbiera de todo sentimiento bondadoso. Prendió su celular, instaló sus audífonos y comenzó a escuchar música mientras leía un libro de Edgar Alan Poe…, y se quedó dormido.


3

La niebla apareció difuminada en el frío bosque de Cluj, las aves se acallaron  y unas sombras entre los árboles murmuraban; jugaban a desaparecer escurridizamente entre los matorrales. La noche llegó, y una brillante luna  alumbró  la fúnebre meseta…en la orilla, a un costado de la roca principal había un dibujo extraño, semejante a una cruz invertida y un pentagrama de un antiguo ritual medieval, que ninguno de los integrantes de la familia Baker, se percató en la llegada.
-¡Bueno! ¡Bueno! ¿Quién se anima a jugar? –preguntó Lucas.
Todos estaban en la mesa, un poco satisfechos después de la cena. Nadie miró directamente, pero todos finalmente accedieron a jugar.
-Ángelo –gritó Leticia al viento – ¿vendrás a jugar…? No hubo respuesta.
-¡Déjalo! Ya se le pasará… –agregó Lucas –, creo que soy bueno jugando, tengo escala de nuevo.  El póker es lo mío. 
Lucas mostró sus cartas y se burló del resto de los jugadores. Bebió un sorbo más de su cerveza y ofreció unos tragos a todos. Los demás miraron con cara de duda.
-Está bien, no me mofaré más –comentó –, ¿no sé qué tiene esta cerveza?…, iré a orinar, no hagan trampa ¡Eh!
-¡Ok! Te esperamos –respondió Natale, mientras se engullía un panecillo.
Lucas se introdujo en el bosque. Vio un sendero y caminó hasta el primer árbol que pudo ver; la luna alumbró sus hojas y sus ramas filosas, tenía un leve aspecto humano, una cara desfigurada entre la sabia y la madera en descomposición…, con un gran agujero en su centro que simulaba una boca, y las ramas filamentosas se esparcían a lo largo del tronco, llegando hasta el tope más alto. Lucas de detuvo y observó, y una sensación macabra le carcomió los hombros, el árbol se asemejaba a un gran ciempiés, casi prehistórico; se restregó los ojos…pensó  que era una verdadera ilusión momentánea, mientras orinaba los pies del imponente árbol…, de pronto, entre las siluetas desfiguradas del bosque, vio una figura humana, que parecía un cuerpo femenino…se detuvo, guardó silencio y dejó de orinar, sintió un calor extraño, luego un frío, y una briza entumió su espalda: –¿Qué es eso…? –, se dijo a sí mismo– ¡Oh! ¡Demonios!  ¿Qué diablos sucede? –la figura de la mujer aparecía y desaparecía entre los arboles como un flash de luz, se deslizaba a una velocidad espectral que era inimaginable de creer para cualquier mortal. Luego se detuvo y se postró delante de Lucas.
-¿Sabes quién soy? –le dijo
Lucas enmudeció y comenzó a orinar el resto que le quedaba en la vejiga, hasta mojar sus pies. La figura de la mujer lo paralizó
-¿Sabes quién soy…Lucas? –repitió la pregunta
-Eres Helena… ¿Helena…?
-Sí… ¿recuerdas lo que me hicieron…?
Lucas se hincó, y una súplica de su vientre nació muerta.
-No queríamos alejarte Helena, solo éramos unos niños, que no sabían lo que hacen–suplicó cobardemente.  Un líquido verdoso comenzó a caer por sus sienes, gota a gota, hasta llegar a sus labios.
-¡Es imposible! ¡Imposible! –gimió Lucas en voz baja e impresionado –.  Ella no puede estar viva.
La figura fantasmal se elevó por sobre su cabeza, luego se expandió hacia lo alto del árbol y como si fuera las garras de un gigante, tomó a Lucas y lo lanzó hacia el cielo, una nube oscura de donde se oía susurros infernales y suplicas del más allá lo absorbió, y decenas de sombras con dedos de arañas rasgó su cara hasta desfigurarla y perderse en el abismo…




4

-¿Quién juega? –preguntó Leticia.
-Le toca a Papá. Esta orinando en el sendero.
-Pues, ve por él Leonardo –ordenó Leticia –, no tenemos toda la noche y ya me está dando frío, hay una briza extraña ¿no te parece…?
-No lo creo, está bien iré por él. No mires mis cartas mamá. 
El chico se levantó de la mesa con una lata de cerveza en la mano, caminó hasta la entrada del sendero, después de varios metros se fijó que en un extremo había un bloque de piedra que le llamó la atención, sacó una pequeña linterna de mano de su bolsillo, alumbró hacia el suelo y unos gusanos escurridizos se ahuyentaron: – ¿Qué es esto…? No recuerdo que esto estuviera aquí antes–pensó por un momento…luego, intentó limpiar el gran bloque, tenía una extraña mancha de barro, mezclado de otra sustancia pegajosa, un líquido viscoso de ectoplasma que caía de lo alto de la piedra hasta el suelo; Lucas retrocedió, su lata de cerveza se deslizó por sus delgados dedos hasta caer en la tierra putrefacta, mientras se esparcía el verdoso líquido fosforescente por todo el bloque, poco a poco, la sustancia acuosa comenzó a configurar palabras que decía: “¡AYUDAME!” El chico estaba paralizado, su boca babeaba y sus extremidades adormiladas no sentían la densa y oscura neblina que se disipaba tras su espalda. El líquido fluorescente configuró otra frase: “ET DIABOLUS INCARNATE EST. ET HOMO FACTUS EST”. (Y el diablo encarnado. Y se hizo) y los ojos de Lucas estallaron en espanto:
  -¡Papá! ¿Estas allí? Papá–vociferó el chico con desesperación. Y cuando intentó secarse las lágrimas se percató que tenía sangre en sus dedos. Una larva quemante surgió de la palma de su mano, y desgarro su carne.  Se volteó hacia el bloque de piedra y dijo:
-¿Quién eres tú…? Devuélveme a mi padre ¡maldito demonio!
El bloque respondió con esta frase: “TU PADRE SE QUEMA EN EL HADES CON HELENA, AHORA VOY POR USTEDES”
Leonardo salió corriendo lo más rápido que pudo, pedía auxilio entre los decrépitos árboles de Cluj, pero el sonido de su voz eran lamentos que oían los cuervos. La neblina lo persiguió en su huida frenética; era como una masa de piel, de rostros, de cráneos…, volteaba y miraba de soslayo; su palpitante corazón se acercaba a la muerte, la niebla se convertía en un monstro de cuerpos, de brazos y torsos deformes, se desprendía de ella espectros oscuros una y otra vez… se detuvo por un momento, y el monstro ya no estaba; miró confundido a todos lados y dijo: -¡Dios ayúdame!  ¡Sálvame!– escuchó mormullos, lamentos de bestias inhumanas, luego, un aullido de ultratumba aguzó sus oídos;  la masa desmembrada formó una gran boca de piel ardiente y lo engulló hasta desvanecerse.

5

-Natale ¿Dónde está Leonardo? No debería haber llegado ya. ¿No crees…? –dijo Leticia asustada.
-Fue tras del sendero a buscar a Papá.
-Pero ya deberían estar aquí –insistió Leticia.
-Ya sabe cómo son, mamá. Les gusta jugar bromas, además ya han bebido varias cervezas.
-Deberías avisarle a tu hermano, lleva mucho tiempo en la lona ¡despiértalo! Dile que venga.
-¡Uf! Está bien. ¡Ok! –refunfuñó Natale.
Leticia se levantó de la mesa, pero…esa extraña sensación de estar sola la acongojó, se sintió náuseas y dolor de cabeza, se tambaleó con un vaivén descontrolado y cayó posando sus manos en el suelo.
-¡Mamá! ¿Qué te sucede? –gritó Natale, y su voz pavorosa alertó a las sombras ambulantes.
-¡Ángelo! ¡Ángelo! –Gritó despavorida–, ven aquí…mamá está mal.
Ángelo salió de su lona, se quitó los audífonos y vio que su madre estaba en el suelo.
-¿Qué paso? ¿Comió algo? –preguntó.
-No lo sé, estábamos aquí y de repente de cayó.
Leticia gemía del dolor en el suelo, y se revolcaba como un paracito intestinal. Se hizo a un lado y vomitó una sustancia acuosa y verde.
-Pero… ¡Que rayos! –Masculló Ángelo–, dije tantas veces que venir a este maldito bosque era mala idea.
Leticia estaba muda, sin poder de reacción, y sus ojos se fijaron en la cima de un árbol, en forma de “Y”, un gruñido animalesco salía de su boca.
-¡Mamá! Por favor… ¡reacciona! –dijo Ángelo mientras la zamarreaba en el suelo.
-¿Qué tiene? –Desesperó Natale –, por que reacciona así mamá.
-No lo sé, no lo sé –gritó el joven –, ¿Qué comió? ¿Qué hicieron antes? ¿Dónde está papá y Leonardo?
-Fueron al sendero a orinar, pero no han vuelto… tengo mucho miedo Ángelo ¿Qué hacemos?
-¡Calma! Ayúdame a voltearla, quizá debe vomitar más.
Leticia expulsaba más y más líquido verde por su boca, y gemía como un animal en furia, su cara estaba desfiguraba y en cada gargajo su gruñido se hacía más agudo, miró con su pálido rostro a sus hijos y susurró: “¡HELENA! ¡HELENA! ¿DÓNDE ESTAS?”
-¿Por qué diablos dice eso? ¿Quién es helena?
Natale retrocedió un paso atrás y dijo:
-¡Esto no puede estar sucediendo! ¡Santo Dios!
-¿Qué es lo que pasa Natale? ¡Dime! ¿Quién es Helena? –la tomó de los hombros y la miró fijamente obligándola a hablar.
-Es nuestra hermana –susurró Natale.
-¿Quéee…? ¿De qué estás hablando?
-Es nuestra hermana… Ángelo –sollozó cabizbaja –, nuestros padres tuvieron otra hija y la mataron.
-¿Pero cómo…? Eso es imposible. ¿Cómo sabes tú de eso y yo no?
-Porqué los escuche, platicando, hace mucho tiempo. Escuche que tuvieron una hija, nuestra hermana mayor, y que la ahogaron en el lago de Cluj, eran muy jóvenes y la niña nació deforme. Papá planeó deshacerse de ella y mamá fue su cómplice, por eso a papá le gusta venir a este bosque, quizá aún la siente, pero ella…ella ha vuelto Ángelo, vino a vengarse, quiere matarnos ¡Mira! Como esta mamá –Natale lloró desconsoladamente–, ahora ¿Qué haremos? Ella vendrá por nosotros…
-¡Tranquila! –dijo Ángelo, su hermana apoyó su rostro en el hombro.
-No quiero estar tranquila, esto, es culpa de todos…, yo nunca dije nada por miedo a Papá y ahora todo se esté derrumbando en este maldito bosque.
Natale se alejó lentamente de su hermano, miraba a todos lados, como una loca, estaba poseída por la desesperación y la incertidumbre, el cuerpo de su madre gemía con espanto en el suelo, Natale hipnotizada no reaccionaba a nada.
-Natale ¡Cuidado! –dijo Ángelo–, y fue aquello, lo último que oyó la niña antes de morir.
Leticia (o lo que quedaba de ella) se paró súbitamente y comenzó a jadear, su boca infectada de mucosa verde se abrió hasta el tope de su piel tirante, y rajó su rostro hasta posar una lengua alargada y bífida que serpenteaba como látigo, sus ojos estaban hinchados y ensangrentados, su troco se alargó como hule, y sus huesos crujieron al dislocarse en su ropa, escamas porosas y gruesos vellos se esparcían por su rostro…, Natale y Ángelo estaban atónitos y paralizados de terror; la bestia dio un gran salto y cayó sobre los hombros de Natale, desgarrándole la yugular, la sangre salía a chorros… Angeló escapó por el sendero sollozando y gritando de espanto; solo volteó una vez, y vio lo que fue su madre convertida en bestia y devorando los intestinos de su hermana con su mandíbula. Ángelo se ocultó detrás de unos matorrales, mientras la bestia se mofó y con voz rasposa dijo: “NO HUYAS, COBARDE” intentó pensar por un segundo, en medio de toda la desesperación, pero se encontró de frente con el gran bloque de piedra; su textura quebradiza se expandía desde la cima hasta el suelo; la sustancia acuosa y verdosa caía abundantemente por cada orificio formando símbolos extraños de cultos sectarios medievales, Ángelo dijo para sí: –“HELENA”–, como invocando a su hermana muerta, el bloque parecía reaccionar y tener vida, y decenas de rostro sufrientes aparecieron en la gran piedra, momificados como estatuas que se queman en el inframundo;  cientos de lamentos en las sombras y aullidos de espectros entre los matorrales…, en un extremo se quejaban los rostros de lo que fue la familia Baker, con sus caras deformes, derritiéndose…como mascaras de cera; un ser del averno se desprendió de un árbol con aspecto cuasihumano, y con su tenacillas de sangre tomó por la espalda a Ángelo; este no opuso resistencia, el bloque se abrió de par en par, formando una gran boca dentada y putrefacta con restos orgánicos de humanos desmembrados, y en el centro estaba “HELENA” –¡Ven! ¡Ven! susurraba–, haciendo un ademán; Ángelo vio a una niña deforme con el rostro al revés, mientras el ente del averno esparcía un líquido de lava ardiente por su cuerpo – ¡Nooo! Dios, ¡me quemo! –, se escuchó un grito mortuorio en la soledad del bosque; los cuervos huyeron de los árboles y las serpientes se arrastraban por el bloque de piedra, esperando un nuevo amanecer. 

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