[Quien con monstruos
lucha cuide de convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un
abismo, el abismo también mira dentro de ti.
Friedrich Nietzsche]
El Bosque de Cluj
1
-¿Iremos
de vacaciones al Bosque de Cluj este año? –preguntó Leonardo, mientras todos
cenaban en la mesa.
-¡Están
seguros! Acaso no saben lo que paso el año pasado –señaló Ángelo –, hay
personas que no volverían a pisar ese desagradable lugar.
-¿Qué
es lo que paso? ¿Por qué tanto misterio Ángelo? –dijo Natale.
-Hermana,
personas han muerto en ese bosque, algunas se han perdido en sus inmediaciones
y no hay aparecido jamás.
-¿De
dónde sacaste tamaña tontera? –interrumpió Lucas.
-¡Pues!
De las noticias, de internet… está en todos lados, ese no es un lugar seguro
para acampar.
-No
estarás exagerando, hijo… ¡Acuérdate de
tus pesadillas! –dijo Leticia.
-No
estoy exagerando; solo digo que, teniendo las opciones de ir a otro lugar más
seguro, porque he de ir a la boca del lobo –dijo Ángelo, su mirada pareció
opacarse y sus hombros se encogieron –, ¿no existe la posibilidad de que
cambien de opinión…?
Hubo un
silencio incomodo, la familia se quedó un rato paralizada en la mesa, como si
fueran los mismos troncos del bosque de Cluj.
-¡No! –Respondió
Lucas –, hemos tenido la costumbre desde años, no veo porque suspender el
paseo, unas noticias truchas por internet no me intimidará. Así que…, Leticia,
prepara las cosas, saldremos en un par de horas.
-Si–,
mantengamos la calma y disfrutemos este viaje –agregó–, prepararé unos ricos
sándwich para el camino.
La
Familia Baker dispuso las cosas necesarias para acampar, sin perder más tiempo.
Equiparon las camionetas y partieron hacia el Bosque de Cluj.
-¿Cuánto
falta? –preguntó Natale, un poco incomoda por el viaje
-¡No
mucho! Ya estamos por llegar –señaló Ángelo –, detrás de los montes de olivo,
ya se puede vislumbrar, pequeños indicios del ceibo esmeralda.
La carretera
estaba despejada, los árboles se asomaban deformes, como monolito indio, un
extraño magnetismo se sentía en el aire, las aves huían, a veces, a un nuevo
árbol, pero también se devolvían asustadas, como si algo incorpóreo las
amedrentaba, algo en el aire…, tal vez, las cosas que dicen en los periódicos
sean verdad; la existencia de extraños seres o espectros fantasmales
deslizándose por los matorrales.
-¿Dónde
acamparemos? –Preguntó Natale –, no quiero que los insectos me devoren.
-¿Insectos?
–Cuestionó Ángelo–eso es lo mínimo que debe preocuparte; aquí las personas
desaparecen.
-¡Mamá!
Dile que se calle –masculló Natale –, frunció los labios angustiada.
-¡Deja
en paz a tu hermana! Ángelo –dijo Leticia.
-Ya
eres muy grande para creer en historias de Bosques encantados –ordenó Lucas –,
de hecho, estas historias son antiguas, ya nadie en los alrededores comentan
las desapariciones, simplemente fueron personas que se perdieron en las
expediciones, pero después retomaron su rumbo.
-¡Tú
sabes bien que eso no es verdad! Papá –dijo Ángelo –, esos campesinos jamás
aparecieron, aunque nunca se aclaró por los medios lo sucedido, esos malnacidos
siguen perdidos hasta el día de hoy, quizá en que dimensión del abismo.
Ángelo
miró a su padre, tan tétricamente, que por un momento le creyó.
-¡Papá!
es mejor que nos devolvamos –insistió Ángelo –, su rostro agónico reflejó la
ansiedad de abandonar el viaje, pero sin embargo ya era tarde para aquello…
2
-¡Hemos
llegado! –dijo Natale con satisfacción, un poco olvidando el mal momento que le
hizo pasar Ángelo –, no se preocupen, yo quiero la carpa azul y el saco de
dormir que use el verano pasado.
La
familia Baker se instaló rápidamente, en las hostiles y neblineadas áreas del Bosque de Cluj…, un cuervo, los miró
fijamente desde la ramas de un viejo árbol antropomórfico, como presagiando una
agonía de perversidad…, y ese, “Algo” en el aire, se tornó cada vez más pesado
e irremediablemente húmedo al respirar.
Se
instalaron en una extraña meseta circular, un lugar que parecía haber sido
ocupado, quizá por otra familia más; o bien, solo daba esa impresión; la meseta
daba a una salida directa a la carretera, y en su orilla, se erigían grandes
árboles antiguos, de troncos altos y ramas onduladas que formaban una “G”, o a
veces, una “J” encorvada, con raíces petrificadas por todo el suelo…de pronto,
uno que otro gusano, se asomaba en el cascaron del viejo árbol, y un rayo de sol atravesaba las gotas de agua, en una hoja moribunda, daba
el efecto de lupa, se retorcía el gusano.
-¿será
un buen lugar para acampar? –preguntó Ángelo frotándose la nariz, nervioso.
-Claro
que sí –dijo Leticia – se parece al del año pasado ¿no crees…?
-No, en
lo absoluto –repuso el hijo mayor –el año pasado no estuvimos ni cerca de
llegar aquí, es más, no recuerdo esta meseta.
-Ya no
sigas, vamos a fumar algo, traje cervezas y vino –agregó Leonardo.
-Buena
idea –Lucas se sumó.
-Natale
y yo iremos por unas leñas para hacer fuego –dijo Leticia –no se emborrachen
para que juguemos una mano de póker, ya está anocheciendo.
La
oscuridad se abría paso, y poco a poco se fue cobijando la sensación de estar en un encierro, en una especie de
cúpula imaginaria; Ángelo, el más perceptivo, sabía de esta extraña sensación,
investigó sobre los campesinos perdidos en el lugar, y tuvo la sensación de que
eran fantasmas atrapados en los confines oscuros de la eternidad, un paso a la
muerte y dimensiones malignas que abren portales a seres malignos y despiadados.
-¡Ya!
Hemos regresado. ¡Viste! No hay nada aquí, son monstros tuyos Ángelo –se burló
Natale.
Ángelo
la miró con ojos de furia displicente, y meneó la cabeza en señal de negación.
-Yo
quiero hamburguesas –agregó Leonardo.
-El
fuego está listo, acérquense a las brasas –dispuso Lucas, todos obedecieron menos
Ángelo.
- ¿Por
qué no vienes a comer, hijo? Se te va a enfriar la hamburguesa –dijo Leticia en
tono maternal.
-No,
gracias mamá. Pero este lugar no me causa apetito sino nauseas.
Ángelo
entró a su lona y se dispuso a
descansar, por lo menos por un rato, sentía que su familia no lo tomaba en
cuenta, y de apoco un enfado comenzó a arder desde lo más profundo de su
vientre, como si algo maligno lo absorbiera de todo sentimiento bondadoso.
Prendió su celular, instaló sus audífonos y comenzó a escuchar música mientras leía
un libro de Edgar Alan Poe…, y se quedó dormido.
3
La
niebla apareció difuminada en el frío bosque de Cluj, las aves se acallaron y unas sombras entre los árboles murmuraban;
jugaban a desaparecer escurridizamente entre los matorrales. La noche llegó, y una
brillante luna alumbró la fúnebre meseta…en la orilla, a un costado
de la roca principal había un dibujo extraño, semejante a una cruz invertida y
un pentagrama de un antiguo ritual medieval, que ninguno de los integrantes de
la familia Baker, se percató en la llegada.
-¡Bueno!
¡Bueno! ¿Quién se anima a jugar? –preguntó Lucas.
Todos
estaban en la mesa, un poco satisfechos después de la cena. Nadie miró directamente,
pero todos finalmente accedieron a jugar.
-Ángelo
–gritó Leticia al viento – ¿vendrás a jugar…? No hubo respuesta.
-¡Déjalo!
Ya se le pasará… –agregó Lucas –, creo que soy bueno jugando, tengo escala de
nuevo. El póker es lo mío.
Lucas
mostró sus cartas y se burló del resto de los jugadores. Bebió un sorbo más de
su cerveza y ofreció unos tragos a todos. Los demás miraron con cara de duda.
-Está
bien, no me mofaré más –comentó –, ¿no sé qué tiene esta cerveza?…, iré a
orinar, no hagan trampa ¡Eh!
-¡Ok!
Te esperamos –respondió Natale, mientras se engullía un panecillo.
Lucas
se introdujo en el bosque. Vio un sendero y caminó hasta el primer árbol que
pudo ver; la luna alumbró sus hojas y sus ramas filosas, tenía un leve aspecto
humano, una cara desfigurada entre la sabia y la madera en descomposición…, con
un gran agujero en su centro que simulaba una boca, y las ramas filamentosas se
esparcían a lo largo del tronco, llegando hasta el tope más alto. Lucas de
detuvo y observó, y una sensación macabra le carcomió los hombros, el árbol se
asemejaba a un gran ciempiés, casi prehistórico; se restregó los ojos…pensó que era una verdadera ilusión momentánea,
mientras orinaba los pies del imponente árbol…, de pronto, entre las siluetas
desfiguradas del bosque, vio una figura humana, que parecía un cuerpo
femenino…se detuvo, guardó silencio y dejó de orinar, sintió un calor extraño,
luego un frío, y una briza entumió su espalda: –¿Qué es eso…? –, se dijo a sí
mismo– ¡Oh! ¡Demonios! ¿Qué diablos
sucede? –la figura de la mujer aparecía y desaparecía entre los arboles como un
flash de luz, se deslizaba a una velocidad espectral que era inimaginable de
creer para cualquier mortal. Luego se detuvo y se postró delante de Lucas.
-¿Sabes
quién soy? –le dijo
Lucas
enmudeció y comenzó a orinar el resto que le quedaba en la vejiga, hasta mojar
sus pies. La figura de la mujer lo paralizó
-¿Sabes
quién soy…Lucas? –repitió la pregunta
-Eres
Helena… ¿Helena…?
-Sí…
¿recuerdas lo que me hicieron…?
Lucas
se hincó, y una súplica de su vientre nació muerta.
-No
queríamos alejarte Helena, solo éramos unos niños, que no sabían lo que
hacen–suplicó cobardemente. Un líquido
verdoso comenzó a caer por sus sienes, gota a gota, hasta llegar a sus labios.
-¡Es
imposible! ¡Imposible! –gimió Lucas en voz baja e impresionado –. Ella no puede estar viva.
La
figura fantasmal se elevó por sobre su cabeza, luego se expandió hacia lo alto
del árbol y como si fuera las garras de un gigante, tomó a Lucas y lo lanzó hacia
el cielo, una nube oscura de donde se oía susurros infernales y suplicas del
más allá lo absorbió, y decenas de sombras con dedos de arañas rasgó su cara
hasta desfigurarla y perderse en el abismo…
4
-¿Quién
juega? –preguntó Leticia.
-Le
toca a Papá. Esta orinando en el sendero.
-Pues,
ve por él Leonardo –ordenó Leticia –, no tenemos toda la noche y ya me está
dando frío, hay una briza extraña ¿no te parece…?
-No lo
creo, está bien iré por él. No mires mis cartas mamá.
El
chico se levantó de la mesa con una lata de cerveza en la mano, caminó hasta la
entrada del sendero, después de varios metros se fijó que en un extremo había un
bloque de piedra que le llamó la atención, sacó una pequeña linterna de mano de
su bolsillo, alumbró hacia el suelo y unos gusanos escurridizos se ahuyentaron:
– ¿Qué es esto…? No recuerdo que esto estuviera aquí antes–pensó por un
momento…luego, intentó limpiar el gran bloque, tenía una extraña mancha de
barro, mezclado de otra sustancia pegajosa, un líquido viscoso de ectoplasma
que caía de lo alto de la piedra hasta el suelo; Lucas retrocedió, su lata de
cerveza se deslizó por sus delgados dedos hasta caer en la tierra putrefacta,
mientras se esparcía el verdoso líquido fosforescente por todo el bloque, poco
a poco, la sustancia acuosa comenzó a configurar palabras que decía: “¡AYUDAME!” El chico estaba paralizado,
su boca babeaba y sus extremidades adormiladas no sentían la densa y oscura
neblina que se disipaba tras su espalda. El líquido fluorescente configuró otra
frase: “ET DIABOLUS INCARNATE EST. ET
HOMO FACTUS EST”. (Y el diablo encarnado. Y se hizo) y los ojos de Lucas
estallaron en espanto:
-¡Papá!
¿Estas allí? Papá–vociferó el chico con desesperación. Y cuando intentó secarse
las lágrimas se percató que tenía sangre en sus dedos. Una larva quemante
surgió de la palma de su mano, y desgarro su carne. Se volteó hacia el bloque de piedra y dijo:
-¿Quién
eres tú…? Devuélveme a mi padre ¡maldito demonio!
El
bloque respondió con esta frase: “TU PADRE SE QUEMA EN EL HADES CON HELENA,
AHORA VOY POR USTEDES”
Leonardo
salió corriendo lo más rápido que pudo, pedía auxilio entre los decrépitos
árboles de Cluj, pero el sonido de su voz eran lamentos que oían los cuervos.
La neblina lo persiguió en su huida frenética; era como una masa de piel, de
rostros, de cráneos…, volteaba y miraba de soslayo; su palpitante corazón se
acercaba a la muerte, la niebla se convertía en un monstro de cuerpos, de
brazos y torsos deformes, se desprendía de ella espectros oscuros una y otra vez…
se detuvo por un momento, y el monstro ya no estaba; miró confundido a todos
lados y dijo: -¡Dios ayúdame! ¡Sálvame!–
escuchó mormullos, lamentos de bestias inhumanas, luego, un aullido de
ultratumba aguzó sus oídos; la masa
desmembrada formó una gran boca de piel ardiente y lo engulló hasta
desvanecerse.
5
-Natale
¿Dónde está Leonardo? No debería haber llegado ya. ¿No crees…? –dijo Leticia
asustada.
-Fue
tras del sendero a buscar a Papá.
-Pero
ya deberían estar aquí –insistió Leticia.
-Ya
sabe cómo son, mamá. Les gusta jugar bromas, además ya han bebido varias
cervezas.
-Deberías
avisarle a tu hermano, lleva mucho tiempo en la lona ¡despiértalo! Dile que
venga.
-¡Uf!
Está bien. ¡Ok! –refunfuñó Natale.
Leticia
se levantó de la mesa, pero…esa extraña sensación de estar sola la acongojó, se
sintió náuseas y dolor de cabeza, se tambaleó con un vaivén descontrolado y
cayó posando sus manos en el suelo.
-¡Mamá!
¿Qué te sucede? –gritó Natale, y su voz pavorosa alertó a las sombras
ambulantes.
-¡Ángelo!
¡Ángelo! –Gritó despavorida–, ven aquí…mamá está mal.
Ángelo
salió de su lona, se quitó los audífonos y vio que su madre estaba en el suelo.
-¿Qué
paso? ¿Comió algo? –preguntó.
-No lo
sé, estábamos aquí y de repente de cayó.
Leticia
gemía del dolor en el suelo, y se revolcaba como un paracito intestinal. Se
hizo a un lado y vomitó una sustancia acuosa y verde.
-Pero…
¡Que rayos! –Masculló Ángelo–, dije tantas veces que venir a este maldito
bosque era mala idea.
Leticia
estaba muda, sin poder de reacción, y sus ojos se fijaron en la cima de un
árbol, en forma de “Y”, un gruñido animalesco salía de su boca.
-¡Mamá!
Por favor… ¡reacciona! –dijo Ángelo mientras la zamarreaba en el suelo.
-¿Qué
tiene? –Desesperó Natale –, por que reacciona así mamá.
-No lo
sé, no lo sé –gritó el joven –, ¿Qué comió? ¿Qué hicieron antes? ¿Dónde está
papá y Leonardo?
-Fueron
al sendero a orinar, pero no han vuelto… tengo mucho miedo Ángelo ¿Qué hacemos?
-¡Calma!
Ayúdame a voltearla, quizá debe vomitar más.
Leticia
expulsaba más y más líquido verde por su boca, y gemía como un animal en furia,
su cara estaba desfiguraba y en cada gargajo su gruñido se hacía más agudo,
miró con su pálido rostro a sus hijos y susurró: “¡HELENA! ¡HELENA! ¿DÓNDE
ESTAS?”
-¿Por
qué diablos dice eso? ¿Quién es helena?
Natale
retrocedió un paso atrás y dijo:
-¡Esto
no puede estar sucediendo! ¡Santo Dios!
-¿Qué
es lo que pasa Natale? ¡Dime! ¿Quién es Helena? –la tomó de los hombros y la
miró fijamente obligándola a hablar.
-Es
nuestra hermana –susurró Natale.
-¿Quéee…?
¿De qué estás hablando?
-Es
nuestra hermana… Ángelo –sollozó cabizbaja –, nuestros padres tuvieron otra
hija y la mataron.
-¿Pero
cómo…? Eso es imposible. ¿Cómo sabes tú de eso y yo no?
-Porqué
los escuche, platicando, hace mucho tiempo. Escuche que tuvieron una hija,
nuestra hermana mayor, y que la ahogaron en el lago de Cluj, eran muy jóvenes y
la niña nació deforme. Papá planeó deshacerse de ella y mamá fue su cómplice,
por eso a papá le gusta venir a este bosque, quizá aún la siente, pero
ella…ella ha vuelto Ángelo, vino a vengarse, quiere matarnos ¡Mira! Como esta
mamá –Natale lloró desconsoladamente–, ahora ¿Qué haremos? Ella vendrá por
nosotros…
-¡Tranquila!
–dijo Ángelo, su hermana apoyó su rostro en el hombro.
-No
quiero estar tranquila, esto, es culpa de todos…, yo nunca dije nada por miedo
a Papá y ahora todo se esté derrumbando en este maldito bosque.
Natale
se alejó lentamente de su hermano, miraba a todos lados, como una loca, estaba
poseída por la desesperación y la incertidumbre, el cuerpo de su madre gemía
con espanto en el suelo, Natale hipnotizada no reaccionaba a nada.
-Natale
¡Cuidado! –dijo Ángelo–, y fue aquello, lo último que oyó la niña antes de
morir.
Leticia
(o lo que quedaba de ella) se paró súbitamente y comenzó a jadear, su boca
infectada de mucosa verde se abrió hasta el tope de su piel tirante, y rajó su
rostro hasta posar una lengua alargada y bífida que serpenteaba como látigo,
sus ojos estaban hinchados y ensangrentados, su troco se alargó como hule, y sus
huesos crujieron al dislocarse en su ropa, escamas porosas y gruesos vellos se
esparcían por su rostro…, Natale y Ángelo estaban atónitos y paralizados de
terror; la bestia dio un gran salto y cayó sobre los hombros de Natale,
desgarrándole la yugular, la sangre salía a chorros… Angeló escapó por el
sendero sollozando y gritando de espanto; solo volteó una vez, y vio lo que fue
su madre convertida en bestia y devorando los intestinos de su hermana con su
mandíbula. Ángelo se ocultó detrás de unos matorrales, mientras la bestia se
mofó y con voz rasposa dijo: “NO HUYAS, COBARDE” intentó pensar por un segundo,
en medio de toda la desesperación, pero se encontró de frente con el gran
bloque de piedra; su textura quebradiza se expandía desde la cima hasta el suelo;
la sustancia acuosa y verdosa caía abundantemente por cada orificio formando
símbolos extraños de cultos sectarios medievales, Ángelo dijo para sí:
–“HELENA”–, como invocando a su hermana muerta, el bloque parecía reaccionar y
tener vida, y decenas de rostro sufrientes aparecieron en la gran piedra,
momificados como estatuas que se queman en el inframundo; cientos de lamentos en las sombras y aullidos
de espectros entre los matorrales…, en un extremo se quejaban los rostros de lo
que fue la familia Baker, con sus caras deformes, derritiéndose…como mascaras
de cera; un ser del averno se desprendió de un árbol con aspecto cuasihumano, y
con su tenacillas de sangre tomó por la espalda a Ángelo; este no opuso
resistencia, el bloque se abrió de par en par, formando una gran boca dentada y
putrefacta con restos orgánicos de humanos desmembrados, y en el centro estaba
“HELENA” –¡Ven! ¡Ven! susurraba–, haciendo un ademán; Ángelo vio a una niña
deforme con el rostro al revés, mientras el ente del averno esparcía un líquido
de lava ardiente por su cuerpo – ¡Nooo! Dios, ¡me quemo! –, se escuchó un grito
mortuorio en la soledad del bosque; los cuervos huyeron de los árboles y las
serpientes se arrastraban por el bloque de piedra, esperando un nuevo
amanecer.
***
GTF.

No hay comentarios:
Publicar un comentario