martes, 28 de noviembre de 2017

(Revelaciones Parte 2 ) El Ojo de la Tormenta



[Quien con monstruos lucha cuide de convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.
 Friedrich Nietzsche]



1

He escuchado que una familia entera ha desaparecido en las inmediaciones del Bosque de Cluj –exclamó Gunnar–, mientras sostenía el manubrio del Yepp blanco humo, traspasaba lóbregamente una espesa neblina cetrina, donde la señalética de la carretera se asomaba de improviso entre ramificaciones de sombríos arbustos luminiscentes. La línea de la carretera avanzaba con descarada lentitud, mientras los ojos de Gunnar los seguía con sigilo.
- ¿Hacia dónde nos dirigimos? –preguntó Judy Lee. Entre un aire de sarcasmo y cansancio que disminuía su ánimo femenino hasta agotar su suave piel.
Judy Lee, una hermosa mujer de 28 años, de piernas largas, cuello esvelto y pequeñas pequillas en su rostro lozano, sus labios de freza se abrían inhalando el aire decrépito.
- ¡No lo sé! Amor –respondió Gunnar con la boca seca–, me imagino que hasta encontrar algún lugar seguro donde poder pasar la noche, el sol se está ocultando –miró por el parabrisas la espeluznante arboleda–; no doy más de exhausto. ¿Qué más han dicho por el radio Judy?
-¡Nada! Solo lo que ya sabemos, si esto no es el apocalipsis, de igual forma, es una especie de final.  “El final” de todo lo que conocemos seguramente. El radio ya dejo de funcionar…, no sé qué más puedo decir… –sus ojos se opacaron por el espejo retrovisor.    
Detrás de la última curva se vislumbró un parque abandonado, justo en el kilómetro 666; una mordaz locura, o una fatídica coincidencia de la cual no se percataron en un comienzo, pero, sin embargo, se detuvieron igual. El Yepp tronaba como bomba de arena, la falta de gasolina se hizo elocuente, y un ruido de ave espantada briznó, son los cuervos del demonio –pensó Gunnar–, un búho de ronda nocturna chilló, y los grillos desnudos en las hojas de los árboles cantaban junto a una que otra luciérnaga apabullada.
- ¡Es todo! –dijo Gunnar. Una gota de sudor rodó hasta sus labios deshidratados –. ¡Hasta aquí llegamos! No tenemos gasolina. La próxima estación está a 30 kilómetros, y lo único a la mano es este parque abandonado en la soledad. Debemos descansar.
-No entraré ahí contigo –desesperó Judy–, me niego a tal locura, no sabemos de este tétrico lugar…, puede ser peligroso. –su pupila se dilató en una expresión de hastío y desesperanza.
-¡Vamos mujer! Es por una noche. Además, no tenemos más opción, quizás haya gasolina en alguno de estos juegos olvidados y necesitamos provisiones, no hemos comido en horas; podemos pernoctar aquí y mañana caminar hasta la estación por gasolina, hay que aguantar una noche más.
Judy bajó del auto de mala gana. Gunnar se quedó pensativo por un instante frente al volante, prendió un cigarrillo y llevó su chaqueta de mezclilla para abrigar a su esposa.

2

Gunnar abrazó a su mujer mientras caminaba, un viento que gemía del oeste se incrustó en los brazos de Judy y la enfrió hasta el hueso. Una boca de lobo se asomaba en la oscuridad y su colmillo crujía como muelas picadas; el tenebroso juego mostraba una indolente sensación de hastío y penumbra…, un taponazo eléctrico y estruendoso del colmillo sonó de la cadena mecánica, y concluyó en un impulso lumínico parpadeante de los ojos color sangre…, el lobo aulló…
- ¡Es imposible! –barbotó Gunnar– ¿Cómo puede haber electricidad para que esa cosa funcione?
-Quizás haya un generador –agregó Judy.
Las gélidas máquinas de emociones mecanizadas reían burlescamente entre la bruma opaca de la verbena. La imagen de un payaso con el rostro carcomido por el óxido llamó la atención de Judy.
- ¿No te parece real su rostro? –Murmuró la joven, y su cara se desfiguró al ver la nariz y el pelaje del caricato –, es muy extraño…, parece pelo humano, –contempló hipnotizada los ojos del payaso y luego huyó a los brazos de Gunnar.
- ¡Vámonos de aquí! Por favor…, este lugar tiene vida –dijo Judy afligida.
- Hay algo extraño con estas máquinas y marionetas –comentó el joven–. Pero sabemos todo lo que ha pasado…, lo escuchamos en la radio Judy, esto está sucediendo en todo el mundo, es como si la inercia de las cosas tomara vida, como si los árboles se detuvieran y las nubes temibles se cargaran de sangre, quiere llover sobre este parque maldito. Sobre esta verbena podrida –agregó Gunnar desconsolado, luego se rasgó los ojos con la manga de la mezclilla –. Esto es inaudito. ¡Lo juro por Dios! Que es así. Hay algo más tenebroso que venir a parar en este parque lleno de maniquíes zombis con aspecto humano, como muñecos metálicos que suplican un alma –enfatizó Gunnar.
Judy fijó su mirada en los ojos de Gunnar, luego miró hacia el cielo como esperando que cayera la lluvia de sangre, las nubes rojas y espesas se balanceaban en el cielo macabro, formando la figura que simulaba un ojo de ciclope; el “ojo de la tormenta” pensó Gunnar sin quitar la vista del cielo, pero…, ¿Qué tormenta? No se avecinaba nada hasta el momento, por lo menos, en la estación de radio no escucharon nada de la extraña figura o supuesta tormenta de sangre. Las nubes se separaron de hito a hito, y entre ellas, unas extrañas bolsas trasparentes brillaban azulinas, en su interior, unos tentáculos filamentosos se zamarreaban como si fueran gusanos gigantes. Una explosión trono: ¡crac crac, crac! Y zumbó como crujido de hueso; pero como un gran hueso de mandíbula sin dentadura. Las bolsas de tentáculos comenzaron a girar rápidamente como trompos…, más atrás, las nubes de sangres hinchadas parecían reventar en cualquier momento…
- ¡Qué diablos! –susurró Gunnar conteniendo la respiración, luego apretó los hombros de Judy, en señal de contención. La imagen del cielo fragmentado la atormentaba–, estoy aquí amor… estoy aquí…
La neblina oscura y verdosa surcó todo el firmamento, y de entre las nubes rutilantes un rayo calló estruendosamente en el asfalto del parque, seguido de un fuerte temblor. La niebla empezó a rizar sus bucles a ras de tierra y les cubrió los zapatos, las piernas y envolvió a la pareja de una blancura incandescente.  
- ¡Que diantres fue eso! –dijo Judy–, un maldito rayo ha caído de la nube Gunnar. Escucha eso, es un sonido de trompetazo…
Las ramificaciones electromagnéticas del rayo se difuminaron rápidamente por todos los juegos mecánicos y por los corredores embrujados de los pasadizos infantiles.
La máquina del payaso ahora parece tener vida, el rayo lo electrificó hasta que de su dentadura mecanizada emergió un ruido sádico que simuló una risa: ¡uacrajajaja! Los ojos del payaso buscaron los de Judy. En el extremo izquierdo del pecho había una palabra tatuada: “Moro” y la vestimenta tricolor parecía fusionada a su cuerpo de aspecto metálico-hule, con movimientos plásticos de humanoide desproporcionado y deforme. 
- ¡Aghgggggh! –gritó Judy–. Vámonos de aquí, Gunnar, por favor, te lo suplico…
El joven movió su cabeza de lado a lado, negando la situación, como si aquella escena del payaso endiablado no existiera, o solo fuera una película más de terror. Moro caminó como un zombi flácido hacia la pareja, contorneándose pavorosamente de un lado para el otro.
Gunnar tomó de la mano a su joven esposa y comenzó a retroceder lentamente, mientras la figura metálica de Moro caminaba a paso lento y quebrado, como si estuviera estudiando con detalle los movimientos de los jóvenes, y los olfateaba como un canino, luego desapareció entre las maquinas espectrales.
El carrusel comenzó a girar y la niebla galopó en su montura amarilla. Un caballito rosado festejaba en un vaivén, y en su hocico una leve risa de encanto patibulario gemía entre el claro-oscuro de las sombras que asechaban, y se internaban poco a poco en el bosque de pinos. Unas bandadas de cuervos cruzaron por las cabezas de los jóvenes, y algunos caían como piedras en el asfalto, como si extrañamente el cielo rojizo y purpurino los envenenara de una sustancia espumosa que se deslizaba cerca del “ojo de la tormenta”. Una nueva sensación de hastío provino de la boca de lobo y su colmillo crujió espeluznantemente con más fuerza que la primera vez, Gunnar lo alertó…, el lobo aulló…, Judy solo permaneció inmóvil en silencio.
Unos gritos de horror se escucharon desde la montaña rusa, y la sensación de una muchedumbre gritando de euforia en los carros se hizo latente. Los carros grises metálicos tomaron vida, o por lo menos, una parte del rayo electrizante hizo que se deslizaran tenuemente, como esperando que el parque cayera en un estado onírico alterno. El kilómetro 666 parecía estar poseído por los eventos apocalípticos de un final sombrío anunciado [un final revelado que esperaba por todos aquellos habitantes terrenales. Caminando sonámbulamente en las últimas calles de la tierra, en el ocaso más temible de las almas putrefactas que yacen en el limbo] Gunnar tomó a Judy y lograron esconderse entre unos arboles del bosque de pino, el aroma era fresco y mentolado…, rostros humanos aparecían fantasmagóricamente en la madera agusanada de los pinos, sus labios se abrían simulando un grito de auxilio: “¡Help! ¡Help!” y luego de una mueca, se transformaban en pequeños gnomos dentados y escurridizos. La aparición se esfumó y Gur rasgó sus ojos.
- ¿Cuánto tiempo estaremos aquí? –preguntó Judy. Sus labios vibraron de frío y un terror agónico que solo la incertidumbre de lo oculto provoca.
-No lo sé amor. Pero debemos observar que esta pasando…, esas cosas tienen vida y siento que nos quieren atrapar –agregó Gunnar–; y esto…, esto me recuerda a lo vivido por esa familia –pensó por un momento debajo de una rama quebrada que se asemejaba las patas de una araña y se apoyó en el tronco–, aquella familia del Bosque de Cluj. Lo vimos en el noticiero ¿lo recuerdas? 
Judy asintió con la cabeza, luego se volteó a ver los juegos mecánicos que se deslizaban tras la bruma con un cierto aire de tranquilidad e inquietud maléfica que la paralizaba
-Si lo recuerdo. Y pienso mucho en esa niña –dijo angustiada–, esa familia estaba maldita desde el día en que mataron a su hija…, a cualquiera se le vuelve un infierno vivir con eso, ellos tuvieron una vida tormentosa, sin embargo, no creo que los designios de su muerte sean tan distintos a los nuestros…, es horrible “el final” nunca me imagine esto así, y todos estos eventos siniestros que vemos en nuestras narices –Judy sollozó de cansancio–, en todo caso, nunca me creí esa historia de Dios y la biblia, siempre pensé que algo peor me pasaría, peor de lo que viví con el asqueroso de mi padre…y ahora está pasando.
- ¿Aun piensas en ello? –Interrumpió Gunnar.
- ¡Oh! Por la mierda. Es “el final” Gunnar. No te das cuenta, ¡qué importa lo que haya pasado en mi infancia! Nada cambiará eso.
-Perdón. No quise que recordaras lo de tu padre. Solo digo, que los violadores se irán al infierno, y con mayor razón en este momento de purga.
Judy lo miró con ojos irascibles, pero luego su pupila derramo una lágrima y Gunnar comprendió que el asunto aun dolía como la misma noche infame que marcó su infancia.
- ¿No tienes nada más que decir? –enfatizó exaltada–, recuerda que tu vida no ha sido la octava maravilla, has sido incapaz de terminar algo y todo lo dejas a medias, nunca pudiste tomar las riendas de las cosas Gunnar…, siempre quedaste corto en tus proyectos. Tu trabajo, la escuela y sobre todo para mí.
- No me hables así. No quiero hacerte daño Judy… lo de tu padre no tiene que ver conmigo, él fue un monstruo más, tal como estos maniquíes mecánicos animados. Eso sin mencionar lo de tu hermana “Sarah”
-No hables de ella infeliz, es un alma inocente ¡entiendes! –Jud se enfureció, algo en su interior le provocaba una ira que le envenenaba lo más débil de su corazón.
Gunnar se apoyó en el tronco y cerró por un momento sus ojos. El cansancio lo venció
Judy quedó hipnotizada por la ira y una vocecilla tintineó en su oído: “¡Hola mi niña! Ven aquí, con tu Padre, ya no habrá más dolor…, él es MORO, amor, quien purgará toda tu agonía, él te salvará para que estemos juntos…, solo ven mi niña, Sarah vendrá tambien… 
3

- Judy, Judy. ¡Despierta por favor! –dio un pequeño bostezo y se exaltó– algo extraño esta pasando, he escuchado mormullos entre la niebla y un temblor eléctrico viene del suelo, igual que el rayo del “ojo de la tormenta”
Judy se levantó de sopetón y observaron constreñidos tras el árbol.
El cielo estaba amarillento anaranjado y las bolsas de tentáculos giraron como trompos nuevamente, el kilometro 666 era la cuna de muerte una vez más, un olor nauseabundo se esparció rápidamente por las ramificaciones del Bosque y por todo el parque. Un socavón se hizo en el medio de la verbena y el aire se tornó mas espeso. En esta ocasión un rayo eléctrico viajo de abajo para arriba desde el umbral del socavón hasta el “ojo de la tormenta” y un ruido de trompetazo tronó como bocina de tren, un viento mortuorio emergió del subterráneo en forma de espiral y se depositó en la barraca de los fenómenos, en el carrusel de caballitos rosados, en la noria gigante, la rueda del diablo, etc. Moro despertó y se acercó a la orilla del abismo jadeando y apretando sus dientes metálicos, serpenteando su cuerpo humanoide de plastilina; detrás de él a unos cinco metros lo sigue la boca de lobo aullando y sediento por devorar carne fresca en el ocaso del exterminio apocalíptico. Las nubes inflamadas se tornan violáceas, la lluvia de sangre esta por comenzar; el panteón sádico comienza a germinar de la ultratumba…, de la fosa arribo el fuego incandescente, quemador de cuerpos deformados y almas en pena, el limbo no es más que un descanso en la eternidad del sufrimiento. Los maniquíes espectrales se mueven desencajados como araña mal herida, entre la bruma verdosa y oscura, los faroles del parque parpadean y todos los fantasmas y criaturas se paran alrededor de la fosa…, la boca de lobo aulló y Moro cogió unos ganchos metálicos que se les adherido a sus manos, como cuchillas encorvadas, su aspecto se tornó más diabólico con el hedor de la fosa; y abrió su boca aceitosa y rugió tal como lo haría un demonio herido, su cuerpo de plástico se hizo más grande y firme como los músculos de un titán, y  mientras rugía el panteón se alzó imponente hacia el “ojo de la tormenta”, media cientos de metros de largo, y las marcas rasgadas fosforescentes formabas aberturas, hendiduras y fisuras hechos de hueso y piedra; la simbología del averno llamaba a su abominación, en el eterno retorno del “Final” ; cientos de rostros humanos en el bloque de piedra, gemían sufrientes mientras vomitaban sangre viscosa; las criaturas de la barraca de fenómenos aullaron alabando a los monstruos que danzaban en medio de la verbena, y del bloque de piedra se deslizó un líquido verdoso, que ahogaba los rostros sufrientes de mil almas atrapadas en el panteón. Moro exclamó: –“ABSU NAR MATTARU”– [el gran océano subterráneo] y comenzó a vociferar palabras en el medio del ritual grotesco que preparaba las criaturas de la barraca:

LA INVOCACIÓN DE LA PUERTA DE MORO

¡espíritu del averno, Recuerda!
Que os vengo de la ultratumba
A la orilla del final
Al fuego de la fontana
A las manos de los monstruos
Que desaten la ira del subterráneo
Y de comienzo a la masacre de los espíritus;
Vivos y muertos, ángeles y demonios,
Bebed del fuego y la sangre;
Y en Moro resucitaos para ajusticiar a los débiles,
Que así sea vuestro designio;
Y callad hasta el último aliento,
De la malsana Tierra que agoniza en tu boca;
¡Oh! Moro, que comience la purga.

***
   
Los demás siguieron el ritual, como si fueran monjes sectarios invocando adefesios y ánimas del panteón…, los maniquíes mecánicos crearon una gran ronda alrededor del umbral –“ABSU NAR MATTARU”–, exclamaron una y mil veces, con una voz seseante. Boca de lobo retrocedió y miró a Moro, como si se entendieran telepáticamente. Moro lo cobijó tal como fuera Cancerbero y Satán.
- ¡Ella está ahí! Ella… –dijo una voz sardónica proveniente del panteón.
-La barraca de fenómenos –susurró Moro y rasgó su rostro con su mano de cuchillas curvadas–, ¡revivan a los malolientes!
Moro ordenó y una tropa de maniquíes balbucearon en el oído de los espectros. El payaso gruñó como perro rabioso mientras cada uno de los fenómenos hacia su aparición, tal como fuera un espectáculo circense. 
Judy Lee, la chica bella y lozana que se esconde detrás de un pino podrido por el hedor infernal del panteón, intentó gritar; Pero Gunnar puso la mano en su boca, y el grito se transformó en una súplica ahogada de un sueño de horror. Los ojos de Judy se marchitaron al ver la barraca y la verbera rodeada de espectros; el parque era una verdadera zona de muerte y se transformaba en la cuna del “Final”   

4

- ¡Padre nuestro que estas en los cielos, santificado…! ¡Oh dios! ¡sálvame de tal muerte en las garras del infierno! –pensó Judy Lee mientras las horripilantes escenas de los espectros desfilaban por sus ojos –, no hay salvación. ¡Entiendes Gunnar!, no hay como escapar de esto.
Gunnar la contuvo lo más que pudo, tratando de que su voz no fuera audible por los espectros del panteón.
-Es mejor estar en silencio Judy –espetó afligido, alzó la mirada, y una nube del “ojo de la tormenta” pareció sonreírle. Pero todo era solo un truco de su pústula cabeza.
- ¡Júrame! que no me dejaras sola… júralo –exclamó Judy, y algo en sus ojos cambio, la pupila se tornó de color purpura y negruzca–, si esto es el “Final”, quiero morir a tu lado…
Gunnar palideció y la miró sin comprender porqué su joven esposa decía eso, pero solo respondió con un abrazo nervioso.
- ¡Mira Gur! Es Sarah –barbotó mirando a la nada.
-No es nadie Jud, lo de Sarah ocurrió hace muchos años.
Una aparición de una joven niña de unos 12 años, con vestido amarillo de lirios violentas y jazmines, con una piel pálida de mármol y ojos verdes desorbitados.
Judy se acercó
- ¡Es Sarah! Hermanita, ven…, te amo tanto, nunca quise que papá te…
- ¡Basta! Jud, ella no es quien piensa. ¡Vamos!, Sarah murió hace años
- ¡Es bella! ¿no lo crees? –el rostro de Jud se transformó y parecía totalmente hipnotizada por la aparición. Su esposo la sostenía, pero un hedor somnífero lo debilitaba cada vez más dando la sensación de estar en un sueño, las manos de Jud se le resbalaban lentamente como jabón de tulipán y bombeaban como si fuera un pequeño globo a punto de estallar. Gur la sostenía firmemente, pero, poco a poco la figura delgada de su amada desaparecía entre la bruma verdosa –; ¡lo ves! ¡lo ves! No murió…, al final mi padre no se salió con la suya, sabía que estaba viva; nos pudo tocar cuando niñas, pero jamás tuvo nuestra alma; mamá lo decía, lo dijo mil veces las almas buenas se van al cielo, Gur, al cielo…
- ¡Basta Jud! Tu hermana se suicidó y lo sabes…, no pudo aguantar la vergüenza de ser ultrajada. Pero tú si amor. Tú estás viva aquí. No vayas con ella es una ilusión, solo escucha mi voz…
Los oídos de Judy se tapaban cada vez con más furor, la voz de Gur se escuchaba disminuida y zumbada. La suave y fina mano de Judy, terminó de soltar la de su marido, y un grito electrificado se perdió en la bruma de la verbena…
- ¡Sarah! ¿estas aquí? Hermana mía, siento mucho lo que hizo papá ¿Sarah? – dijo Jud con voz temblorosa, y entre la bruma espesa parpadeaba y gemía un cuervo buscando cadáveres.
La aparición se confundía en la neblina, su trepidación vibrante se desvanecía en el azul eléctrico de un rayo sordo, la niña de 12 años de ojos verdes y vestido de flores del arroyo se tornaba más corpulenta y gruesa…, el rostro de Moro circundaba tras la aparición y sonreía tenazmente como un niño que juega con sus juguetes de madera.
Judy seguía hipnotizada
-Sarah ¿eres tú? –preguntó Judy Lee. Pero la respuesta vino de un cuervo que se posó en su hombro y luego huyó con algo en la boca que parecía un dedo humano.
-Soy yo–respondió una voz dulce–, estoy aquí hermanita…vine a jugar ¿quieres ir al panteón con mis nuevos amigos? ¿quieres ir con papi?
Judy caminada hacia el espejismo somnolienta y con los parpados cansados
- ¿Qué cosas dices Sarah? Papi está muerto. Murió hace 10 años después de que te fuiste. –exclamó afligida. Un nervio caló desde sus pies hasta la espina dorsal.
- ¡No! ¡Mal nacida! papi está aquí con todos los demás –gruñó Sarah y su voy se volvió ronca como la de un perro.
- ¿De qué me hablas? Sarah. Yo te amo…, eres mi hermanita. -Judy retrocedió agobiada, pero su cuerpo no respondía al impulso de huir.    
- ¡Que tu padre está aquí!  Y te fornicará en el maldito infierno –exclamó la voz macabra
Judy Lee volteó rápidamente y gritó auxilio, pero Gur no pudo escucharla, había caído en una cúpula neblinosa infectada de espectros y no había vuelta atrás. La aparición se deformó y la gruesa figura se transformó en Moro. El horripilante guasón de manos afiladas gruñía en el rostro de Judy Lee, y el hedor de su boca somnífera e infecciosa se esparcía por la piel de la muchacha, el líquido fluorescente del panteón corría por las venas del payaso amorfo y electrificado, el crujido de una cadena que parecía su columna vertebral sonó como metal oxidado:
- ¡crac, crac, crac!
Y zumbó como crujido de hueso; las cadenas se recogieron y alzó su guante de ganchos encorvados como si fuera una garra de oso. Los ojos de Judy Lee no suplicaron, pero en su pupila paralizante se escondían un alarido de espanto y odio tan profundo, que el mismo Moro temió por unos segundos, luego dejó caer sus garras metálicas en el cuerpo de la muchacha partiéndola por la mitad. Un corte perfecto, como espada de samurái la empaló de pies a cabeza, y el rostro de Moro sonrió con sarcasmo, como un niño que aplasta un gusano. La sangre se esparció rápidamente por el asfalto, mientras boca de lobo gozaba de un festín de carne y vísceras de la joven Judy Lee. -  
 

***

lunes, 26 de junio de 2017

ARTRÓPODOS


I
Los Ebrovs
Un monstruo arácnido gemía en la cueva subterránea del planeta plutoniano llamado “Orcus”. El insecto extraterrestre terminaba de incubar el último huevo de la jornada, en una extensa y lúgubre parcelas fragmentadas de cultivos lepidópteros; sus glándulas venenosas arrojaban un ácido corrosivo de los quelíceros[1] que derretía algunas larvas ya incubadas.  Sus ocho patas grises y elásticas, se atirantaban entre ciento de larvas redondas y deformes. Sus ojos brillantes se hacían más intenso entre un humo o neblina azulada y tenebrosa, los movía como lente de cámara mecánica…, fríamente, como si estuviera analizando cada decena de larvas incubadas; la trompa se desmembraba como hule, alargándose y contrayéndose, se inflamaba como si fuera un pulmón humano… y luego se deshinchaba arrugándose como piel después de quemar; entre la transparencia acuosa de la membrana viajaban los embriones lentamente hasta salir de la trompa gelatinosa; el insecto gruñía como si expresara dolor o quizás una risa de  placer necrótico; y, con sus patas se apoyaba en el suelo infeccioso para sostener la fuerza de la expulsión…, un nacimiento terrorífico e infame en cualquier planeta abandonado…, la vibración tubular de la expulsión emitía un sonido seseante, como si se desinflara un globo de aire, comprimido, dejando caer el huevo entre un líquido aguado y nauseabundo que emitía un hedor neblinoso y cálido a la vez; una especie de placenta humana con tejidos orgánicos y venosos que se desencajaba en terminaciones nerviosas  y espeluznantes como si fuera un tumor con hilos de sangre a punto de coagularse. El  insecto estiraba sus patas como latigazos que crujían como huesos quebrándose, mientras la punta se enterraba entre las larvas aplastando algunos huevos, que gemían como bestias mientras dormían. De pronto, de su cabeza de calamar y triangular, emergió otra cabeza diminuta y huesuda con un aspecto animalesco, que daba la impresión de ser un rostro de una mantarraya, con una extraña y gélida sonrisa macabra que lo hacía irremediablemente pavoroso, con una boca dentada que escupía un líquido pardo extraído de su glándula venenosa. De un momento a otro, el Ebrovs se irguió en sus cuatro patas traseras, dejando su abdomen velludo y trasparente a la vista, un orificio diagonal de cuatro metros de longitud se abrió de par en par, dejando a la intemperie decenas de embriones ordenados como racimo de uvas…, sus intestinos se movían como culebras en el charco de barro, y de su túbulo digestivo podían verse unos extraños seres parasitarios provenientes de quizás qué engendro de la galaxia. De la parte superior de su abdomen se divisaban dos alas membranosas, como si fueran aletas de pescado y del cefalotórax lanzaba una red que se tejía en el aire para acolchonar a los huevos enterrados en la arena.
Detrás del alíen arácnido habían unos árboles prehistóricos y petrificados en forma de garra humana, donde se ocultaban los fríos ojos de cientos de Ebrovs amontonados en sus colonias, distribuidos  en una red de túneles conectados con la superficie, como si fuera un enjambre de un panal de abejas, produciendo secreciones y fluidos subcutáneos que las hinchaba como sanguijuelas que beben sangre de una herida infecciosa.
Estos seres inteligentes se comunicaban por enlaces electromagnéticos que viajaban en ondas solares; y poseían naves en forma de diamantes  que los transportaban por la red de túneles, hasta la superficie donde ocultaban la nave principal, tienen una jerarquía establecida y rangos medios organizados a cargo del cultivo lepidóptero.
Mientras tanto, una nave de excursión (Navoc 67) comandada por el teniente Jules Lacroix y su tripulación se estacionaba en la superficie del planeta Orcus, con el fin de investigar nuevas civilizaciones intraterrestres, sin imaginar lo que estaban a punto de vivir.      

II

El Aterrizaje

-Estamos a mil pies, Capitán –dijo el Androide –, ¿nos preparamos para el descenso? El planeta no presenta presencia de vida, por lo menos en la superficie. Señor. Los sensores en Orcus no pueden captar detalles, debido a la interferencia de las explosiones solares.
-¡Entendido! Mi amigo, pero mi experiencia me dice que eso nunca se sabe en estos planetas desérticos y desolados –espetó Jules, con aire de displicencia –, avise al resto de la tripulación, deben de estar dormidos desde que salimos del <<Navoc One>> las hamburguesas y el brandi los empachó.
-¡Yes Sir! –contestó Salek. 
Una luz verde parpadeó en el visor principal. El androide presionó un botón del costado
-¡Atención! ¡Atención! Tripulación del Navoc 67, hemos llegado al planeta Orcus. Objetivo: investigación N° 302 sobre posible especie alienígena Arácnida llamados Ebrovs. No se tiene información requerida de la central, en cuanto al nivel de hostilidad. –Clamoreó un pequeño citófono en las butacas de los tripulantes.
-¡Escuché claro! –Dijo Thobi –, es idea mía o este androide del demonio hablo de alienígenas arañas. Nunca imagine que podían estar en Orcus.
-Escuchaste bien –secundó Alexandra – aunque no es seguro que estén en este planeta el trabajo se hace igual, además, estos “Ebrovs” ha sido un mito desde que recibimos el entrenamiento, solían asustarnos con historias de ellos, pero son puras patrañas. En ningún planeta investigado por los terrícolas, en los últimos cincuenta años, se ha sabido de estas infantiles criaturas.
-Pero la Federación intergaláctica ha dicho que, si llegará a existir una especie así, sería la primera especie hostil de incestos artrópodos extraterrestres –agregó Pysklo mientras se levantaba de su butaca.
-¡Son puras pelotudeces! –exclamó Thobi, su cara se desfiguró por completo.
-¿Qué… tienes miedo? –increpó Alexandra.
-Yo no le temo a ningún incesto interestelar –replicó Pysklo.
Alexandra sonrió y miró al teniente Pysklo con ojos brillantes y coquetos.
-Claro que no tengo miedo chica ¡Eh! –Respondió Thobi –, solo que en la tierra esos bichos son del porte de una nuez, y no de casi cuatro metro de alto, como dicen…
-¡Silencio! –Interrumpió Corina –, en formación soldados, ¡Atención!  Que el Capitán y el Teniente al mando harán ingreso al cubículo
Alexandra y Thobi, se rieron nerviosos. El Capitán Jules y el Teniente Frederick ingresaron al comedor principal del Navoc 67  con aire de solemnidad, Salek el Piloto androide esperó detrás de ellos cabizbajo.  
-Estimados –dijo Frederick –, como ya se les han informado, estamos a punto de aterrizar en el planeta Orcus; lugar donde supuestamente habitan unos extraños seres arácnidos del cual no tenemos más información que “el nombre”, los llaman “Ebrovs”  y vaya uno a saber quién puto imbécil le puso ese nombre tan creativo –los soldados rieron en sus puestos –, pero bueno, nuestro trabajo es obedecer las órdenes de la Federación; y, para eso estamos aquí, así que les pido que mantengan sus puestos de mando, y obedezcan las órdenes del Capitán.
-Eso no es del todo cierto, señor –interrumpió Salek.
-¿Qué dice? Androide –increpó Jules, sus hombros se levantaron en señal de duda.
-Es el monitoreo de los sensores señor, han finalizado, y arrojó la existencia de múltiples seres en el interior de Orcus
-¿Múltiples? –Jules arrugó su viejo rostro – ¿Tiene algún número soldado?
El androide miraba con atención los datos que le arrojaba el visor.
-Sí, hasta el momento son 1699 especies señor, pero no hay  información acabada de su morfología o nivel de hostilidad.
-¡Por mi santa madre! –Exclamó Jules –, que cantidad de insectos. Estos es un planeta de plagas, maldita la hora de aceptar esta misión. Si los científicos de la Federación quieren experimentar con nuevas razas de bichos extraterrestres, deberían estar ellos aquí y no nosotros por supuesto; esos sucios burócratas no quieres hacer el trabajo pesado.
Un silencio espeluznante se apoderó del comedor principal del Navoc 67 por un momento.
-Pero bueno, somos soldados señores y para esto nos pagan… ¡muy bien! –motivó el Capitán a su tripulación –, haremos dos batallones de exploración: el primero estará Alexandra, Pysklo y Salek, señor Pysklo usted guiara a sus compañeros por esos sucios túneles;  y en  el segundo grupo estará Corina, Frederick y Thobi, Teniente Frederick usted guiara a ambos escuadrones, acuérdese,  que de usted depende la vida de mis soldados, tráigalos a salvo o lo relevo del mando…, yo monitorearé desde el Navoc 67, y les haré llegar la información que arroje la operadora. ¡ENTENDIDO!
-¡Si señor! –dijo la tripulación al mismo tiempo.
-No los oí soldados.
-¡Cristalinos como el agua, Capitán! –susurró Salek, y una misteriosa mirada de soslayo se desvaneció en sus ojos.

III

Las Instrucciones

-¿Usaremos los transportadores señor? –preguntó por el monitor Alexandra, mientras sostenía firmemente el M211[2].
Pysklo rio irónicamente como diciendo: “Ya habló la bonita y tonta esta”
-Sí –respondió Jules de la central Navoc 67 –, podrán utilizar ambos el Org-x[3] y el Deslizador-k[4],  el primer grupo se deslizara por la superficie del planeta hasta el sector J, ahí está la entrada del túnel que supuestamente va a parar a donde se encuentran los Ebrovs; Salek tiene el verificador de datos de los insectos, solo guarden muestras básicas de las especies, y si se ponen hostiles solo tiren a matar, cuando tengamos muestras suficientes nos iremos de este horrible planeta. El segundo grupo esperará en el sector H, ahí entregaré nuevas instrucciones hasta que hayamos entrado por el túnel, ¿Quedó claro?
-No me gusta la idea de esperar señor, quizás sea  mejor entrar todos juntos –protestó Corina.
-Teniente, necesito corroborar la seguridad de la entrada, por mientras deberá esperar mis órdenes, y no hay más que decir –insistió Jules.
Una pequeña interferencia seseo por el monitor.
-Debemos Partir –dijo Salek –, ¡Vamos! Mientras más rápido mejor subamos a los Trasportadores.     



IV

El Ataque de los Dibrovs


-Bueno ya estamos aquí y debo decir que jamás en mi vida he visto un túnel tan horripilante como este –Alegó Thobi –, menos mal que no iré en el primer grupo.
-¡Claro que no! Los cobardes van en el grupo de rescate –gruñó Alexandra.
-¡Basta! –Ordenó Frederick –, es mejor que hagamos lo que señaló Salek, prendan todos los monitores y preparen sus M211, este Org-x es uno de los mejores que he visto, y que mejor que un androide para pilotarlo, solo entren ahí y esperan instrucciones.
Los soldados obedecieron  la instrucción.
-Con todo respeto Teniente, pero usted no sufre claustrofobia como yo –espetó Pysklo –, además odio los insectos, si ni siquiera soporto los de la tierra. Bueno cuando habían los suficientes para odiar. Ahora sé que muchos están extintos.
El cielo estaba rojizo y azulado, unos satélites necróticos se asomaban entre estrellas y asteroides que trinaban como pájaros asustados. El túnel del sector J, era de una altura importante, de unos 7 metros, aproximadamente, y tenía un aspecto rocoso y quebradizo con leves relieves ondulares, como árboles milenarios fosilizados.
Los soldados miraban con impresión el pasadizo subterráneo.
-Hasta el momento señor, el Org-x se ha comportado esplendido. Cambio –dijo Thobi a Jules por el fonovisor.
-¡Muy bien! Soldado.
-Salek, ¿habrá alguna señal de insectos, por el dispositivo holográfico? –consultó el Capitán del Navoc One. Pues nos ha llegado información de la central Tierra.
-No señor. Nada hasta el momento.
-De las 1699 especies que supuestamente viven en el subterráneo Orqueano en los sectores J y H se han descifrado dos especies: “Dibrovs y Trovos”  los primeros están a cargo de los cultivos lepidópteros; y los segundos al parecer salen de los huevos.
-¿Huevos? Señor. Escuché bien –repitió Pysklo – ¿Qué clase de huevos?
-Huevos de artrópodos. Soldado.
- ¡Que me lleve el demonio! ¿Quieren que exploremos cultivos se huevos extraterrestres?
-Tranquilo –terció Alexandra –, estamos próximos a la entrada del corredor de los artrópodos, mejor guardemos silencio.
Una intensa neblina gris comenzó a esparcirse por el corredor.
-Señor,  el Org-x nos indica que la visibilidad está descendiendo –dijo Alexandra y dejó la manilla del trasportador.
-Desacelere –indicó Salek –, el dispositivo holográfico está parpadeando.
-¿Debemos bajar? No logro ver nada desde el Org-x –agregó Pysklo.
-Ok, bajemos. Comando central del Navoc 67, Capitán Jules, solicito autorización para descender al corredor de los artrópodos, hemos perdido visibilidad en el Org-x. Cambio –preguntó Salek por el fonovisor. 
Un sonido de interferencia retumbó en su oído.
-¡Hola! ¿Alguien me escucha? Cambio. Creo que hemos perdido la señal, ya debemos estar a unos 20 metros de profundidad, es probable que suceda esto. –Insistió el androide con las cejas fruncidas.
Alexandra lo miró con desconfianza.
-Prendan el gatillo de los M211. Bajaremos –ordenó Salek.
-¡Que fascinante armamento! –susurró Pysklo –, tiene un cañón desmontable, con visión nocturna incluida, lanzallamas y patas de soporte…, sin agregar que estamos equipados con cuchillos laser y granadas desintegradoras de partículas –Pysklo sonrió sádicamente –. Estamos listos para matar arácnidos.
-Veo que te tomas muy enserio la misión –señalo Alexandra con desagrado –, apuesto que con tantas armas no eres capaz de proteger a una mujer.
-¡Por ti cariño! Haría lo que sea… –coqueteó Pysklo.
-¡¿Lo que sea?¡ pues cómete una horrible babosa don Juan.
Pysklo se sonrojó, luego todos rieron.
¡Chissst! ¡Chsss! Silencio. ¿Oyeron eso…? –dijo Alexandra asustada.
-Salek ¿Qué indica el dispositivo holográfico?
-No lo sé, es extraño, esta oscuro. Este aparato no funciona
-Es como el sonido de estampida, o algo así –espetó con molestia y miedo Pysklo.
Una turba de insectos se esparció rápidamente por las paredes del corredor, ciento de patitas viscosas y peludas se deslizaban como cangrejos en la arena; se adherían a los filamentos de las raíces de la tierra, y en las paredes del húmedo túnel tejían horrendo capullos con su boca  venenosa.
-¿Qué diablos son estas cosas? –dijo Alexandra y dio una mueca de asco.
-creo que son los “Dibrovs” –respondió el androide compungido –, el dispositivo holográfico no los capto, pues creo que tienen una especie de escudo en su caparazón que impide rastrearlos, son muy rápidos e inteligentes ¡Tengan precaución!
Un Dibrovs se acercó a gran velocidad a los pies de Pysklo.
-¡Cuidado soldado! –vociferó escandalizada y nerviosa Alexandra.
El soldado dejó caer una  ráfaga de balines sobre el insecto.
-¡Estas muerta, maldita cucaracha! –exclamó Pysklo, luego escupió sobre el insecto.
El arácnido aún se quejaba en el suelo, permaneció un segundo inquieto: como haciéndose el muerto talvez, mientras Pysklo le gritaba con rabia, pero…esta largó un gargajo en la cara de Pysklo y luego dio un quejido largo de muerte.
-¡Ahhh!  ¡Aghgggggh! –gritó de dolor el soldado, el ácido venenoso del Dibrovs le quemaba la mitad del rostro.
-¡Dios Santo! ¡Ayuda! –desesperó Alexandra –, Señor, nos están rodeando (Señaló por el fonovisor) son muchos, veo que están adheridos a las paredes, hacen unos capullos, están tramando algo, ¡lo sé! Señor mande al segundo escuadrón no sabemos el nivel de hostilidad de estas cosas. Cambio.
-Salek llévelos al Org-x –ordenó Jules –, espere instrucciones, si los insectos quisieran matarlos ya lo habrían hecho…creo que preparan una emboscada.
Alexandra tomó a Pysklo del brazo y lo arrastró hacia el trasportador. Salek cubría a los soldados con su M211, mientras cientos de horripilantes ojos carnosos observaban como retrocedían poco a poco.
Un Dibrovs escaló ligeramente por la pared y se lanzó con sus patas abiertas hacia el rostro del androide. Salek dio un certero disparó en la cabeza del insecto, mientras caía por el aire.
-¡Vamos! ¡Muévase soldado! Los insectos ya nos agarraron ganas.
-¡Siga cubriendo! ¡Tranquilo Pysklo, estarás bien! –dijo Alexandra. El soldado sollozaba de dolor.
Finalmente llegaron al trasportador y cerraron la puerta rápidamente. Los Dibrovs se quedaron intactos, como si estuvieran esperando algo; sus ojos rojos resplandecían en la sucia oscuridad del corredor, asechaban y gemían como si fueran murciélagos sedientos de sangre.
-¿Cuántos son? –preguntó Alexandra mientras vendaba la  cara de Pysklo.
-No lo sé, quizás sean miles –respondió afligido el androide.
-debes pedir ayuda –insistió Alexandra –, no podremos aguantar mucho tiempo, si nos atacan, estamos perdidos.
-¡Atención! ¡Atención! –chilló frenéticamente Salek –, central, comuníqueme con el Navoc 67, los Dibrovs nos acechan. Cambio 
-¿Es usted? –dijo Frederick – ¿el androide…? le copio (ruido de interferencia) ¡Repita! Cambio.
-Necesitamos ayuda, una horda de insecto Dibrovs nos ha rodeado, estamos en la entrada del corredor de artrópodos, lanzan una especie de ácido corrosivo…, no tenemos mucho tiempo, de la orden.
-¡Entendido! ¡Vamos para allá! Cambio y fuera.
Un sonido terrorífico y punzante aguzó los oídos de los soldados. Los Dibrovs se deslizaron ligeramente hacia el Trasportador Org-x, y lo cubrieron totalmente.
-Ya están aquí –dijo Alexandra con su mirada pérdida en los ojos del androide.
Salek tomó el M211 y activo el lanzallamas.
-No dejaré que esto termine así, si quieren nuestra sangre, tendrán que venir por ella.
Alexandra dio un alarido de espanto.
¡Ssssh! ¡Ssssh! ¡Ssssh!
-¿Qué es eso?
-No lo sé, creo que están arriba del trasportador ¡Madre mía!
-¿Qué?
-Están tejiendo un capullo sobre nosotros.
-¡Salek! ¡Has algo! Por el amor de Dios.
-No puedo, si activo el lanzallamas, moriremos fritos aquí dentro.
¡Ssssh! ¡Ssssh! ¡Ssssh!
-¿Quizás podamos mover el Trasportador?
Salek maniobro las palancas.
-¡Es inútil! Nos tienen paralizados.
-Pysklo ¡despierta! –gritó Alexandra en el oído del soldado desesperadamente.
-Está muerto.
-¿Qué? ¿Cómo pudo suceder? Te estas volviendo loco.
El androide se acercó al cuerpo de Pysklo y lo palpó.
-No tiene pulso, no está respirando, mis sensores indican que su función cerebral dejo de trabajar. –dijo fríamente Salek.
Alexandra se tiró encima del cuerpo y se largó en llantos.
-¡Voy a morir aquí! –sollozó
¡Ssssh! ¡Ssssh! ¡Ssssh!
-¡Que malditos! Están intentando entrar –exclamó Salek.
El ventanal del trasportador se trizó en un instante y comenzó a churrascarse. Los hilos de cientos de artrópodos presionaban el trasportador, de afuera hacia dentro. Su tejido parecía tener una fuerza extraordinaria. Los Dibrovs lanzaron escupitajos de ácido por los hilos que lentamente se adhirió a las sólidas paredes de acero. El vehículo comenzó a deshacerse.
Una gota de ácido se deslizaba por el techo del Org-x.
-Salek. ¿Aun tienes la granada?
-Si todo sale mal, prométeme que la activaras –dijo Alexandra y un aliento de congoja suspiró en sus finos labios.
Las gotas de ácidos se multiplicaron. Muchas caían en el rostro de Salek pero este no experimentaba dolor. De pronto, sin aviso, el cuerpo de Pysklo convulsionó como un epiléptico y su cuerpo vibro por el suelo con una violencia impresionante. Una espuma verdosa salió de su boca.
-¡Dios Mío! Pysklo ¿Qué te está pasando? –gritó la joven muchacha mientras el cuerpo del soldado chocaba por todos lados.
-¡Aléjate! –vociferó Pysklo medio muerto, o lo que quedaba de Pysklo.
Abrió su boca y mordió a la joven en la yugular. Salek se quedó estupefacto viendo como Alexandra se desangraba en el suelo. Su mirada parecía inmóvil y su rostro sin vida. Lanzó la granada, pero el ácido corrosivo de los Dibrovs la deshizo en el suelo. Los cuerpos de los soldados yacían en el suelo deshaciéndose como mantequilla derretida. Salek cayó  estrepitosamente como un robot y comenzó arrastrarse hacia al M211, sin éxito. Los Dibrovs entraron en masa al trasportador y escupieron gargajos por doquier; sus ventosas patas esculpían hilos de ácido en los cuerpos derretidos y sus ojos parecían hinchados de sangre; un artrópodo se deslizó hacia el cuerpo roído del androide y se lanzó en su rostro. Una línea azul en el monitor y un parpadeo que decía: ¡desconexión! Fue lo último que vio el androide, mientras el “¡Ssssh! ¡Ssssh! ¡Ssssh!” continuaba asediando.


V

 El Cultivo Lepidóptero

-¡Reporte! ¡reporte! ¿Quién está allí? Que alguien conteste por favor. Cambio –insistió Jules desde el Navoc 67 –, ¡ese maldito androide! Sabía que no debía dejarlo a cargo del primer escuadrón, siempre fallan o tienen interferencias, después de todo, solo son máquinas –refunfuñó el Capitán.
-¡Atención! Frederick ¿me copia? Le hablo del Navoc Soldado.
-Si Capitán. Cambio (Sonido de interferencia)
-¿Ha tenido noticias de Salek y los demás?
-Nos dirigimos al corredor de los artrópodos, una horda de Dibrovs han atacado el trasportador Org-x, es lo último que recibimos señor; somos los refuerzos…, pero hemos perdido comunicación con Salek, Alexandra y Pysklo.
-¡Esta bien! Escuche Teniente…, diríjase al sector J, cuando tome el mando del primer grupo debe ir al sector H. esos malditos Ebrovs aparecerán en cualquier momento, cuando tenga las muestras devuélvase lo más pronto, una tormenta se acerca y Orcus ya me está fastidiando, ¿entendió soldado?
-Cristalino señor.
-Yo trasladaré el Navoc 67 a la entrada del sector H y esperaré por ustedes. Cambio y fuera.
-Está nervioso ¿no crees? –dijo Corina, su cabello rubio rosó levemente sus labios delgados.
-Lo sé, no me extrañaría que el Capitán Jules quiera escapar lo más rápido de Orcus, después de todo, estamos haciendo el trabajo sucio ¡no! –señaló Frederick y enarcó las cejas mientras maniobraba los controles de Org-x–, debido a que no tenemos comunicación con Salek y los demás, debemos estar preparados para cualquier cosa.
-¿Insinúas que están muertos? –Se cuestionó Thobi y su voz temblorosa vibro con miedo.
-En estas circunstancias mi amigo, me doy un 50/50, es un túnel infectado de arácnidos y al parecer son muy astutos. –dijo el teniente en un aire de desolación.
-Pero…existe nueva información de estos artrópodos, si nuestros compañeros fueron atacados por una horda de Dibrovs, entonces…aún no se han topado con los despreciables Ebrovs. Salek tenía información de los arácnidos ¿será posible monitorear su computadora portátil, y rescatar la información? –razonó Corina.
-Es una buena idea –agregó Thobi, ocultó sus manos temblorosas para que sus compañeros no notaren el horror que le causaba viajar entre la humedad y oscuridad del corredor –,  hay un monitor de campo magnético en la parte de atrás del Org-x, lo activaré a ver si encuentro alguna señal.
-¡Esta bien! Yo te ayudo –dijo Corina mientras se levantaba de la butaca.
Frederick asintió con la cabeza.
Una luz violácea parpadeó varias veces, seguida de una alarma de alerta.
-¿Qué es eso? –preguntó Corina.
-No lo sé, es el sensor de movimiento automático, el Org-x viene equipado con sensores inteligentes. –bramó el Teniente.
El trasportador se detuvo, y la luz dejó de parpadear.
-¿Y ahora qué? –desesperó Thobi.
-Nos detuvimos…, creo que algo está frente de nosotros y no deja que el Org-x avance, quizás nos hemos topado con piedras o relieves internas, o quién sabe qué diablos puede haber allá fuera. –dijo el Teniente mientras se paraba de su butaca –, tendremos que salir…
-¡Salir! –repitió Thobi –, con todo respeto señor, pero usted está loco o que… se olvida acaso que estamos en una zona roja del sector H, en teoría estos corredores están infectados de seres artrópodos que desconocemos, tal como este maldito planeta que importa un carajo. Opino que debemos volver de inmediato al Navoc 67 y contactar de ahí a nuestros amigos.
-¡Esta demente o que soldado! –Dijo Frederick en tono enfurecido –, sin mediar que aquí las ordenes las doy yo, existe un llamado de auxilio del primer escuadrón, que no puedo ignorar. Está bien ¡Sí! Perdimos la señal, se lo concedo Thobi… pero ellos están allá y pueden estar en peligro…, debemos salir  a investigar quitar aquello que estorba el avance del Org-x ¡Entendido! 
-¿Qué dice usted Corina, vale la pena arriesgar nuestras vida? –preguntó Thobi buscando complicidad –, es muy probable que el escuadrón este muerto y aún tenemos tiempo de volver.
-Sé que esto es un suicidio –dijo la soldado –, pero no podemos dejarlos allí… además el Capitán Jules ordenó que…
-¡Al diablo Jules! –Gritó con violencia Thobi –, el maldito está sentado en su butaca mientras nosotros arriesgamos nuestras vidas.
-No sé cómo te uniste a la infantería espacial si eres un completo cobarde –dijo Frederick furioso.
Thobi respondió con un golpe en las costillas, el teniente perdió el aire por un momento y luego se recuperó.
-¡Basta! –dijo corina separando a los soldados; y sus ojos azules se abrieron grandes y redondos como plato. –Hagamos esto pronto, ¡Entendido!
Un silencio incomodo sugirió obediencia.
Los soldados se equiparon con M211, y bajaron del Org-x; la humedad era tan intensa que traspasaba el traje galáctico de los soldados, el corredor estaba levemente iluminado por una luz rojiza que extrañamente iluminaba hacia el cielo del pasadizo, como si fuera una especie de gas toxico.
De pronto la nube bajó y dificultó la visibilidad de los soldados.
-¡Teniente! Debemos volver –se alarmó Thobi con un nervio que palideció su rostro.
-¡Cállese! No quiero oír más a un cobarde, esto lo sabrá Jules –gruñó Frederick
-¡Tranquilidad! Venditos partisanos, por favor, ya tengo suficiente con este maldito gas y la verdad es que estoy aterrada –advirtió Corina.
Los soldados avanzaban atentamente con el cañón dispuesto a disparar.
 ¡Ssssh! ¡Ssssh! ¡Ssssh!
-¿Han oído eso? –sollozó Corina.
-Sí, lo oí –señaló Thobi –. Viene de por allí, detrás de esos árboles fosilizados
-¡Avancen! Y tengan precaución –terció Frederick –, miren bien donde pisan y en silencio.
Los soldados avanzaron entre el gas rojizo que poco a poco descendió hasta convertirse en una niebla azulada y espesa, luego, la niebla se fue disipando hasta adquirir una tonalidad luminiscente, hasta dejar a la vista cientos de naves medianas en forma de diamante, estaban todas debidamente ordenadas como si se prepararan para una invasión. Los soldados se escondieron detrás de los árboles de piedras y vieron a millares de Ebrovs incubando gélidos huevos Trovos. Los soldados estaban impactados por la escena macabra y espeluznante, los huevos se abrían poco a poco dejando emitir un gas nauseabundo y asqueroso; de pronto, de la parte superior del enjambre se deslizaron cientos de artrópodos Dibrovs que rodearon los huevos, escupían acido corrosivo para abrirse camino en la infecciosa tierra, unas extrañas lombrices parasitarias intentaban deslizarse por el nuevo esperando alimentarse de su contenido; pero los Dibrovs las detenían a gargajos y luego les lanzaban hilos arácnidos para convertirlos en capullos. Un huevo artrópodo se abrió y en su interior un pequeño Ebrovs estaba a punto de nacer, el Trovo chillaba como chivo endemoniado, y sus ojos rojos de sangre tenían una mirada depredadora y diabólica.
-¡Cielo santo! –Dijo Corina –, y su corazón comenzó a latir rápidamente, su cara palideció y no lograba controlar el terror de la escena que estaba delante de sus ojos.
-¡Este maldito planeta está infectado! –replicó Thobi–, están cultivando monstros y se están preparando para no sé qué diablos hacer…
-¡Tal vez para una invasión! O solamente son unos insectos abominables que solo quieren destruir –dijo Frederick en un falso estado de tranquilidad.
Los Ebrovs se deslizaban hacia las naves y subían en fila, tal cual lo haría un grupo de soldados preparando una excursión, y despegaban por un conducto que se extendía hasta la superficie del planeta, las naves se eyectaban con una extraña onda electromagnética que se alimentaba de luz solar que entraba  por el conducto.
-Debemos avisar al Capitán. Está esperando en la superficie –advirtió Thobi –, si los Ebrovs se deslizan por ese conducto habrán de hallar la Navoc 67.
Frederick tomó el fonovisor e intentó comunicarse sin éxito.
-Es imposible –dijo frustrado el Teniente –, deben tener barreras electromagnéticas por todo el enjambre, es por ellos que perdimos comunicación con Salek.
Corina estornudo intempestivamente…, un grupo de Dibrovs se detuvo y olfateó al aire, como si oliera a Corina.
-¡Silencio! –Frederick tomó por la boca a la chica, y la atrajo hacia su tórax.
¡Ssssh! ¡Ssssh! ¡Ssssh!
Una tropa de Dibrovs se acercó en medio del cultivo lepidóptero y arrastraban un gran capullo.
-¡Miren! ¿Qué rayos es eso? –Thobi apuntó con el M211
Corina abrió sus ojos asustada.
-No lo sé –agregó Frederick.
Los Dibrovs rodearon el capullo como hormigas hambrientas. Pero un Ebrovs llego de improviso y las espantó, tomó a una de ellas con sus patas delanteras y la introdujo en su abdomen dentado infectado de huevos, solo para demostrar su jerarquía. El Dibrovs se derritió en su abdomen con los fluidos ácidos del monstro mientras chillaba. Los demás arácnidos huyeron ocultándose detrás de las rocas. El Ebrovs lanzó un gargajo de su pieza bucal, que deshizo el capullo en un instante, en su interior estaba el Org-x  del primer escuadrón; el arácnido se enganchó con sus patas traseras del Trasportador presionándolo con gran fuerza hasta que lo partió en dos como cascara de huevo. El Ebrovs encontró los cuerpos de los soldados semi derretidos y los jaló hacia su abdomen dentado.
-¡Son ellos! –vociferó en llanto Corina –, ¡Malditos! Que Dios los guarde.
Frederick y Thobi observaban con horror como el alienígena arácnido engullía los cuerpos de sus compañeros.
Un “¡Craaac!” tronó desde el abdomen del Ebrovs, triturando los huesos de los que fue Pysklo alguna vez, luego tomó el cuerpo de Alexandra que lucía totalmente desfigurado; un nuevo “¡Craaac!” se escuchó, pero esta vez un gran chorro de líquido se desparramo del cuerpo de la joven, dejando el exoesqueleto del arácnido embadurnado de sangre y de otros fluidos, algo blanco, que Frederick supuso que eran restos óseos comprimidos; y algo grisáceo y harinoso, que Thobi concluyó que eran parte del cerebro…, de pronto un grito de horror se escuchó desde el trasportador:
- ¡Aghgggggh! ¡Maaalditooo! –se escuchó un grito alarmante y aterrador. 
Era el torso de Salek, que aún se encontraba en funcionamiento. Se arrastraba sobre el podrido piso infectado de larvas que salían por sus ojos.
-¡Eso es todo lo que tienes! ¡Maldito!...ven aquí y acábame de una vez… –Gritó el androide mientras los cables y circuitos se enredaban en su cuello.
El Ebrovs lo jaló con su mandíbula, Salek pareció sonreírle, y le escupió un gargajo que terminó por derretirle su deformada cabeza.
Corina sudaba como si estuviera en un horno a punto de ser cocinada, su corazón estallaba en su pecho con cada grito de horror y cada gota de sangre. Frederick intentaba calmarla pero los nervios lo habían paralizado.
-¡Nos van a matar! ¡Matar! Debemos salir de aquí… ¡Dios! –suplicó Thobi.
-¡Muy bien! Solo retrocedamos de a poco…aún estamos vivos, podemos escapar –ordenó Frederick con muy pocas esperanzas, después de lo que había visto, comprendió que era una misión sin retorno.
Se deslizaron sigilosamente por las tierras podridas del cultivo lepidóptero, Thobi afirmaba con todas sus fuerzas el M211, preparado para tirar, Frederick jalaba a Corina que estaba muerta de horror
- ¡Achís! –Corina volvió a estornudar,  un Dibrovs se percató del sonido y se deslizo con sus ventosas patas galopantes hacia los soldados.
-¡Rápido! ¡Corran! –gimió Thobi –, apuntó con el M211, y dejó salir una ráfaga de proyectiles que trituró al Dibrovs. Los demás Artrópodos se alertaron.
-¡Escóndanse! –dijo Thobi –, ahí, detrás del árbol fosilizado.
Frederick corrió hacia el árbol, Thobi siguió sus pasos, pero al voltearse se encontró de frente con un grupo de Dibrovs que lo rodearon rápidamente.
¡Ssssh! ¡Ssssh! ¡Ssssh!
Los Dibrovs solo siseaban sus ojos parecían examinar el cuerpo de Thobi, como si pudieran sentir cada latido de su corazón y cada temblor de horror que expedía de los poros de su piel…, una gota de sudor calló al piso y se evaporó con la acidez infecciosa. Los Dibrovs se ocultaron raudamente detrás de las rocas…, un aire frío corrió por la espalda de Thobi, y la neblina azulada rosó su ralo cabello juvenil; y entre el gas, una pareja de Ebrovs se posaron delante del soldado tan velozmente que ni sintió las pisadas de sus latigudas patas. El soldado estaba paralizado de pánico.
-¡Padre nuestro! ¡Que estas en el cielo! Santificado sea tu nombre –rezó Thobi mientras los mostruos lo asechaban.
Un Ebrovs se lazó encima de él y le enterró sus patas sobre los brazos y piernas de Thobi, presionándolo en el suelo…, el segundo Ebrovs comenzó a incubar un huevo en el torso del soldado y a estimularlo con sus bellos abdominales, el huevo se desmembró como si fuera una planta carnívora.
-Frederick ¡Por el amor de Dios! Has algo –dijo Corina mientras los gritos de sufrimiento de Thobi se hacían insoportables al oído.
-Si le disparo a los Ebrovs, alertaran a los demás y sabrán que estamos aquí –agregó el Teniente Compungido.
-No le dispares a los Ebrovs dispárale a…
Un espeluznante insecto chilló en el huevo incubado, y comenzó a trepar por las carnes abiertas del cuerpo de Thobi. Los Ebrovs alimentaban a su cría de la forma más descabellada, un líquido blanquecino se escurría por los pequeños dientes del Trovo…, luego un disparo certero dio en la sien de Thobi, justo en el momento en que el Trovo se arrojó a succionar su rostro.
-¡Nooo! –sollozó Corina.
-Tranquila –dijo el Teniente –, debemos escapar de aquí.
Un chillido de grave y profundo alertó a los Ebrovs entre la niebla y galoparon por los túneles del enjambre. Las naves en forma de diamante se movían con gran rapidez en los húmedos recovecos.
-¡Vamos! Debemos escapar… aún podemos alcanzar al Org-x –espetó Frederick.
Corina y el Teniente corrieron atravesando el cultivo lepidóptero, esquivando los huevos incubados, algunos Trovos pisaban sus pasos mientras chillaban como caninos rabiosos…, Corina volteó y dio una ráfaga de proyectil abatiendo algunos Trovos…
-¡Espera! Frederick, aún podemos hacer algo –razonó Corina–, tengo una granada nuclear… ¡Friamos a estos malditos!
Los soldados llegaron al Org-x
-Actívala y lánzala, ¡Que se pudra este planeta!
La granada se enterró en el suelo tiñoso y comenzó el conteo de activación. El Org-x se deslizó a gran velocidad por el corredor principal. 
-30 segundos, 29, 28, 27…, llamé al fonovisor ¡avísele a Jules! Los Ebrovs van hacia la superficie –dijo Corina –…, 26, 25, 24…
-¡Atención Capitán! ¿Me copia? Cambio…, 23, 22, 21…  ¡Ataque inminente! Repito ¡Ataque inminente! Los Ebrovs se dirigen a la superficie del planeta Orcus –vociferó Frederick.
-¡Me atacan! Son muchos ¡Huyan de aquí! –dijo Jules Lacroix en tono de despedida.
-¡Dios! Estamos solos, realmente estamos solos…, siempre pensé que moriría en una expedición, pero no esta manera –Corina movió su cabeza en señal de desamparo –, 20, 19, 18…, aún nos queda el Navoc One…, 17, 16, 15… si tan solo pudiéramos llegar a salvo a la superficie.
-¡Lo lograremos! –dijo Frederick –, tan solo ten fe, por ti y por…y por… –el Teniente carraspeó como si estuviera atragantado, calló al suelo convulsionando…, 14, 13, 12…
-¡Frederick! ¿Qué te pasa? –el Teniente agonizaba y sus ojos se tiñeron de sangre –…11, 10, 09… responde por el amor de dios.
¡Ssssh! ¡Ssssh! ¡Ssssh!
Una neblina azulada se deslizo por los pies de Corina…, 08, 07, 06…
-¡No puede ser posible! –los ojos de Corina se llenaron de lágrimas.
Un trovo la observaba desde del fondo del trasportado. Chillaba y emitía un sonido que simulaba una risa sarcástica…, 05, 04, 03…
Frederick, o lo que quedaba de él, mordió el tobillo de Corina, arrancándole de cuajo un pedazo de tendón y se lo trago sediento de carne.
Corina calló abatida e intentó arrastrarse desesperada hacia el M211, lo cogió y apuntó directo al Trovo… – “¡Te veré en el infierno!” –gritó llena de rabia… 02, 01, 00…  y cerró los ojos…

          
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[1] Pieza bocal de los artrópodos
[2] Ametralladora moderna utilizada en las expediciones científicas
[3] Transporte especializado en expediciones planetarias intraterrestres.

[4] Transporte especializado en expediciones planetarias en la superficie planetaria.