lunes, 12 de febrero de 2018

VOCES LEJANAS (Zabulón)






¡Ding! ¡Dong! Sonaron las campanas del lujoso Penthause del Edificio 68 en la Av. Libertad y Vuelo (curioso nombre) toqué solo dos veces la puerta, pues, la verdad, es que era una de esas noches que en realidad me sentía cansado y sin ganas de nada; pero, la curiosidad de asistir a este tipo de fiestas, que comentaron en el edificio, me gano el sueño. Aunque ya había pasado muchas semanas en que escuchaba estas “voces” de aquí arriba, y era hora de averiguar de dónde provenían.
- ¡Hola! –dijo una joven rubia y alta, de uno 25 años. Llevaba un escote provocativo que insinuaba desnudes –, ¡ven! Adelante, toma lo que quieras. Me dijo. <<¡lo que quieras!>> pensé de inmediato, y no pude evitar una imagen sexual en mi cabeza, con la sensación de caer al abismo del deseo. –estas en tu casa, cualquier cosa mi nombre es Luz.
Medité en “Luz”, pero algo me incomodó, ¿quizás su pelo brillante como un sol o la luz del anochecer? En realidad, no lo sé, pero sentía que su nombre no encajaba con la realidad del Penthause.  
- ¿Qué trago tomas?
-Vodka –le respondí–, con dos hielos y zumo de naranja. 
Se puso detrás del bar, y observé sus manos tomando la botella de Vodka…, luego agarró un vaso, luego tomó dos hielos delicadamente con la punta de sus uñas rosas – ¡clac! ¡clac! –, sonaron los hielos al caer en el vaso, y fue como una poesía auditiva que vibraba dentro de mí y me puso los pelos de punta en un instante.
-Habíamos escuchado de ti – dijo mientras vertía el zumo en el vaso. –Tú eres el chico del Departamento 306 ¿verdad? ¡el chico gruñón!–. Y me apuntó con su delicado índice. No pude recordar si la había visto alguna vez en el edificio: <<¡Esta chica! ¿Quién es…?>>
-¿El chico gruñón? ¿Yo? – respondí, y recordé haber alegado dos veces por ruidos molestos al conserje–. Oh, suena como si fuera el ogro del edificio, pues ese niño gruñón tiene nombre, soy Marcel  
- ¡Toma, Marcel! –me dijo Luz con su voz dulce, y por un segundo pensé hasta erótica –, ¡aquí está tu trago! Espero te guste, no soy experta en esto de…, de servir.
-No lo haces nada de mal –respondí.
Ella me miró fijamente, con unos ojos de gata egipcia; pero más que sensuales, eran unos ojos interrogadores, como si estuviera viendo dentro de mí; y a la inversa, yo viendo dentro de ella, y todo pareció detenerse; en un lapsus…vi que sus ojos se desenfocaron y su pupila dibujó una línea vertical dando un estímulo animalesco –es un gato, me dije, ¡no! ¡qué diablos! Es un…, un… –. El efecto duró menos de un segundo, pero lo vi, o por lo menos creí verlo.
- ¡Hey! – me dijo –, ¿Qué haces…?
- ¡Los siento! Es que me pareció por un momento que tus ojos se…, se…, Oh nada, olvídalo, son imaginaciones mías o debo estar loco o el Vodka me está haciendo efecto. 
- ¡Eres un chico raro! ¡Eh! –balbuceó mientras tomaba un sorbo de Vodka –, y dime…, ¿Qué te parece el Penthause?
Ella abrió sus manos como Jesucristo ascendiendo a los cielos y gesticuló con su bello rostro una mueca que decía: <<! Maravilloso ¿no? ¡Dime que es hermoso maldito bastardo! >>, y yo respondí: <<Beautiful>>, en una palabra, sin voz. La destreza fina de las construcciones de mármol, las pinturas del Barroco y Grecia, las estatuas y los bustos de Emperadores Romanos…, ninguna cosa de aquellas enfocaba mi atención, salvo el color guinda-sangre de los labios de Luz, muy bien definidos y que eclipsaban con el hielo del vaso mientras bebía su vodka; ¡Oh, Dios! Es realmente hermosa –pensé un instante–, o más bien, diabólicamente hermosa…, mi cabeza daba vuelta, pero aun así…, sentía que Luz no encajaba en este espacio-tiempo, ni en el Penthause.
- ¿Y? ¿Qué opinas de la fiesta? ¿te gustan las fiestas…, supongo? –esbozó una sonrisa que me dejó más hipnotizado de lo que estaba. Y sentí que ya no había tanto entusiasmo con mi presencia.
La verdad es que estaba tan abstraído en un mundo p-p-paralelo, que ni siquiera me percaté que estaba entre el jet-set del edificio: tipos altos con trajes elegantes, mujeres esculturales, y un enano de mozo (sí un enano, ¿Qué cosa más rara? ¡no?) me ofreció un canapé y luego se fue, y cuando lo miré tuve esa misma sensación extraña, en su pupila se dibujó una línea vertical: << ¡Atácame de nuevo! “El ojo de gato me miraba como una presa sin alma>>, y un escalofrió corrió por mi columna vertebral; pero, esta vez, ya no era la sensación extraña del principio, sino, el reflejo más exacto de la palabra MIEDO. Pero no dije nada al monstruo-enano, dejé que huyera sin preguntarle, porque me incomodaba más el hecho de que las personas conversaban en silencio y me miraban de reojo, casi como mimos en la calle, o en el paseo de un parque lleno de payasos, y de niños que huyen de los payasos; y uno de esos niños era yo.  Los ronroneos del averno –pensé–, y me hablan en forma de guasones y gatos, en un romanticismo que solo puedo entender en este mundo p-p-paralelo.  
-Te voy a ser sincero. –Le dije–, la verdad es que nunca he estado en una fiesta de alta alcurnia, ni siquiera recuerdo cuando fue la ultima vez que estuve en una fiesta de clase. Soy un tipo frágil y doméstico, de gustos simples, no me vanaglorio con el mundo y estupideces.
- ¡Guau! – dijo ella sorprendida –, al fin sacas el habla, te presentaré alguien que te puede interesar.
Justo cuando dijo eso; en el mismo instante en que sus labios guinda-sangre se cerraron sensualmente ante mí; se detuvo todo el tiempo en mi mente; ¿de nuevo…? no podía entender nada de este m-m-mundo p-p-paralelo que ya estaba afectando oníricamente mi cerebro, o alguna parte de él, o aquello más el Vodka (las alternativas eran varias, ninguna concluyente) y el hielo, y el zumo, los labios, Luz, el escote, yo…, todo era confuso…, y luego la imagen de mi cuerpo agusanado completamente, ¿Qué demonios esta pasando…? ¿Demonios? –Cuestioné ensueño –, los gusanos salían de mi cuerpo, y volvían a entrar por unos poros elásticos que formaban agujeros, intenté atrapar uno por mi codo…, era largo como de 40 centímetros; lo jalé, pero se me resbaló y volvió por los poros, a navegar por los intestinos de mi cuerpo y desembocar en las arcadas mentales que estaba sintiendo.                             - ¿Quién es? – pregunté ensueño
-Un amigo de otro tiempo… –dijo Luz– el que viene del pozo oscuro, el dueño del Penthause, y nos deleitará-á-á
Á-á-á… escuché la última letra de la palabra que dijo la mujer sensual; a lo lejos y en caída, y mi vista era borrosa y aguada. Una extraña niebla azul descendió por todo el Penthause desde el techo y electrificó a los invitados…, y, en el medio del salón, vi una alfombra de pétalos de rosa, y la silueta de un hombre alto y robusto, que venía hacia mí, o soñé que lo hacía. No hizo nada (al menos por el momento), pero gesticuló una palabra que parecía una orden, y los asistentes hicieron un círculo que rodeó mí cuerpo, y chismotearon en risas frenticas: << ¡Craje-ja-je!>> mientras yo estaba al medio sin entender nada. Luego comenzaron a desnudarse, la ropa ajustada al cuerpo de los invitados pertenecía al espacio actual de mi m-m-mundo p-p-paralelo; pero cuando la dejaban caer al suelo había: bastones, sombreros, relojes, vestidos, sombrillas, etc. Eran vestimenta de los años ¿40…? ¿de qué diablos me perdí? (El Diablo) –dijo mi conciencia abrumada–: de nada ¡Oh!, todo es una broma, ¡una maldita joda! –poco a poco comencé a mentirme sin reparos. O por lo menos mi mente lo hacía.  
Los invitados gemían risitas burlescas en medio de la desnudes, como si fueran parte de una pintura de óleo, y en un flash mental sus extremidades se volvían de mármol, luego, eran partes de un animal: un hombre con manos de escorpión, una mujer con patas de araña, un anciano con patas y torso de caballo <<El Centauro del pozo oscuro>> de mi m-m-mundo p-p-paralelo que no tenía sentido, de mi mente retorcida que veía cosas malditas; –¿será el vodka? No, he bebido poco…, y Luz; también, pero no me habló más, se quedó con ese loco… ¿será mi mente? ¡bingo! ¡un momento!, es el siseo “¡Ssssh!”  el silbido de la serpiente de mi oído, ¡eso es!, son las voces, las que escucho de mi departamento <<Las Voces Lejanas>>, las que no me dejan dormir en ningún momento, las dueñas de mi insomnio, y de los monstros cuando concilio el sueño–. Ahora el enano se arrastró desnudo y la mitad de su cuerpo era de oruga con diminutas patas que tintinaban en un parpadeo morboso y grotesco.
-¡HELLO! ¡DESPIERTA HUMANITO! –me dijo Luz, que ya no era Luz, sino la más perversa oscuridad del claroscuro, una especie de víbora putrefacta del deseo; estaba desnuda, y su torso escamoso brillaba pavorosamente; su cabello ya no era rubio, sino rodeado de mil gusanos como “MEDUZA”(¿Los gusanos que salían de mi cuerpo?), y sus labios guinda-sangre era un orificio ovalado con espinas puntiagudas que pulsaban, mientras inhalaba y exhalaba; abrió su boca y mostró su lengua bípeda que serpenteó en el aire con un sonido de cascabel. Aun conservaba sus senos, la pelvis, y su vagina humana…, pero el resto del cuerpo era indefinible.
 –Te presento a Zabulón –me dijo–, el dueño del Penthause. –¿Zabulón? ¿Que ya no dijo esto antes?  “Déjá Vu”, …el amigo del otro tiempo…el que viene del poso oscuro. ¡Eh! Creo que no es bueno esto…, un mal presagio y estoy en sueño.
La silueta del hombre alto y robusto se desvaneció en una sombra líquida, opaca y oscura, se deslizó como una culebra entre los invitados y las finas paredes del Penthause… –¡Oh! Recién me percate que no solo estaba al medio de la alfombra de pétalos rojos, frente a la mirada lujuriosa y diabólica de los invitados; sino, que, además, estaba desnudo y con mi piel a merced de Luz (La clara-oscura Luz de víbora), que ya no me miraba con esa cara coqueta y el hielo del vodka en sus hermosos labios, sino, con la horripilación felina y angustiosa de un demonio–. Zabulón cayó como una mancha, una gran mancha oscura y verdosa sobre los invitados y sobre mí, y sentí un regocijo en el vientre, hiriente y cálido a la vez, que me llevó a un estado letárgico inexplicable de vacío y vértigo; unas antorchas de fuego se prendieron de improviso en las cuatros esquinas  del Penthause; mis ojos brillaron, como nunca en mi vida…, y me percaté que una lagrima purpurina rodó por mi mejilla de niño, de un niño atrapado en un nido de ratas o, <<de un niño que huye de un payaso en el parque, ese niño era yo…>> la flama del fuego era hipnótica y en contraluz vi los rostros cadavéricos de los invitados del Penthause, eras los rostros de otras épocas, quizás entremezclados en tiempos distintos, de la década del 1950 hasta el 2000, sus ojos ovalados y su pupila vertical de gato me observaban como diciendo: <<!He aquí el intruso, devoremos al mal nacido¡>>, el monstruo-enano también me miró desde un extremo del salón y luego abrió su boca en una sonrisa jocosa inaudible, imaginé que era un:  << ¡craje-ja-je!.>> Luz, la víbora, se deslizo como reptil a los pies de la sombra oscura de Zabulón y le dijo: <<!Es el chico de las Voces, el de las voces lejanas¡>>, el ser amorfo no puso reparos por mi presencia, solo dio un gruñido salvaje que alerto a todos, y en su mano de sombra oscura tenía un objeto parecido a una daga, que brilló con el fuego de las antorchas, vibrando en un destello azul-eléctrico que encandiló los ojos de gato de los invitados. Yo puse el brazo para protegerme de su luminiscencia, y pude ver unos extraños símbolos en la hoja filosa de la daga:

LAS VOCES LEJANAS DEL INFIERNO

Y luego alzo la daga, como si fuera un elemento macabro de un ritual salvaje y despiadado; justo a su lado, el resto de las sombras se cobijaban como lagartos en un charco de sangre, sombras fugaces que aparecieron sin aviso desde el techo del Penthause, y se ramificaron como un virus por todo el salón, entrando por la boca y poros de la piel de los invitados con rostro felino, como si fuera el tentáculo de un calamar perdido en mi m-m-mundo p-p-paralelo que invade los cuerpos de cera sin habla de un extraño salón. Nadie exclamaba palabras excepto Zabulón, que interactuaba con las sombras en un idioma que mis oídos jamás escucharon antes…, y que espero no saber nunca en mi vida que clase de comunicación tenía Zabulón con las sombras, porque los sonidos guturales que salían de los espectros eran de aquellos que te hacen temblar hasta los huesos…, sin embargo, pienso que esta sensación de ensueño extrañamente protege mi cuerpo;  mi piel esta merced de todas estas miradas de tártaro, un camuflaje que se entrelazó en un tiempo de martirio y sin retorno…, el reloj central del salón estaba inmóvil y los huéspedes estáticos como maniquíes, solo escuchaba la voz de Zabulón, y Luz la víbora, se posó delante de mí con una velocidad que mis sentidos no pudieron percibir, pero, no sabía si sentir asco de la horripilación de sus terminaciones faciales de serpiente, o un poder de atracción que prende mi vientre como hoguera, se acercó flotando fantasmagóricamente hasta que sentí sus piernas (o más bien una cola serpenteada y escamosa entre mis piernas) que se cruzaron con las mías agarrándome fuerte hacia su cuerpo y  su pelvis, sentí que su vagina me atrapó con una suave y dolorosa pasión y generó un vaivén erótico y reconfortante que me hizo temblar de placer y de miedo: <<Zabulón nos deleitará-á-á, nos atrapará-á-á>>  era lo que repetía mi mente mientras gritaba de placer en un orgasmo macabro y constante, estaba flotando en el medio del salón bajo el yugo de Luz, la víbora, entregado a su piel escamosa y sus labios guinda-sangre que succionaban los míos, en un claroscuro que baña mi piel con su halito de reptil, y mi piel no se podía despegar de ella.  Las sombras de Zabulón nos abrazaban en un remolino de viento que giraba solemne entre las mirabas hipnóticas de los malavenidos huéspedes…, ahora sentía que ellos eran los intrusos, en cada gemido de mi boca, se cruzaban las miradas felinas intrusas y expectantes de mi deleite, y suplicaba estar en la soledad con todo el flagelo de los labios de Luz…, con todo lo que implicaba aquello. De pronto sentí que sus labios rosaban mi oído y su lengua bífida rodeó todo mi cuello hasta generar una presión en mi garganta que me ahogaba, y me enloquecía de placer a la vez, lo hizo una y otra vez hasta que mis gritos eróticos cautivaban a los huéspedes del Penthause, como si fuera un gemido que persuade e invita a una orgia de caníbales desfasados en un tiempo irreal…, y todos comenzaron a imitar mis gemidos, el monstruo-enano me observaba desde una esquina del salón, parecía feliz, pero su cara al sonreír se desfiguró como una pintura de óleo, luego imagine que me decía un: << ¡craje-ja-je!.>> a contraluz de la antorcha que me puso la carne de gallina (…)
- ¡Escuchas eso? –exclamó Luz en mi oído–, son Las Voces, las voces lejanas del infierno. Y vienen por ti.
¿Vienen por mí? ¡Oh! Mi boca hizo una mueca de “O” mientras mi cuerpo flotaba por el salón, pero fue una mueca sarcástica e hipócrita conmigo mismo, o con alguna entidad que era yo, o una parte de mi alma que quería ser borrada del espacio-tiempo en mi m-m-mundo p-p-paralelo que a esta altura era un mundo compartido con seres mágicos y demoniacos que no podía comprender, pero si podía amar. Los labios guinda-sangre de Luz la víbora estaba dentro de mí…, pero no solo serpentea su lengua en mi boca, sino que literalmente la sentía dentro de mí, de mi cuerpo por completo. Su cola se fusionó con mi entrepierna y sentía su recorrido líquido por mis huesos deformes, se escabulló la serpiente culebreando por mis pies hasta mi cabeza, me abrazó los pulmones y saboreó mis intestinos, había un tentáculo entre mis costillas que me causaba dolor y risa, y hacía presión desde el interior, queriendo salir y romper mi carne, como una piñata llena de dulces de cumpleaños, con la diferencia, que aquí la piñata era “yo”, o más bien mi tórax, y los dulces eran mis pulmones e intestinos que si explotan de placer, harían un charco de sangre y carne tan dulce y cálido, que todos los huéspedes felinos lamerían mis restos como gatitos a la leche (¡Cra-je-ja-je!).  En mi mente agónica se escuchaba un grito ausente: <<Las Voces Lejanas, Nos Deleitará-á-á>> era la voz de Zabulón en el límite mental de mí m-m-mundo p-p-paralelo,  que alzaba su daga en medio del coito fantasmagórico que parte de mi cuerpo vivía…, y mi corazón comenzó a palpitar más rápido, como si fuera una pesadilla nocturna, esas pulsaciones incontrolables del sueño que te agotan poco a poco, aquí me hacían sentir poderoso: mi corazón en mi boca, bombeando la sangre espesa que quiere salir a manchar el salón…, mi sangre quiere escabullirse como las sombras de Zabulón, ¡Oh! ¡Qué poderoso me siento!, tan amado como un niño mimado…, pero, un niño mimado con sangre de cordero, con el pecado oscuro de su alma, un niño que flota entre los muertos con la cara llena de risa. Zabulón dejó caer la daga en mi pecho y mi alma se llenó de vigor, una fuerza sobrenatural se apoderó de mis huesos, o el saco de huesos que era, y sentí el deseo de volverme placer fantasmal, el silencio visual de mis pupilas ya no existía, ahora estaba en una nube de sangre fluyendo por todo el salón. Una puñalada rajó todo mi hueso y Zabulón extrajo mi corazón de cuajo, y el placer se hizo infinito…, mis ojos ya no eran parte de esta luz, ni siquiera parte del claroscuro de Luz la víbora, ya estaba por sobre su risa diabólica y sarcástica que me hacía temblar y sentir como el ¡ESTÚPIDO HUMANITO!, ahora era parte de todo y de todos los presentes (incluso era parte del monstruo-enano). Y de toda oscuridad luminiscente que evoca de las sombras eternas: <<!LIBERTAD Y VUELO¡.>> oí algún espectro vociferar esas palabras mientras explotaba la piñata de sangre.
Ya era hora del show, la obra teatral de los demonios recién empieza, y yo tengo boletos en primera fila: Zabulón se orilló en un extremo del salón y dejó que mi sangre se esparciera por el piso, abrió la tapa del piano y comenzó a tocar Tocata y Fuga en re menor de Bach , sus garras se movían ligeras como lombrices en las pulcras teclas del piano que lloraba melodías de agonía y hostilidad, las sombras se apoderaron de mi sangre y la esparcieron por todo el salón, formando un cuadro de oleo humano con restos de carne y hueso, los huéspedes se saborearon los labios con un gemido continuo y opaco que aguzaba la pupila horizontal de las miradas lascivas, y los espectros jugaban en el aire…, jugaban con los restos de mi piel en el charco de sangre, ¡Oh, madre mía! Puedo ver mi cuerpo desfigurado en ese charco donde todos los gatitos lamen la leche y maúllan a Zabulón que no deja de tocar las melodías satánicas de su propio m-m-mundo p-p-paralelo que invade mi alma. Ahora los huéspedes eran cadáveres y zombis que oscilan en una línea temporal incomprensible, sus trajes de épocas no conjugaba con los celulares y relojes finos, los vestidos de las mujeres reptiles no conjugaba con sus pulseras magnéticas y su risita aristocráticas…, y Zabulón abrió su boca nuevamente dando una orden, y todos comenzaron a desgarrarse la piel en una orgia diabólica de sangre que formó una piscina honda y cóncava en la terraza del Penthause; y de pronto, los rostros cadavéricos del salón se trasformaron en perfectos rostros humanos al contacto de la intemperie, eran ellos mismos de nuevo, los comuneros del Edificio 68 en la Av. Libertad y Vuelo, “curioso nombre” para todo aquello que acababan de vivir,  sin embargo los poseyó un impulso extraño que los llevó a la locura, la sombra gris de Zabulón entró por la boca de los huéspedes convulsionando sus cuerpos de cera, y uno por uno se arrojaron al vacío por el balcón, pero su mente seguía ahí en la muchedumbre junto a los cadáveres y bestias del Penthause:
¡Auxilio, Que caigo en el abismo!
          Caigo entre el aire sin retorno.
                    Caigo entre huesos y carne.
                           La sangre me ahoga, ¡oh, sálvame la vida Zabulón!
                                            ¿Por qué me arrojaste hacia el vacío Zabulón?
                                                          ¿Por qué te alimentas de mi piel y de mi carne?
                                                                       Una cabeza y un ciempiés
                                                                                        Dos cabezas y un ciempiés
                                                                                                          Tres cabezas y un ciempiés
                                                                                                     Caen junto a mí.
                                                                                  Por el averno, en los secretos de tu sombra.
                                                                  La sangre me ahoga.
                                                    La vida se escapa
                                     “LIVERTAD Y VUELO”
                           En las sombras oscuras de mi destino
              Llego al final del precipicio
    ¡Un grito al vacío!
Mi corazón se parte en el charco de sangre.
Los cuerpos crujían al tocar el suelo –como dos hielos en un vaso de vodka, pensé: ¡clac! ¡clac!–los huesos tronaban generando una vibración espeluznante, pero los demás huéspedes solo reían y gemían como si estuvieran en un sueño profundo, nadie se percataba de que los cuerpos caían como nueces y reventaban como bóveda de sangre en el pavimento, solo yo…, o la parte de mí que deambulaba por el balcón.  Sonámbulo en mi andar espectral, entre la neblina verdosa, dando pasos en el aire demencial <<una sombra más que se esparce en el tiempo, un grito más del agujero, en el invierno ancestral del demoniaco Zabulón, el que viene del pozo oscuro>> ¿Quién se atreverá a extrañar mi alma deambulante en este océano de sombras sanguinolentas? Los huéspedes juegan en la piscina de sangre, hunden sus cabezas como lagartos bebiendo el vino de los eternos, y entre las risas sensuales, se desgarran las carnes con los dientes de sables, carcomiéndose entre vosotros, llenando cada vez mas su alma de sangre…, la misma de épocas antiguas, todos entrelazados en tiempos perdidos, bajo la melodía de Zabulón, las parejas yacían esqueléticas al borde de la piscina sonrientes de placer…, el monstruo-enano unió un cordel elástico a un extremo de la baranda y comenzó a saltar tal como lo harían un bufón en sacrificio, desafiando la altura sin temor, encorvando su extraño cuerpo que revelaba un dejo de humanidad, entre una mirada lirica y desafiante a la muerte jocosa…, se arrojó al vacío sin más…, su deforme cuerpo voló como murciélago: <<!Libertad y Vuelo!>> iba zigzagueando en el aire, con su rostro de sátiro y se atrevió a mirarme a los ojos…, a mi parte espectral, y vi el placer de la sangre en sus ojos, vi el fuego de almas inmemoriales y la sed por la muerte negra, me vi reflejado en sus ojos, como el fin de un mal chiste, una jugada irónica del destino, pero era el designio de las voces, lo que ordenaba Zabulón era ley en su m-m-mundo p-p-paralelo, un mundo que te atrapaba en la desolación.
Dos mujeres salieron de la piscina desnudas y con el rostro carcomido, su figura ya no era parte de este mundo aunque mantenían ciertos gestos de humanidad, una de ellas llevaba el brazo totalmente deshilvanado asomando parte de su esqueleto…, su carne fue parte del festín, como todos los demás que se abrazaban y comían sus carnes en la orgia putrefacta y nauseabundas de los cadáveres aristocráticos, pero nadie parecía darse cuenta del ritual espeluznante y agónico de la socialité , y gemían de placer sin más explicación y con toda excitación. Una de las mujeres tomó de la mano a la otra y la besó a la orilla del balcón, y como dos golondrinas desnudas se tiraron al vacío: una caída más de lo alto del Penthause, las mujeres se rodearon con sus piernas en el aire y formaron una rueda en posición fetal, que arrojó chispas uterinas de sangre antes de reventar en el pavimento…
-¿Disfrutas del espectáculo Marcel? –me dijo Luz mientras tomaba del Vodka naranja , ¡Hey! ¿te pasa algo? ¿te encuentras bien? 
-Sí. Es que…aquí, la fiesta, la sangre…, y tú… –agregué confundido, volteé a mi alrededor y noté como todos disfrutaban de una elegante fiesta a carcajadas, sin mascaras ni ojos de gatos. Luz lucía tan sensual y bella, con su vestido escotado insinuando desnudes que me sentí enamorado al instante, su fino cabello dorado, las piernas largas de mármol y su piel de seda me seducía hasta el vientre .
-¿sabes…? he recordado que debo terminar unos asuntos –le dije, y una gota de sudor rodó por mi ceño–, debo irme a mi departamento.
Dejé el vaso de vodka en la barra y comencé a caminar hacia la puerta.  
-Pero ¿Qué pasa? Parece que viste un fantasma, vienes recién llegando, ¡Marcel! ¡Marcel! – replicó mientras me alejaba.
-Marcel ¡ven! ¡no te vayas! Quiero presentarte a alguien –escuché a lo lejos–, se llama Z…
Alcancé por fin la puerta, y al mismo tiempo que me disponía a abrirla sonó un: ¡Ding! ¡Dong!,  las campanas del lujoso Penthause tronaron pavorosas, y choque de frente con un tipo alto de aspecto felino en la puerta.
- ¡Hola!  Marcel ¿verdad? –mis ojos se inyectaron de horror, me tendió la mano y dijo–: Soy Zabulón, el dueño del Penthause, ¡no te vayas! ¡quédate! La noche recién comienza…   

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