[Quien con monstruos lucha
cuide de convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un
abismo, el abismo también mira dentro de ti.
Friedrich Nietzsche]
1
He
escuchado que una familia entera ha desaparecido en las inmediaciones del
Bosque de Cluj –exclamó Gunnar–, mientras sostenía el manubrio del Yepp blanco
humo, traspasaba lóbregamente una espesa neblina cetrina, donde la señalética
de la carretera se asomaba de improviso entre ramificaciones de sombríos
arbustos luminiscentes. La línea de la carretera avanzaba con descarada
lentitud, mientras los ojos de Gunnar los seguía con sigilo.
- ¿Hacia
dónde nos dirigimos? –preguntó Judy Lee. Entre un aire de sarcasmo y cansancio
que disminuía su ánimo femenino hasta agotar su suave piel.
Judy Lee,
una hermosa mujer de 28 años, de piernas largas, cuello esvelto y pequeñas
pequillas en su rostro lozano, sus labios de freza se abrían inhalando el aire
decrépito.
- ¡No lo
sé! Amor –respondió Gunnar con la boca seca–, me imagino que hasta encontrar
algún lugar seguro donde poder pasar la noche, el sol se está ocultando –miró
por el parabrisas la espeluznante arboleda–; no doy más de exhausto. ¿Qué más
han dicho por el radio Judy?
-¡Nada!
Solo lo que ya sabemos, si esto no es el apocalipsis, de igual forma, es una
especie de final. “El final” de todo lo que conocemos seguramente. El radio ya dejo de
funcionar…, no sé qué más puedo decir… –sus ojos se opacaron por el espejo
retrovisor.
Detrás de
la última curva se vislumbró un parque abandonado, justo en el kilómetro 666;
una mordaz locura, o una fatídica coincidencia de la cual no se percataron en
un comienzo, pero, sin embargo, se detuvieron igual. El Yepp tronaba como bomba
de arena, la falta de gasolina se hizo elocuente, y un ruido de ave espantada
briznó, son los cuervos del demonio –pensó Gunnar–, un búho de ronda nocturna
chilló, y los grillos desnudos en las hojas de los árboles cantaban junto a una
que otra luciérnaga apabullada.
- ¡Es todo!
–dijo Gunnar. Una gota de sudor rodó hasta sus labios deshidratados –. ¡Hasta
aquí llegamos! No tenemos gasolina. La próxima estación está a 30 kilómetros, y
lo único a la mano es este parque abandonado en la soledad. Debemos descansar.
-No
entraré ahí contigo –desesperó Judy–, me niego a tal locura, no sabemos de este
tétrico lugar…, puede ser peligroso. –su pupila se dilató en una expresión de hastío
y desesperanza.
-¡Vamos
mujer! Es por una noche. Además, no tenemos más opción, quizás haya gasolina en
alguno de estos juegos olvidados y necesitamos provisiones, no hemos comido en
horas; podemos pernoctar aquí y mañana caminar hasta la estación por gasolina,
hay que aguantar una noche más.
Judy bajó
del auto de mala gana. Gunnar se quedó pensativo por un instante frente al
volante, prendió un cigarrillo y llevó su chaqueta de mezclilla para abrigar a
su esposa.
2
Gunnar
abrazó a su mujer mientras caminaba, un viento que gemía del oeste se incrustó
en los brazos de Judy y la enfrió hasta el hueso. Una boca de lobo se asomaba en la oscuridad y su colmillo crujía como
muelas picadas; el tenebroso juego mostraba una indolente sensación de hastío y
penumbra…, un taponazo eléctrico y estruendoso del colmillo sonó de la cadena
mecánica, y concluyó en un impulso lumínico parpadeante de los ojos color
sangre…, el lobo aulló…
- ¡Es
imposible! –barbotó Gunnar– ¿Cómo puede haber electricidad para que esa cosa
funcione?
-Quizás
haya un generador –agregó Judy.
Las
gélidas máquinas de emociones mecanizadas reían burlescamente entre la bruma
opaca de la verbena. La imagen de un payaso con el rostro carcomido por el
óxido llamó la atención de Judy.
- ¿No te
parece real su rostro? –Murmuró la joven, y su cara se desfiguró al ver la
nariz y el pelaje del caricato –, es muy extraño…, parece pelo humano,
–contempló hipnotizada los ojos del payaso y luego huyó a los brazos de Gunnar.
- ¡Vámonos
de aquí! Por favor…, este lugar tiene vida –dijo Judy afligida.
- Hay
algo extraño con estas máquinas y marionetas –comentó el joven–. Pero sabemos
todo lo que ha pasado…, lo escuchamos en la radio Judy, esto está sucediendo en
todo el mundo, es como si la inercia de las cosas tomara vida, como si los
árboles se detuvieran y las nubes temibles se cargaran de sangre, quiere llover
sobre este parque maldito. Sobre esta verbena podrida –agregó Gunnar
desconsolado, luego se rasgó los ojos con la manga de la mezclilla –. Esto es
inaudito. ¡Lo juro por Dios! Que es así. Hay algo más tenebroso que venir a
parar en este parque lleno de maniquíes zombis con aspecto humano, como muñecos
metálicos que suplican un alma –enfatizó Gunnar.
Judy fijó
su mirada en los ojos de Gunnar, luego miró hacia el cielo como esperando que
cayera la lluvia de sangre, las nubes rojas y espesas se balanceaban en el
cielo macabro, formando la figura que simulaba un ojo de ciclope; el “ojo de la tormenta” pensó Gunnar sin
quitar la vista del cielo, pero…, ¿Qué tormenta? No se avecinaba nada hasta el
momento, por lo menos, en la estación de radio no escucharon nada de la extraña
figura o supuesta tormenta de sangre. Las nubes se separaron de hito a hito, y
entre ellas, unas extrañas bolsas trasparentes brillaban azulinas, en su
interior, unos tentáculos filamentosos se zamarreaban como si fueran gusanos
gigantes. Una explosión trono: ¡crac crac, crac! Y zumbó como crujido de hueso;
pero como un gran hueso de mandíbula sin dentadura. Las bolsas de tentáculos
comenzaron a girar rápidamente como trompos…, más atrás, las nubes de sangres
hinchadas parecían reventar en cualquier momento…
- ¡Qué
diablos! –susurró Gunnar conteniendo la respiración, luego apretó los hombros
de Judy, en señal de contención. La imagen del cielo fragmentado la
atormentaba–, estoy aquí amor… estoy aquí…
La neblina
oscura y verdosa surcó todo el firmamento, y de entre las nubes rutilantes un
rayo calló estruendosamente en el asfalto del parque, seguido de un fuerte
temblor. La niebla empezó a rizar sus bucles a ras de tierra y les cubrió los
zapatos, las piernas y envolvió a la pareja de una blancura incandescente.
- ¡Que
diantres fue eso! –dijo Judy–, un maldito rayo ha caído de la nube Gunnar.
Escucha eso, es un sonido de trompetazo…
Las
ramificaciones electromagnéticas del rayo se difuminaron rápidamente por todos
los juegos mecánicos y por los corredores embrujados de los pasadizos
infantiles.
La
máquina del payaso ahora parece tener vida, el rayo lo electrificó hasta que de
su dentadura mecanizada emergió un ruido sádico que simuló una risa:
¡uacrajajaja! Los ojos del payaso buscaron los de Judy. En el extremo izquierdo
del pecho había una palabra tatuada: “Moro”
y la vestimenta tricolor parecía fusionada a su cuerpo de aspecto
metálico-hule, con movimientos plásticos de humanoide desproporcionado y
deforme.
- ¡Aghgggggh!
–gritó Judy–. Vámonos de aquí,
Gunnar, por favor, te lo suplico…
El joven
movió su cabeza de lado a lado, negando la situación, como si aquella escena
del payaso endiablado no existiera, o solo fuera una película más de terror. Moro
caminó como un zombi flácido hacia la pareja, contorneándose pavorosamente de
un lado para el otro.
Gunnar
tomó de la mano a su joven esposa y comenzó a retroceder lentamente, mientras
la figura metálica de Moro caminaba a paso lento y quebrado, como si estuviera
estudiando con detalle los movimientos de los jóvenes, y los olfateaba como un
canino, luego desapareció entre las maquinas espectrales.
El
carrusel comenzó a girar y la niebla galopó en su montura amarilla. Un
caballito rosado festejaba en un vaivén, y en su hocico una leve risa de encanto
patibulario gemía entre el claro-oscuro de las sombras que asechaban, y se
internaban poco a poco en el bosque de pinos. Unas bandadas de cuervos cruzaron
por las cabezas de los jóvenes, y algunos caían como piedras en el asfalto,
como si extrañamente el cielo rojizo y purpurino los envenenara de una
sustancia espumosa que se deslizaba cerca del “ojo de la tormenta”. Una nueva sensación de hastío provino de la boca de lobo y su colmillo crujió
espeluznantemente con más fuerza que la primera vez, Gunnar lo alertó…, el lobo
aulló…, Judy solo permaneció inmóvil en silencio.
Unos
gritos de horror se escucharon desde la montaña rusa, y la sensación de una
muchedumbre gritando de euforia en los carros se hizo latente. Los carros grises
metálicos tomaron vida, o por lo menos, una parte del rayo electrizante hizo
que se deslizaran tenuemente, como esperando que el parque cayera en un estado
onírico alterno. El kilómetro 666 parecía estar poseído por los eventos
apocalípticos de un final sombrío anunciado [un final revelado que esperaba por
todos aquellos habitantes terrenales. Caminando sonámbulamente en las últimas
calles de la tierra, en el ocaso más temible de las almas putrefactas que yacen
en el limbo] Gunnar tomó a Judy y lograron esconderse entre unos arboles del
bosque de pino, el aroma era fresco y mentolado…, rostros humanos aparecían
fantasmagóricamente en la madera agusanada de los pinos, sus labios se abrían
simulando un grito de auxilio: “¡Help! ¡Help!” y luego de una mueca, se transformaban
en pequeños gnomos dentados y escurridizos. La aparición se esfumó y Gur rasgó
sus ojos.
- ¿Cuánto
tiempo estaremos aquí? –preguntó Judy. Sus labios vibraron de frío y un terror
agónico que solo la incertidumbre de lo oculto provoca.
-No lo sé
amor. Pero debemos observar que esta pasando…, esas cosas tienen vida y siento
que nos quieren atrapar –agregó Gunnar–; y esto…, esto me recuerda a lo vivido
por esa familia –pensó por un momento debajo de una rama quebrada que se
asemejaba las patas de una araña y se apoyó en el tronco–, aquella familia del
Bosque de Cluj. Lo vimos en el noticiero ¿lo recuerdas?
Judy
asintió con la cabeza, luego se volteó a ver los juegos mecánicos que se
deslizaban tras la bruma con un cierto aire de tranquilidad e inquietud maléfica
que la paralizaba
-Si lo
recuerdo. Y pienso mucho en esa niña –dijo angustiada–, esa familia estaba
maldita desde el día en que mataron a su hija…, a cualquiera se le vuelve un
infierno vivir con eso, ellos tuvieron una vida tormentosa, sin embargo, no
creo que los designios de su muerte sean tan distintos a los nuestros…, es
horrible “el final” nunca me imagine
esto así, y todos estos eventos siniestros que vemos en nuestras narices –Judy
sollozó de cansancio–, en todo caso, nunca me creí esa historia de Dios y la
biblia, siempre pensé que algo peor me pasaría, peor de lo que viví con el
asqueroso de mi padre…y ahora está pasando.
- ¿Aun
piensas en ello? –Interrumpió Gunnar.
- ¡Oh!
Por la mierda. Es “el final” Gunnar.
No te das cuenta, ¡qué importa lo que haya pasado en mi infancia! Nada cambiará
eso.
-Perdón.
No quise que recordaras lo de tu padre. Solo digo, que los violadores se irán
al infierno, y con mayor razón en este momento de purga.
Judy lo
miró con ojos irascibles, pero luego su pupila derramo una lágrima y Gunnar
comprendió que el asunto aun dolía como la misma noche infame que marcó su
infancia.
- ¿No
tienes nada más que decir? –enfatizó exaltada–, recuerda
que tu vida no ha sido la octava maravilla, has sido incapaz de terminar algo y
todo lo dejas a medias, nunca pudiste tomar las riendas de las cosas Gunnar…,
siempre quedaste corto en tus proyectos. Tu trabajo, la escuela y sobre todo
para mí.
- No me
hables así. No quiero hacerte daño Judy… lo de tu padre no tiene que ver
conmigo, él fue un monstruo más, tal como estos maniquíes mecánicos animados.
Eso sin mencionar lo de tu hermana “Sarah”
-No
hables de ella infeliz, es un alma inocente ¡entiendes! –Jud se enfureció, algo
en su interior le provocaba una ira que le envenenaba lo más débil de su
corazón.
Gunnar se
apoyó en el tronco y cerró por un momento sus ojos. El cansancio lo venció
Judy
quedó hipnotizada por la ira y una vocecilla tintineó en su oído: “¡Hola mi niña! Ven aquí, con tu Padre, ya
no habrá más dolor…, él es MORO, amor, quien purgará toda tu agonía, él te
salvará para que estemos juntos…, solo ven mi niña, Sarah vendrá tambien…
3
- Judy,
Judy. ¡Despierta por favor! –dio un pequeño bostezo y se exaltó– algo extraño
esta pasando, he escuchado mormullos entre la niebla y un temblor eléctrico
viene del suelo, igual que el rayo del “ojo
de la tormenta”
Judy se
levantó de sopetón y observaron constreñidos tras el árbol.
El cielo
estaba amarillento anaranjado y las bolsas de tentáculos giraron como trompos
nuevamente, el kilometro 666 era la cuna de muerte una vez más, un olor
nauseabundo se esparció rápidamente por las ramificaciones del Bosque y por
todo el parque. Un socavón se hizo en el medio de la verbena y el aire se tornó
mas espeso. En esta ocasión un rayo eléctrico viajo de abajo para arriba desde
el umbral del socavón hasta el “ojo de la
tormenta” y un ruido de trompetazo tronó como bocina de tren, un viento mortuorio
emergió del subterráneo en forma de espiral y se depositó en la barraca de los
fenómenos, en el carrusel de caballitos rosados, en la noria gigante, la rueda
del diablo, etc. Moro despertó y se acercó a la orilla del abismo jadeando y
apretando sus dientes metálicos, serpenteando su cuerpo humanoide de
plastilina; detrás de él a unos cinco metros lo sigue la boca de lobo aullando y sediento por devorar carne fresca en el
ocaso del exterminio apocalíptico. Las nubes inflamadas se tornan violáceas, la
lluvia de sangre esta por comenzar; el panteón sádico comienza a germinar de la
ultratumba…, de la fosa arribo el fuego incandescente, quemador de cuerpos
deformados y almas en pena, el limbo no es más que un descanso en la eternidad
del sufrimiento. Los maniquíes espectrales se mueven desencajados como araña
mal herida, entre la bruma verdosa y oscura, los faroles del parque parpadean y
todos los fantasmas y criaturas se paran alrededor de la fosa…, la boca de lobo aulló y Moro cogió unos
ganchos metálicos que se les adherido a sus manos, como cuchillas encorvadas,
su aspecto se tornó más diabólico con el hedor de la fosa; y abrió su boca
aceitosa y rugió tal como lo haría un demonio herido, su cuerpo de plástico se
hizo más grande y firme como los músculos de un titán, y mientras rugía el panteón se alzó imponente
hacia el “ojo de la tormenta”, media cientos
de metros de largo, y las marcas rasgadas fosforescentes formabas aberturas,
hendiduras y fisuras hechos de hueso y piedra; la simbología del averno llamaba
a su abominación, en el eterno retorno del “Final”
; cientos de rostros humanos en el bloque de piedra, gemían sufrientes
mientras vomitaban sangre viscosa; las criaturas de la barraca de fenómenos aullaron
alabando a los monstruos que danzaban en medio de la verbena, y del bloque de
piedra se deslizó un líquido verdoso, que ahogaba los rostros sufrientes de mil
almas atrapadas en el panteón. Moro exclamó: –“ABSU NAR
MATTARU”– [el gran océano subterráneo] y comenzó a vociferar palabras en el
medio del ritual grotesco que preparaba las criaturas de la barraca:
LA
INVOCACIÓN DE LA PUERTA DE MORO
¡espíritu
del averno, Recuerda!
Que
os vengo de la ultratumba
A
la orilla del final
Al
fuego de la fontana
A
las manos de los monstruos
Que
desaten la ira del subterráneo
Y
de comienzo a la masacre de los espíritus;
Vivos
y muertos, ángeles y demonios,
Bebed
del fuego y la sangre;
Y
en Moro resucitaos para ajusticiar a los débiles,
Que
así sea vuestro designio;
Y
callad hasta el último aliento,
De
la malsana Tierra que agoniza en tu boca;
¡Oh!
Moro, que comience la purga.
***
Los demás
siguieron el ritual, como si fueran monjes sectarios invocando adefesios y
ánimas del panteón…, los maniquíes mecánicos crearon una gran ronda alrededor
del umbral –“ABSU NAR MATTARU”–, exclamaron una y mil veces, con una voz
seseante. Boca de lobo retrocedió y
miró a Moro, como si se entendieran telepáticamente. Moro lo cobijó tal como
fuera Cancerbero y Satán.
- ¡Ella está
ahí! Ella… –dijo una voz sardónica proveniente del panteón.
-La
barraca de fenómenos –susurró Moro y rasgó su rostro con su mano de cuchillas
curvadas–, ¡revivan a los malolientes!
Moro
ordenó y una tropa de maniquíes balbucearon en el oído de los espectros. El
payaso gruñó como perro rabioso mientras cada uno de los fenómenos hacia su
aparición, tal como fuera un espectáculo circense.
Judy Lee,
la chica bella y lozana que se esconde detrás de un pino podrido por el hedor
infernal del panteón, intentó gritar; Pero Gunnar puso la mano en su boca, y el
grito se transformó en una súplica ahogada de un sueño de horror. Los ojos de
Judy se marchitaron al ver la barraca y la verbera rodeada de espectros; el
parque era una verdadera zona de muerte y se transformaba en la cuna del “Final”
4
- ¡Padre
nuestro que estas en los cielos, santificado…! ¡Oh dios! ¡sálvame de tal muerte
en las garras del infierno! –pensó Judy Lee mientras las horripilantes escenas
de los espectros desfilaban por sus ojos –, no hay salvación. ¡Entiendes Gunnar!,
no hay como escapar de esto.
Gunnar la
contuvo lo más que pudo, tratando de que su voz no fuera audible por los
espectros del panteón.
-Es mejor
estar en silencio Judy –espetó afligido, alzó la mirada, y una nube del “ojo de la tormenta” pareció sonreírle.
Pero todo era solo un truco de su pústula cabeza.
-
¡Júrame! que no me dejaras sola… júralo –exclamó Judy, y algo en sus ojos
cambio, la pupila se tornó de color purpura y negruzca–, si esto es el “Final”, quiero morir a tu lado…
Gunnar
palideció y la miró sin comprender porqué su joven esposa decía eso, pero solo
respondió con un abrazo nervioso.
- ¡Mira
Gur! Es Sarah –barbotó mirando a la nada.
-No es
nadie Jud, lo de Sarah ocurrió hace muchos años.
Una
aparición de una joven niña de unos 12 años, con vestido amarillo de lirios
violentas y jazmines, con una piel pálida de mármol y ojos verdes desorbitados.
Judy se
acercó
- ¡Es Sarah!
Hermanita, ven…, te amo tanto, nunca quise que papá te…
- ¡Basta!
Jud, ella no es quien piensa. ¡Vamos!, Sarah murió hace años
- ¡Es
bella! ¿no lo crees? –el rostro de Jud se transformó y parecía totalmente
hipnotizada por la aparición. Su esposo la sostenía, pero un hedor somnífero lo
debilitaba cada vez más dando la sensación de estar en un sueño, las manos de
Jud se le resbalaban lentamente como jabón de tulipán y bombeaban como si fuera
un pequeño globo a punto de estallar. Gur la sostenía firmemente, pero, poco a
poco la figura delgada de su amada desaparecía entre la bruma verdosa –; ¡lo
ves! ¡lo ves! No murió…, al final mi padre no se salió con la suya, sabía que
estaba viva; nos pudo tocar cuando niñas, pero jamás tuvo nuestra alma; mamá lo
decía, lo dijo mil veces las almas buenas se van al cielo, Gur, al cielo…
- ¡Basta
Jud! Tu hermana se suicidó y lo sabes…, no pudo aguantar la vergüenza de ser
ultrajada. Pero tú si amor. Tú estás viva aquí. No vayas con ella es una
ilusión, solo escucha mi voz…
Los oídos
de Judy se tapaban cada vez con más furor, la voz de Gur se escuchaba
disminuida y zumbada. La suave y fina mano de Judy, terminó de soltar la de su
marido, y un grito electrificado se perdió en la bruma de la verbena…
- ¡Sarah!
¿estas aquí? Hermana mía, siento mucho lo que hizo papá ¿Sarah? – dijo Jud con
voz temblorosa, y entre la bruma espesa parpadeaba y gemía un cuervo buscando
cadáveres.
La
aparición se confundía en la neblina, su trepidación vibrante se desvanecía en
el azul eléctrico de un rayo sordo, la niña de 12 años de ojos verdes y vestido
de flores del arroyo se tornaba más corpulenta y gruesa…, el rostro de Moro
circundaba tras la aparición y sonreía tenazmente como un niño que juega con
sus juguetes de madera.
Judy
seguía hipnotizada
-Sarah
¿eres tú? –preguntó Judy Lee. Pero la respuesta vino de un cuervo que se posó
en su hombro y luego huyó con algo en la boca que parecía un dedo humano.
-Soy
yo–respondió una voz dulce–, estoy aquí hermanita…vine a jugar ¿quieres ir al
panteón con mis nuevos amigos? ¿quieres ir con papi?
Judy
caminada hacia el espejismo somnolienta y con los parpados cansados
- ¿Qué
cosas dices Sarah? Papi está muerto. Murió hace 10 años después de que te
fuiste. –exclamó afligida. Un nervio caló desde sus pies hasta la espina
dorsal.
- ¡No!
¡Mal nacida! papi está aquí con todos los demás –gruñó Sarah y su voy se volvió
ronca como la de un perro.
- ¿De qué
me hablas? Sarah. Yo te amo…, eres mi hermanita. -Judy retrocedió agobiada,
pero su cuerpo no respondía al impulso de huir.
- ¡Que tu
padre está aquí! Y te fornicará en el
maldito infierno –exclamó la voz macabra
Judy Lee
volteó rápidamente y gritó auxilio, pero Gur no pudo escucharla, había caído en
una cúpula neblinosa infectada de espectros y no había vuelta atrás. La
aparición se deformó y la gruesa figura se transformó en Moro. El horripilante
guasón de manos afiladas gruñía en el rostro de Judy Lee, y el hedor de su boca
somnífera e infecciosa se esparcía por la piel de la muchacha, el líquido
fluorescente del panteón corría por las venas del payaso amorfo y
electrificado, el crujido de una cadena que parecía su columna vertebral sonó
como metal oxidado:
- ¡crac,
crac, crac!
Y zumbó
como crujido de hueso; las cadenas se recogieron y alzó su guante de ganchos
encorvados como si fuera una garra de oso. Los ojos de Judy Lee no suplicaron,
pero en su pupila paralizante se escondían un alarido de espanto y odio tan
profundo, que el mismo Moro temió por unos segundos, luego dejó caer sus garras
metálicas en el cuerpo de la muchacha partiéndola por la mitad. Un corte
perfecto, como espada de samurái la empaló de pies a cabeza, y el rostro de
Moro sonrió con sarcasmo, como un niño que aplasta un gusano. La sangre se
esparció rápidamente por el asfalto, mientras boca de lobo gozaba de un festín de carne y vísceras de la joven
Judy Lee. -
***
