viernes, 26 de mayo de 2017

AL REVÉS



-¡No puedo creerlo! –Dijo Elizabeth Komadina, mientras se levantaba de la cama –, todo era verdad…, todo lo que decían los libros, la biblia, la TV… ¡es verdad que existe el fin!, y es aquí y ahora, está sucediendo. ¿Qué voy hacer…?
Elizabeth salió corriendo de su casa, y miró a todos lados angustiada; habían otras personas haciendo lo mismo, la gente miraba el cielo como esperando que algo cayera o algo subiera.
-¡Oh, Dios santo! –alguien dijo.
-Pero… ¿Qué demonios está pasando? Es el gobierno otra vez y sus experimentos –refunfuñó un anciano que salía de su casa, con los pantalones casi abajo.
Unos niños que pasaban en bicicleta se detuvieron a mirar el cielo, la gente de  los automóviles hacían lo mismo.
-¡Miren  pa’ Allá! –Exclamó una señora con unas bolsas en la mano –, un tomate cayó y rodó por el suelo.
Elisabeth volteó rápidamente y miró donde la mujer apuntó con su mano.
-¿Es rojo o es negro…que es eso? –murmuró Elizabeth, arrugó la vista para ver mejor.
-No es na’ de eso mi niña –dijo la señora de las bolsas –, tampoco son los experimentos del gobierno, ahí viene el mal… ¡ese mismo! El de la biblia pue’.
Elizabeth  comenzó a temblar y sus ojos se hincharon en llanto.
-¡No llore niña! ¡Esa es cosa pa’ los pecaore pa’ ustée no!
Una frisadura en el pavimento se abrió, y de su abertura comenzó a salir agua. Un temblor inaudible surcó en la profundidad de la tierra, pero no se movió una mosca en la superficie.
- ¡¿Sintieron eso…?! –Dijo el anciano –, no creo que el gobierno este allá abajo –el anciano se estremeció.
-¡Es el mundo mi niña! Se está dando vuelta –dijo la anciana de las bolsas.
-¡Qué está diciendo vieja loca! –Dijo el otro anciano–, no confunda a la niña, esto es solo…es solo… ¡Válgame! No sé qué rayos es esto.
-¡Miren! –gritaron los niños de la bicicleta y apuntaron al lado opuesto de la calle.
-¡Madre santa! Es el mar, se está doblando el mar, y viene hacia acá –agregó Elizabeth.
El mar estaba en el cielo, y los peces caían como larvas de moscas, y se azotaban en el suelo.
-¡Oh! ¡Que infamia! ¿Así se describe en la biblia…? –dijo la madre de uno de los niños.
A lo lejos un enorme calamar calló sobre un edificio, tenía los ojos llenos de plancton y con sus tentáculos ventosos intentaba agarrarse lo más que podía del edificio.
-¡No eñora’! también hay estas bestias –dijo la anciana y soltó la bolsa de mercaderías de sopetón –, el pulpo ese… ¿está muerto o nos atacará…?
-No lo sé.
-¿Y quién é ustée?
-Soy Viviana.  ¡Anciana!;  la madre de estos niños y su vecina.
-¡Mira! ¡Aónde no venimo a encontrar! En el fin del mundo, yo soy Cleo –dijo la anciana en tono displicente y gracioso.
-¡Silencio! –Dijo Elizabeth –, algo está pasando, ¿escuchan eso…?
Un ruido estruendoso como un relámpago irritó el oído de todos los habitantes. La mitad del cielo era mar, y la otra mitad era cielo. La única mitad de cielo se comenzó a desprender del mar, se fue dando vuelta hasta llegar a los pies de los habitantes, y la tierra se juntó con el mar en el cielo, revolviéndose como una centrifuga. Todo era una confusa masa de elementos.
-¡No puedo creerlo! –Exclamó Elizabeth –, estoy pisando el cielo… ¡Estamos pisando el cielo! –Gritó convulsionada –, también estoy arriba, me veo, es como si una parte de mí se desprendiera en dos dimensiones.
-¡mi bolsa de mercaderías! ¡Esta allá arriba! En el mar, que hace ahí y yo acá en el cielo –dijo Cleo.
-Lo mismo pasa con las bicicletas –agregó Viviana.
-¡Qué Diablos! –farfulló el anciano, y saco una petaca de whisky del bolsillos –, si voy a morir será jaraneando.
-¡Mamá! Estoy asustado –dijo un niño de Viviana –quiero que vuelva mi bicicleta.
-¡Tranquilo mi amor! Solo abrásame –Viviana le tapó los ojos.
El anciano lo miró con negación, como queriendo decir: que bruto de niño llorando por su bicicleta en el fin del mundo.
-¿Por qué no nos caemos? –interrumpió Elisabeth.
-No lo sé. Pero por una extraña razón magnética, nadie se cae para arriba y nosotros flotando por encima del cielo.
Un cardumen de peses pasó por los pies de Elizabeth, escapando de unas gaviotas que querían devorarlas.
-¿Hasta cuándo seguirá? Me siento extraña… ¿estoy flotando o estoy pisando? Debe ser una broma o un mal sueño –dijo Viviana.
-No, esto es real –susurró Elizabeth –, creo que era verdad lo de los libros, lo de la Biblia y todo eso que nos dijeron, todo el miedo, todos los pecados…debí ser más perceptiva y no tan incrédula toda mi vida.
-¡No te trates mal niña! –dijo la anciana –, aquí toó’ hemos sufrido…y hemos pecado.
Nadie se salva del juicio del toó poderoso…
-¡Deberás! ¿Y quién eres tú vieja…? –Preguntó el anciano burlescamente –, ¿no creerás lo que dice ese libro de porquería?  
-Soy tu vecina viejo bruto,  La Cleo, así me dicen por aquí; y tú eres el “tal Alberto”, el viejo verde que molesta a las niñas… te he visto sinvergüenza ¡este sí que es un pecaor!
-¡Ah! Es que a mí me gustan las jovencitas y no las arrugadas como tú –gruño Alberto.
- ¿Y ahora qué pasa? –Concluyó Elizabeth –, ¡miren! ¿Qué viene allí…arriba de la ola?
-Oh, Dios. Es  un barco –masculló Viviana –, y viene hacia acá, hay mucha gente ahí atrapada ¡pobres! Quizá nadie le ha explicado lo que pasa.
-Y que lujosa que es…cuando joven me acostaba con señoritas en barcos como ese –dijo Alberto y bebió un trago de whisky con su mano seca y  temblorosa.
-¡Qué asco, viejo! –terció Cleo.
El barco estaba en la cresta de la ola, se inclinaba de punta, lentamente, entre escombros y revoltijos de tierra, con raíces de árboles, agua de mar, de ríos, de lagos; fieras marinas  y animales salvajes que rodaban en cámara lenta, en un remolino central de cielo y fuego que producía explosiones y rayos eléctricos, que parpadeaban entre la tormenta y la fragilidad de un horizonte inconexo y lúgubre.
-¡Se nos viene encima!  El barco… ¡huyan! –dijo Elizabeth
Los habitantes intentaron huir, pero era imposible caminar en el cielo, sus pies se movían como patitas de oruga, que flotaban debajo de un vidrio cóncavo juntando a todos en su centro.
-¡Es imposible! –gritó Alberto mientras su petaca de whisky se soltaba de su arrugada  mano, dejando que el líquido flotara hacia abajo y hacia arriba.
-¡Mamá! Nos resbalamos, no podemos huir –dijeron los niños –nuestras bicicletas… ¡mira! Están abajo entre las nubes, y la lluvia…la lluvia…estamos por encima de ella
-¡Aaaahhhh! –Se escuchó un grito desde lo alto, que provenía  del barco.
 Y después decenas de cuerpos comenzaron a caer…pero rebotaban en el suelo-cielo, como globos inflables.
-¡Aghgggggh! –un gritó de espanto trino, una mujer calló a los pies de Alberto.
-¡Permítame dama! –dijo–, y su aliento de dragón peinó a la incontrolable mujer.
-¡No has perdido tus modales! Siempre fuiste un fresco y hueles a alcohol –dijo la mujer.
-¡Ana! ¡Ana! ¡Por mi santa madre! ¿Cómo es posible? –dijo Alberto –, la última vez que nos vimos fue en el viejo cementerio.
-¿De qué hablas viejo loco?
-Yo nunca he estado en un cementerio contigo; hemos estado aquí en esta ciudad los últimos veinte años.
-¡No! Ana, mi amor, te enterré en el viejo cementerio, hace ya más de veinte años. ¡No lo puedo creer! Tus ojos…tus ojos aun brillan como aquella vez que te conocí… –Alberto estaba perplejo y boquiabierto al ver que su mujer lo besaba en la mejilla después de tanto tiempo –, entonces es verdad…, este debe ser el fin, de lo  contrario no se explica que tú estés aquí.
-Para mí no ha pasado tiempo Alberto, yo siempre he estado aquí contigo en esta ciudad, con estos vecinos y habitantes. –Ana dio un golpecito en la espalda de Alberto, y se tranquilizó.
-¡Eh! ¡Oiga! Que ueno’ que uteé ha llegado –dijo Cleo –, mire que su mario’ se ha puesto fresco con la niña, se queo’ atrasao’, piensa que aun e joven la bestia.
-¡Bienvenida! –Se pronunció Elisabeth –, un momento…, usted debe saber lo que está pasando aquí. ¡Ya se dio cuenta! El cielo está a sus pies y el mar está arriba, usted y todas estas personas han caído del barco, o crucero, da lo mismo.  ¿Sabe lo que paso? ¿Y porque el anciano dice que usted murió hace veinte años?       
-Yo no sé mucho jovencita. Pero los pasajeros de este barco se preguntan lo mismo… toda esta gente que ve usted aquí –señaló con su mano a los cuerpos que caían del barco y rebotaban como hule –, tienen un familiar que ha muerto o desaparecido. 
-Es el Clavius  -agregó Viviana.
-¿Clavius? –Repuso Elizabeth –, se tomó la cabeza con ambas manos, negando sin entender.
-Es el crucero que se hundió,  hace años, en 1997 creo que fue cerca de la bahía de la ciudad. Lo recuerdo bien, había llegado hace poco a vivir acá, era solo una niña…, pero en las noticias no dijeron mucho. El suceso paso desapercibido.
-¡No puede ser posible! –añadió Elizabeth–, es como si el tiempo se entrelazó dando apertura a nuevos portales. Por lo tanto, el hecho sucedió, solo que esta convergiendo en el mismo momento en que nosotros flotamos hacia abajo. O hacia arriba, ya da igual.  
-¡Esto sí que es de orate! Dios es un niño quemado hormigas con una lupa, y nosotros estamos en el centro del hormiguero literalmente, y,  precisamente, no sé si quemándonos en el infierno o preparándonos para la vida eterna. –Viviana se puso en cuclillas y abrazó a los niños que yacían asustados–, ¡Hijos míos! Solo quiero decirle que los amo, su padre y yo hemos dado la vida entera por verlos nacer… no tengan miedo, estoy segura de que nos reuniremos con él allá arriba o acá abajo, en fin, donde sea, él estará con nosotros… –sollozó 
-¡Oh! Viviana no sabía que tu esposo había… –masculló Alberto, fue interrumpido por un estruendo.
¡Bam! ¡Tum! ¡Tum! ¡Tum!
-¿Qué es eso? –dijo Ana asustada.
-No lo sé, pero está justo debajo de nuestras narices –agregó el anciano. Y sus piececillos de oruga flotaban simulando caminar en el cielo-suelo
 -Estamos sobre la nube, pero la tormenta va en dirección opuesta, los peces y  gaviotas huyen. Algo está pasando.
-¡Es el demonio! O el calamar ese que calló al edificio, viene por lo pecaores’ –dijo Cleo compungida.
-¡Mamá tengo miedo! –sollozaron los niños.
-Sea lo que sea, permanezcamos unidos –baladró Elizabeth –. Alberto, decidle a los demás que se junten, todas las personas que han caído del barco y nosotros. Lo que venga lo enfrentaremos sin más nada. Si este es el final, les deseo a todos mucha paz al mundo donde vayamos. No hice mucho en mi vida, y soy muy joven para amar con tanta devoción como ustedes lo han hecho. Pero de algo si estoy segura…, podemos hacer un mundo mejor a donde vayamos para todos. Soy Elizabeth Komadina, quizás la más pecadora de este grupo. Así es, viví en la dejación y la displicencia. Nunca hice nada más que preocuparme de mi misma en todo momento. Y pido perdón por todo aquello.
-Eso sonó a discurso de despedía’ ¡mi niña! –dijo Cleo tiernamente.
¡Bam! ¡Tum! ¡Tum! ¡Tum!
-¡Ahí vienen!, las pisadas o ¿Qué diablos sea? –gritó Alberto.
El vidrio cóncavo que sostenía a los habitantes comenzó a trisarse en el cielo-suelo, y todo comenzó a acomodarse en sentido inverso. Los habitantes comenzaron  a caer desde el cielo-suelo hacia el mar-tierra por debajo de un revoltijo de elementos incandescentes e indefinibles; una mujer calló en el techo de una casa, revotó y fue a dar a la ventana de su pieza que estaba en llamas. Todos parecían muertos, pero sólo cambiaron de posición al lado “B” de lo que alguna vez fueron; la gente se sacudió, se levantó y se caminaron a sus hogares como zombis en una dimensión paralela. –Alguien dijo sarcásticamente –, ¡Es solo la transformación del mundo, la vuelta al paraíso!  Un olor a mar se hizo intenso, llovía para todas direcciones, y caían seres humanos como gotas que sangran del cielo-averno, bestias del mar salieron lentamente de las aguas, altas y deformes se paseaban ignorando a los humanos. De pronto, algo mágico sucedió, no solo el hecho de que el mundo se encontrará deforme, sino que todos los objetos que alguna vez dominó el ser humano paso a ser víctima de macabras transformaciones; las gaviotas y los peces  se volvieron gigantes y prehistóricos; los calamares, lagartos y serpientes  tomaron forma semi-humana y deambulaban junto a los habitantes; las aves de la montaña chillaban, anunciando el comienzo del juicio final.

¡Bam! ¡Tum! ¡Tum! ¡Tum!
Y entre la maleza asomó su nariz el innombrable. Una garra en el vidrio cóncavo deslizo su uña filosa como eligiendo al azar. Los habitantes y especímenes desfigurados huyeron  como cucarachas a su cueva.
-¡Pensé por un momento, que nos habíamos salvado! –dijo Alberto y beso a su esposa muerta.
-De ninguna manera –sollozó Elizabeth –, esto es la tierra…, así son las cosas en el mundo.


GTF

    

  


 






















miércoles, 10 de mayo de 2017

(Revelaciones Parte 1 ) El Bosque de Cluj




[Quien con monstruos lucha cuide de convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.
 Friedrich Nietzsche]

El Bosque de Cluj

1

-¿Iremos de vacaciones al Bosque de Cluj este año? –preguntó Leonardo, mientras todos cenaban en la mesa.
-¡Están seguros! Acaso no saben lo que paso el año pasado –señaló Ángelo –, hay personas que no volverían a pisar ese desagradable lugar.
-¿Qué es lo que paso? ¿Por qué tanto misterio Ángelo? –dijo Natale.
-Hermana, personas han muerto en ese bosque, algunas se han perdido en sus inmediaciones y no hay aparecido jamás.
-¿De dónde sacaste tamaña tontera? –interrumpió Lucas.
-¡Pues! De las noticias, de internet… está en todos lados, ese no es un lugar seguro para acampar.
-No estarás exagerando, hijo…  ¡Acuérdate de tus pesadillas! –dijo Leticia.
-No estoy exagerando; solo digo que, teniendo las opciones de ir a otro lugar más seguro, porque he de ir a la boca del lobo –dijo Ángelo, su mirada pareció opacarse y sus hombros se encogieron –, ¿no existe la posibilidad de que cambien de opinión…?
Hubo un silencio incomodo, la familia se quedó un rato paralizada en la mesa, como si fueran los mismos troncos del bosque de Cluj.
-¡No! –Respondió Lucas –, hemos tenido la costumbre desde años, no veo porque suspender el paseo, unas noticias truchas por internet no me intimidará. Así que…, Leticia, prepara las cosas, saldremos en un par de horas.
-Si–, mantengamos la calma y disfrutemos este viaje –agregó–, prepararé unos ricos sándwich para el camino.
La Familia Baker dispuso las cosas necesarias para acampar, sin perder más tiempo. Equiparon las camionetas y partieron hacia el Bosque de Cluj.
-¿Cuánto falta? –preguntó Natale, un poco incomoda por el viaje
-¡No mucho! Ya estamos por llegar –señaló Ángelo –, detrás de los montes de olivo, ya se puede vislumbrar, pequeños indicios del ceibo esmeralda.
La carretera estaba despejada, los árboles se asomaban deformes, como monolito indio, un extraño magnetismo se sentía en el aire, las aves huían, a veces, a un nuevo árbol, pero también se devolvían asustadas, como si algo incorpóreo las amedrentaba, algo en el aire…, tal vez, las cosas que dicen en los periódicos sean verdad; la existencia de extraños seres o espectros fantasmales deslizándose por los matorrales.
-¿Dónde acamparemos? –Preguntó Natale –, no quiero que los insectos me devoren.
-¿Insectos? –Cuestionó Ángelo–eso es lo mínimo que debe preocuparte; aquí las personas desaparecen.
-¡Mamá! Dile que se calle –masculló Natale –, frunció los labios angustiada.
-¡Deja en paz a tu hermana! Ángelo –dijo Leticia.
-Ya eres muy grande para creer en historias de Bosques encantados –ordenó Lucas –, de hecho, estas historias son antiguas, ya nadie en los alrededores comentan las desapariciones, simplemente fueron personas que se perdieron en las expediciones, pero después retomaron su rumbo.
-¡Tú sabes bien que eso no es verdad! Papá –dijo Ángelo –, esos campesinos jamás aparecieron, aunque nunca se aclaró por los medios lo sucedido, esos malnacidos siguen perdidos hasta el día de hoy, quizá en que dimensión del abismo.
Ángelo miró a su padre, tan tétricamente, que por un momento le creyó.
-¡Papá! es mejor que nos devolvamos –insistió Ángelo –, su rostro agónico reflejó la ansiedad de abandonar el viaje, pero sin embargo ya era tarde para aquello…

2

-¡Hemos llegado! –dijo Natale con satisfacción, un poco olvidando el mal momento que le hizo pasar Ángelo –, no se preocupen, yo quiero la carpa azul y el saco de dormir que use el verano pasado.
La familia Baker se instaló rápidamente, en las hostiles y neblineadas  áreas del Bosque de Cluj…, un cuervo, los miró fijamente desde la ramas de un viejo árbol antropomórfico, como presagiando una agonía de perversidad…, y ese, “Algo” en el aire, se tornó cada vez más pesado e irremediablemente húmedo al respirar.
Se instalaron en una extraña meseta circular, un lugar que parecía haber sido ocupado, quizá por otra familia más; o bien, solo daba esa impresión; la meseta daba a una salida directa a la carretera, y en su orilla, se erigían grandes árboles antiguos, de troncos altos y ramas onduladas que formaban una “G”, o a veces, una “J” encorvada, con raíces petrificadas por todo el suelo…de pronto, uno que otro gusano, se asomaba en el cascaron del viejo árbol, y  un rayo de sol atravesaba  las gotas de agua, en una hoja moribunda, daba el efecto de lupa, se retorcía el gusano.
-¿será un buen lugar para acampar? –preguntó Ángelo frotándose la nariz, nervioso.
-Claro que sí –dijo Leticia – se parece al del año pasado ¿no crees…?
-No, en lo absoluto –repuso el hijo mayor –el año pasado no estuvimos ni cerca de llegar aquí, es más, no recuerdo esta meseta.
-Ya no sigas, vamos a fumar algo, traje cervezas y vino –agregó Leonardo.
-Buena idea –Lucas se sumó.
-Natale y yo iremos por unas leñas para hacer fuego –dijo Leticia –no se emborrachen para que juguemos una mano de póker, ya está anocheciendo.
La oscuridad se abría paso, y poco a poco se fue cobijando la sensación de  estar en un encierro, en una especie de cúpula imaginaria; Ángelo, el más perceptivo, sabía de esta extraña sensación, investigó sobre los campesinos perdidos en el lugar, y tuvo la sensación de que eran fantasmas atrapados en los confines oscuros de la eternidad, un paso a la muerte y dimensiones malignas que abren portales a seres malignos y despiadados.
-¡Ya! Hemos regresado. ¡Viste! No hay nada aquí, son monstros tuyos Ángelo –se burló Natale.
Ángelo la miró con ojos de furia displicente, y meneó la cabeza en señal de negación.
-Yo quiero hamburguesas –agregó Leonardo.
-El fuego está listo, acérquense a las brasas –dispuso Lucas, todos obedecieron menos Ángelo.
- ¿Por qué no vienes a comer, hijo? Se te va a enfriar la hamburguesa –dijo Leticia en tono maternal.
-No, gracias mamá. Pero este lugar no me causa apetito sino nauseas.
Ángelo entró a su lona  y se dispuso a descansar, por lo menos por un rato, sentía que su familia no lo tomaba en cuenta, y de apoco un enfado comenzó a arder desde lo más profundo de su vientre, como si algo maligno lo absorbiera de todo sentimiento bondadoso. Prendió su celular, instaló sus audífonos y comenzó a escuchar música mientras leía un libro de Edgar Alan Poe…, y se quedó dormido.


3

La niebla apareció difuminada en el frío bosque de Cluj, las aves se acallaron  y unas sombras entre los árboles murmuraban; jugaban a desaparecer escurridizamente entre los matorrales. La noche llegó, y una brillante luna  alumbró  la fúnebre meseta…en la orilla, a un costado de la roca principal había un dibujo extraño, semejante a una cruz invertida y un pentagrama de un antiguo ritual medieval, que ninguno de los integrantes de la familia Baker, se percató en la llegada.
-¡Bueno! ¡Bueno! ¿Quién se anima a jugar? –preguntó Lucas.
Todos estaban en la mesa, un poco satisfechos después de la cena. Nadie miró directamente, pero todos finalmente accedieron a jugar.
-Ángelo –gritó Leticia al viento – ¿vendrás a jugar…? No hubo respuesta.
-¡Déjalo! Ya se le pasará… –agregó Lucas –, creo que soy bueno jugando, tengo escala de nuevo.  El póker es lo mío. 
Lucas mostró sus cartas y se burló del resto de los jugadores. Bebió un sorbo más de su cerveza y ofreció unos tragos a todos. Los demás miraron con cara de duda.
-Está bien, no me mofaré más –comentó –, ¿no sé qué tiene esta cerveza?…, iré a orinar, no hagan trampa ¡Eh!
-¡Ok! Te esperamos –respondió Natale, mientras se engullía un panecillo.
Lucas se introdujo en el bosque. Vio un sendero y caminó hasta el primer árbol que pudo ver; la luna alumbró sus hojas y sus ramas filosas, tenía un leve aspecto humano, una cara desfigurada entre la sabia y la madera en descomposición…, con un gran agujero en su centro que simulaba una boca, y las ramas filamentosas se esparcían a lo largo del tronco, llegando hasta el tope más alto. Lucas de detuvo y observó, y una sensación macabra le carcomió los hombros, el árbol se asemejaba a un gran ciempiés, casi prehistórico; se restregó los ojos…pensó  que era una verdadera ilusión momentánea, mientras orinaba los pies del imponente árbol…, de pronto, entre las siluetas desfiguradas del bosque, vio una figura humana, que parecía un cuerpo femenino…se detuvo, guardó silencio y dejó de orinar, sintió un calor extraño, luego un frío, y una briza entumió su espalda: –¿Qué es eso…? –, se dijo a sí mismo– ¡Oh! ¡Demonios!  ¿Qué diablos sucede? –la figura de la mujer aparecía y desaparecía entre los arboles como un flash de luz, se deslizaba a una velocidad espectral que era inimaginable de creer para cualquier mortal. Luego se detuvo y se postró delante de Lucas.
-¿Sabes quién soy? –le dijo
Lucas enmudeció y comenzó a orinar el resto que le quedaba en la vejiga, hasta mojar sus pies. La figura de la mujer lo paralizó
-¿Sabes quién soy…Lucas? –repitió la pregunta
-Eres Helena… ¿Helena…?
-Sí… ¿recuerdas lo que me hicieron…?
Lucas se hincó, y una súplica de su vientre nació muerta.
-No queríamos alejarte Helena, solo éramos unos niños, que no sabían lo que hacen–suplicó cobardemente.  Un líquido verdoso comenzó a caer por sus sienes, gota a gota, hasta llegar a sus labios.
-¡Es imposible! ¡Imposible! –gimió Lucas en voz baja e impresionado –.  Ella no puede estar viva.
La figura fantasmal se elevó por sobre su cabeza, luego se expandió hacia lo alto del árbol y como si fuera las garras de un gigante, tomó a Lucas y lo lanzó hacia el cielo, una nube oscura de donde se oía susurros infernales y suplicas del más allá lo absorbió, y decenas de sombras con dedos de arañas rasgó su cara hasta desfigurarla y perderse en el abismo…




4

-¿Quién juega? –preguntó Leticia.
-Le toca a Papá. Esta orinando en el sendero.
-Pues, ve por él Leonardo –ordenó Leticia –, no tenemos toda la noche y ya me está dando frío, hay una briza extraña ¿no te parece…?
-No lo creo, está bien iré por él. No mires mis cartas mamá. 
El chico se levantó de la mesa con una lata de cerveza en la mano, caminó hasta la entrada del sendero, después de varios metros se fijó que en un extremo había un bloque de piedra que le llamó la atención, sacó una pequeña linterna de mano de su bolsillo, alumbró hacia el suelo y unos gusanos escurridizos se ahuyentaron: – ¿Qué es esto…? No recuerdo que esto estuviera aquí antes–pensó por un momento…luego, intentó limpiar el gran bloque, tenía una extraña mancha de barro, mezclado de otra sustancia pegajosa, un líquido viscoso de ectoplasma que caía de lo alto de la piedra hasta el suelo; Lucas retrocedió, su lata de cerveza se deslizó por sus delgados dedos hasta caer en la tierra putrefacta, mientras se esparcía el verdoso líquido fosforescente por todo el bloque, poco a poco, la sustancia acuosa comenzó a configurar palabras que decía: “¡AYUDAME!” El chico estaba paralizado, su boca babeaba y sus extremidades adormiladas no sentían la densa y oscura neblina que se disipaba tras su espalda. El líquido fluorescente configuró otra frase: “ET DIABOLUS INCARNATE EST. ET HOMO FACTUS EST”. (Y el diablo encarnado. Y se hizo) y los ojos de Lucas estallaron en espanto:
  -¡Papá! ¿Estas allí? Papá–vociferó el chico con desesperación. Y cuando intentó secarse las lágrimas se percató que tenía sangre en sus dedos. Una larva quemante surgió de la palma de su mano, y desgarro su carne.  Se volteó hacia el bloque de piedra y dijo:
-¿Quién eres tú…? Devuélveme a mi padre ¡maldito demonio!
El bloque respondió con esta frase: “TU PADRE SE QUEMA EN EL HADES CON HELENA, AHORA VOY POR USTEDES”
Leonardo salió corriendo lo más rápido que pudo, pedía auxilio entre los decrépitos árboles de Cluj, pero el sonido de su voz eran lamentos que oían los cuervos. La neblina lo persiguió en su huida frenética; era como una masa de piel, de rostros, de cráneos…, volteaba y miraba de soslayo; su palpitante corazón se acercaba a la muerte, la niebla se convertía en un monstro de cuerpos, de brazos y torsos deformes, se desprendía de ella espectros oscuros una y otra vez… se detuvo por un momento, y el monstro ya no estaba; miró confundido a todos lados y dijo: -¡Dios ayúdame!  ¡Sálvame!– escuchó mormullos, lamentos de bestias inhumanas, luego, un aullido de ultratumba aguzó sus oídos;  la masa desmembrada formó una gran boca de piel ardiente y lo engulló hasta desvanecerse.

5

-Natale ¿Dónde está Leonardo? No debería haber llegado ya. ¿No crees…? –dijo Leticia asustada.
-Fue tras del sendero a buscar a Papá.
-Pero ya deberían estar aquí –insistió Leticia.
-Ya sabe cómo son, mamá. Les gusta jugar bromas, además ya han bebido varias cervezas.
-Deberías avisarle a tu hermano, lleva mucho tiempo en la lona ¡despiértalo! Dile que venga.
-¡Uf! Está bien. ¡Ok! –refunfuñó Natale.
Leticia se levantó de la mesa, pero…esa extraña sensación de estar sola la acongojó, se sintió náuseas y dolor de cabeza, se tambaleó con un vaivén descontrolado y cayó posando sus manos en el suelo.
-¡Mamá! ¿Qué te sucede? –gritó Natale, y su voz pavorosa alertó a las sombras ambulantes.
-¡Ángelo! ¡Ángelo! –Gritó despavorida–, ven aquí…mamá está mal.
Ángelo salió de su lona, se quitó los audífonos y vio que su madre estaba en el suelo.
-¿Qué paso? ¿Comió algo? –preguntó.
-No lo sé, estábamos aquí y de repente de cayó.
Leticia gemía del dolor en el suelo, y se revolcaba como un paracito intestinal. Se hizo a un lado y vomitó una sustancia acuosa y verde.
-Pero… ¡Que rayos! –Masculló Ángelo–, dije tantas veces que venir a este maldito bosque era mala idea.
Leticia estaba muda, sin poder de reacción, y sus ojos se fijaron en la cima de un árbol, en forma de “Y”, un gruñido animalesco salía de su boca.
-¡Mamá! Por favor… ¡reacciona! –dijo Ángelo mientras la zamarreaba en el suelo.
-¿Qué tiene? –Desesperó Natale –, por que reacciona así mamá.
-No lo sé, no lo sé –gritó el joven –, ¿Qué comió? ¿Qué hicieron antes? ¿Dónde está papá y Leonardo?
-Fueron al sendero a orinar, pero no han vuelto… tengo mucho miedo Ángelo ¿Qué hacemos?
-¡Calma! Ayúdame a voltearla, quizá debe vomitar más.
Leticia expulsaba más y más líquido verde por su boca, y gemía como un animal en furia, su cara estaba desfiguraba y en cada gargajo su gruñido se hacía más agudo, miró con su pálido rostro a sus hijos y susurró: “¡HELENA! ¡HELENA! ¿DÓNDE ESTAS?”
-¿Por qué diablos dice eso? ¿Quién es helena?
Natale retrocedió un paso atrás y dijo:
-¡Esto no puede estar sucediendo! ¡Santo Dios!
-¿Qué es lo que pasa Natale? ¡Dime! ¿Quién es Helena? –la tomó de los hombros y la miró fijamente obligándola a hablar.
-Es nuestra hermana –susurró Natale.
-¿Quéee…? ¿De qué estás hablando?
-Es nuestra hermana… Ángelo –sollozó cabizbaja –, nuestros padres tuvieron otra hija y la mataron.
-¿Pero cómo…? Eso es imposible. ¿Cómo sabes tú de eso y yo no?
-Porqué los escuche, platicando, hace mucho tiempo. Escuche que tuvieron una hija, nuestra hermana mayor, y que la ahogaron en el lago de Cluj, eran muy jóvenes y la niña nació deforme. Papá planeó deshacerse de ella y mamá fue su cómplice, por eso a papá le gusta venir a este bosque, quizá aún la siente, pero ella…ella ha vuelto Ángelo, vino a vengarse, quiere matarnos ¡Mira! Como esta mamá –Natale lloró desconsoladamente–, ahora ¿Qué haremos? Ella vendrá por nosotros…
-¡Tranquila! –dijo Ángelo, su hermana apoyó su rostro en el hombro.
-No quiero estar tranquila, esto, es culpa de todos…, yo nunca dije nada por miedo a Papá y ahora todo se esté derrumbando en este maldito bosque.
Natale se alejó lentamente de su hermano, miraba a todos lados, como una loca, estaba poseída por la desesperación y la incertidumbre, el cuerpo de su madre gemía con espanto en el suelo, Natale hipnotizada no reaccionaba a nada.
-Natale ¡Cuidado! –dijo Ángelo–, y fue aquello, lo último que oyó la niña antes de morir.
Leticia (o lo que quedaba de ella) se paró súbitamente y comenzó a jadear, su boca infectada de mucosa verde se abrió hasta el tope de su piel tirante, y rajó su rostro hasta posar una lengua alargada y bífida que serpenteaba como látigo, sus ojos estaban hinchados y ensangrentados, su troco se alargó como hule, y sus huesos crujieron al dislocarse en su ropa, escamas porosas y gruesos vellos se esparcían por su rostro…, Natale y Ángelo estaban atónitos y paralizados de terror; la bestia dio un gran salto y cayó sobre los hombros de Natale, desgarrándole la yugular, la sangre salía a chorros… Angeló escapó por el sendero sollozando y gritando de espanto; solo volteó una vez, y vio lo que fue su madre convertida en bestia y devorando los intestinos de su hermana con su mandíbula. Ángelo se ocultó detrás de unos matorrales, mientras la bestia se mofó y con voz rasposa dijo: “NO HUYAS, COBARDE” intentó pensar por un segundo, en medio de toda la desesperación, pero se encontró de frente con el gran bloque de piedra; su textura quebradiza se expandía desde la cima hasta el suelo; la sustancia acuosa y verdosa caía abundantemente por cada orificio formando símbolos extraños de cultos sectarios medievales, Ángelo dijo para sí: –“HELENA”–, como invocando a su hermana muerta, el bloque parecía reaccionar y tener vida, y decenas de rostro sufrientes aparecieron en la gran piedra, momificados como estatuas que se queman en el inframundo;  cientos de lamentos en las sombras y aullidos de espectros entre los matorrales…, en un extremo se quejaban los rostros de lo que fue la familia Baker, con sus caras deformes, derritiéndose…como mascaras de cera; un ser del averno se desprendió de un árbol con aspecto cuasihumano, y con su tenacillas de sangre tomó por la espalda a Ángelo; este no opuso resistencia, el bloque se abrió de par en par, formando una gran boca dentada y putrefacta con restos orgánicos de humanos desmembrados, y en el centro estaba “HELENA” –¡Ven! ¡Ven! susurraba–, haciendo un ademán; Ángelo vio a una niña deforme con el rostro al revés, mientras el ente del averno esparcía un líquido de lava ardiente por su cuerpo – ¡Nooo! Dios, ¡me quemo! –, se escuchó un grito mortuorio en la soledad del bosque; los cuervos huyeron de los árboles y las serpientes se arrastraban por el bloque de piedra, esperando un nuevo amanecer. 

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