1
- ¡Señorita Beatriz! ¿Está segura de que desea este
prototipo? Tenemos muchos ejemplares aquí, y más sofisticados que este.
- ¡Sí!
Envuélvamelo. Oliver. Y también
quiero el Perrobot que está a su lado.
- ¡Con gusto! Madame.
Oliver activo a los robots y los puso en sus cajas
correspondientes.
- ¡Oliver!
- ¡Si Madame!
- ¿No se olvida de algo Usted?
Se quedó paralizado mirando los risos dorados de
Beatriz por un segundo.
- ¡Ah…, sí! ¡Qué olvidadizo! Aquí está el código
para activar a los robots –le paso un microchip en la mano –, Cuando llegue a
casa debe colocar el chip en su cerebro y decir en voz alta estos números
[13864508]. El Perrobot se activará coetáneamente con el robot adulto.
- ¡Gracias Oliver! Nos vemos pronto.
Beatriz hizo parar un taxi deslizador, cogió a los
robots y fue camino a casa de sus padres.
Cuando llegó a su casa, subió las escaleras, sin
decir nada a nadie, se fue directo a su habitación, saco a los robots de la
caja y los activo tal como dijo Oliver.
- ¡Buenas tardes Beatriz! –Saludó el robot
amablemente mientras se paraba de la cama.
- ¡Hola! –Respondió emocionada– ¿Tienes algún nombre?
–Preguntó emocionada.
-Sí, soy un X5-2100 ¿Y tú? ¿Eres mi ama?
- ¡Así es! Pero ese no es tu nombre, sino tu
modelo.
- ¿Qué es un nombre? –Preguntó el robot.
-Las personas tienen nombre, así las reconocemos
todo el tiempo. –dijo Beatriz.
-Pero yo no soy una persona, soy un robot.
- ¡Si lo sé!, Mmmm…, Pero de alguna manera
tendremos que nombrarte. ¡Ah! –Exclamó pensativa–, te llamaras “Milvac” Y en cuanto a ti –apuntó con su
dedo al pequeño perrobot –te llamaremos “Circuitos”.
Beatriz entendía que aquellos robots serían parte
de su vida por un buen momento. Sus padres trataban de complacerla en lo que
más podían, tal vez mimando a su hija, para ocultar la timidez que sentía para
hacer amigos, una característica propia de su edad.
Al día siguiente, una bella mañana primaveral la
sorprendió, el cantar de los zorzales era una liviana melodía para despertar;
Circuitos dormía a su lado.
- ¡Buenos días! Amita. –Lamió la cara de la niña
con su metálica y aceitosa lengua –, Beatriz sonrió.
- ¡Soy tu mascota enciclopédica! –dijo el perrobot
mientras saltaba moviendo su cola.
- ¿Mascota enciclopédica?
-Sí, ama, tengo un chip adicional en mi cerebro
Cyberbiónico con información de los últimos 2100 años ¡Gruauf! –Ladró Circuitos
moviendo su cola metálica.
-Qué bien serás muy útil para la escuela. A mis
amigas les encantará.
-Datos, fechas históricas, algebras, astrofísica,
biología, chistes, etc. Cualquier cosa ama, estoy a su servicio –dijo
emocionado Circuitos.
-Mmmm… ¿Puedes decirme qué es el amor? ¿Es cuando
mamá y papá se besan?
El perro saco su lengua lo más que pudo, como si
estuviera calculando y dijo:
- Bueno amita el amor es…
- ¡Buenos días! –Interrumpió Milvac de golpe. Aquí
le traigo su desayuno amita.
La niña comía sus tostadas con mermelada, mientras
Circuitos seguía pensando con la lengua afuera. En ese instante se escucha un
grito que venía de las escaleras.
- ¡Todo el mundo abajo! –dijo una voz dulzona.
Beatriz y sus hermanas escucharon atentamente y
bajaron, mientras los robots seguían sus pasos.
-Veo que ya tienes tus sorpresas hija mía. Sabía
que anhelabas un robot, así que hable con Oliver de la tienda de robótica, para
que te diera precisamente éste, me dijo que era muy especial. ¿Ya le has puesto nombre? –preguntó la Madre.
-Sí, se llama “Milvac”
- ¡Milvac! Que estupendo nombre ¿Y la mascota?
- ¡Ah! Él es “Circuitos” es un perro enciclopedia.
- ¿Perro enciclopedia? Qué bien hija te ayudará en
la escuela, debes tratarlos con mucho cuidado. ¡Excelente! Bueno…, Milvac y
Circuitos, bienvenido a nuestra casa.
Los robots respondieron con un “Gracias Madame”.
Milvac levantó su mano para saludar a la familia.
¿Les gustaría ver nuestra presentación ama?
Todos se miraron fijamente y rieron.
- ¡Está bien! Muéstranos. –dijo la madre.
Milvac dio vuelta su mano, y de la palma salió un
holograma que disparaba destellos fosforescentes y con su voz de hierro señalo:
“Robótica Dimensión S.A, modelo: X5-2100; número de serie y código del amor
incluido (13864508), única ley universal: “Servir
y amar al ser humano por sobre todas las cosas”
Circuitos comenzó a dar vueltas alrededor de
Milvac, ladrando y moviendo su cola emocionado, se lanza en los brazos de
Beatriz y le muestra su panza chillona con variadas luces de colores que
parpadeaban como luciérnagas.
Las niñas reían al ver al Perrobot saltar por toda
la casa.
- ¿Código del amor? ¿Qué significa eso? –Preguntó
la madre.
-Que tengo acceso a los sentimientos humanos, pero
solo si vuestra ama desea activarlo.
Amanda miró a sus hijas con desconcierto, y pensó
en la real posibilidad de que un robot podría compartir sentimientos humanos;
la idea la desconcertó y le dijo a Milvac que por el momento no deseaba hacerlo.
Amanda era
una mujer joven y hermosa, sus tres hijas eran idéntica a ella; tenía el pelo
dorado y rizado, sus mejillas rojizas y las manos de un maniquí.
Las chicas salieron de su casa, en dirección al
autobús que las llevaría a la escuela, mientras Amanda ordena a Milvac que siga
sus pasos.
- ¿Dónde nos dirigimos ama? –Preguntó el robot.
-Te mostraré tu habitación, aquí podrás hacer
aquellas cosas que los robots suelen hacer, el cuarto está lleno de libros
viejos, quizás puedas ordenarlos, hay un estante donde puedes dejarlos. Hace años
que he dejado de lado estos computadores y electrodomésticos y necesitan
reparación.
-Entendido ama, con gusto los repararé –dijo Milvac
con ansias.
Los libros estaban esparcidos por todo el suelo, y
varios de ellos guardado en cajas polvorientas, en su mayoría eran libros de
poemas y novelas románticas de la abuela, que en su juventud fue una connotada
escritora.
Milvac tomó uno de los libros y comenzó a leerlo a
una velocidad impresionante, sus dedos se movían como las alas de un colibrí.
- ¿Qué haces? –preguntó Amanda.
-Leo, dama, la poesía de la Abuela –contestó.
Luego se detuvo, paró su índice y exclamo:
“Y las aves del
cielo caerán como rayos
Y de tus ojos
nacerá la más bella melodía
Del canto
primaveral”
- ¡Que bellas palabras! Ya casi había olvidado
cuando mi madre escribió eso versos, que lindos recuerdos tengo de ella, era
tan solo una niña –se asombró Amanda.
Milvac la miró atentamente y luego suspiro.
-Hay mucha poesía de la abuela, aquí, en este
subterráneo olvidado, hare lo necesario para ordenar todo. Ama. O quizá, puedo
llamarla, Amanda. Mi ama. –preguntó el
Robot.
-Sí, no hay problema Milvac… puedes llamarme como
quieras.
El robot se sintió animado por la confianza que
Amanda le demostró. Por un momento, la expresión de sus ojos era casi humana y
confortante. Milvac caminó hacia un costado de la habitación, se acercó a la
ventana y pareció ver por ella, como si entendiera todo el mundo en el
exterior…, después preguntó:
- ¡Amanda! ¿Hace cuantos años que murió Almendra?
- ¡Mi madre! –Dijo la joven, mientras su fina mano
presionaba su pecho, en señal de asombro–, bueno, ella…ella…, ella solo
desapareció un día, luego la encontraron en su lecho, con unos libros de
Shakespeare en su regazo, le gustaba mucho Hamlet y soñaba con un día poder
interpretar su bella poesía.
- ¿Quién es Shakespeare? –preguntó el Robot.
-Es un antiquísimo escritor, de cientos de años
atrás; a mi madre le encantaba, siempre me hablaba de él cuando era niña.
Milvac observó la emoción que provocaba Shakespeare
en los ojos de Amanda. Caminó lentamente con una movilidad metálica, sus
piernas chillaron oxidadas, y en la estantería divisó un libro de Shakespeare,
era Hamlet; lo tomo con decisión y comenzó a pasar hoja por hoja a la velocidad
de la luz… ¡Listo! Dijo y después se acercó al costado de Amanda.
Le
recitó:
“Duda que hay fuego en los astros
Duda que se
mueva el sol
Duda que lo
falso es cierto
Mas no dudes de
mi amor”[1]
William
Shakespeare
- ¡Que maravilloso! Milvac, éste era uno de los
versos favoritos de mamá, siempre me decía aquello antes de ir a la cama
–Amanda se emocionó y sus ojos parecían dos rubíes brillantes a punto de
llorar.
Milvac la observó detenidamente, y ella pareció
corresponderle en la mirada…
- ¡Hola! Hola, ¡qué tal mi amor! ¿Cómo estas…?
–interrumpió la escena Cristóbal, el padre de las niñas.
Circuitos venía detrás de él, meneando su cola,
como una antena de TV.
-Él es Milvac –dijo Amanda –. Oliver lo recomendó
para las niñas, de la tienda de robótica. Las niñitas están felices, en
especial Beatriz.
Amanda se colgó del cuello de su marido
dichosamente recibiéndolo con un beso.
- ¡Ah! Y el pequeño Perrobot es enciclopédico
–agregó.
- ¿Enciclopédico…? –susurró Cristóbal.
-Sí, mira. Intenta una pregunta, cualquiera, lo
primero que se te venga a la cabeza
Cristóbal pensó por un momento y luego dijo:
- ¿De qué está hecho el universo? –Cristóbal
observó con atención al canino metálico.
Circuitos se echó al suelo y mostró su barriga
multicolor, y de una abertura es expandió un holograma que inundó la habitación
de planetas y estrellas. Una fina voz delicada clamoreó.
-El universo
está compuesto por la materia ordinaria que forma el cosmos y equivale al 1%
que forma planetas, estrellas, humanos y robots caninos por supuesto
–Milvac y la pareja sonrió –, y la
materia oscura, que hasta el momento ningún científico sabe lo que es,
representa un 30%; y el 70% restante es un misterio que solo los caninos
descifraremos en alguno de estos días –Circuitos inflamó su pecho
orgulloso–, luego dio un gran brinco hasta dar un lengüetazo a su ama y dijo un
¡Gruauf!.
- ¡Wow! ¡Es increíble! –Exclamó Cristóbal
asombrado–, de verdad eres un perrobot fantástico –se inclinó y acarició su
pequeña cabeza de hierro–, las niñas deben estar felices.
-Te lo dije –agregó Amanda dichosa–, muy bien,
vamos a preparar la cena, las niñas ya deben estar por llegar.
Milvac se hizo a un costado y siguió trabajando, su
mirada melancólica se perdió en un poema de Hamlet.
2
- ¡Hola! Circuitos –dijo Beatriz, el perrobot se
sentó en su pie y mostró su lengua rojiza cobalto –, ¡Buen chico! ¿Dónde está
Milvac…?
El canino meneo su cola juguetonamente, se quedó
mirándola, como queriendo decir un “No sé”, y después se echó mostrando su
barriga.
- ¡Eres un manipulador! –Beatriz sonrió dichosa –,
como un niño comiendo chocolates.
- ¡Ah! Así que este es Circuitos –dijo Belén, y su
cara parecía la de una niña traviesa – ¿es verdad que es un perro enciclopedia?
- ¡Por supuesto! –Replicó Beatriz; tomó a Circuitos
por la cintura, y le mostró un sello de fábrica con garantía incluida –, son
pocos los perrobot enciclopédicos y nosotras tenemos uno.
- ¡Es verdad! –Afirmó Berenice –, hubo un tiempo
que vendían varios ejemplares de perrobots enciclopedias, pero las niñas y los
niños los llevaban a la escuela, y hacían trampas en las pruebas, desde
entonces los sacaron de circulación, este debe ser uno de los pocos que
quedaban en la tienda de robótica. En realidad, somos afortunadas.
Las niñas pasearon al perrobot de mano en mano, y
este respondió con lamidos en sus rostros.
- ¡Buenas noches princesas! –Dijo Milvac–, la cena
está servida.
Beatriz corrió rápidamente y abrazó al robot.
- ¿Qué preparó mamá? –preguntó Belén.
Milvac extendió la palma de su mano y un holograma
iluminó la habitación, eran decenas de frutos, verduras y carnes…, comidas de
todas las especies.
-El menú de esta noche indica: pollo a la naranja
con esparrago frito, y sopa de cangrejo –agregó Milvac.
- ¡Mmmm! ¡que sabroso! –Dijo Beatriz– ¿Qué
esperamos…? ¡Vamos a comer! Muero del hambre.
- ¡Se ve apetitoso! Bueno, por lo menos en el
holograma se ve rico –dijo Berenice.
- ¡Sniff! ¡Sniff! –olisqueó Circuitos, en señal de
hambre.
Las niñas bajaron rápidamente las escaleras, Milvac
y Circuitos iban detrás.
- ¡Gracias! Milvac por poner la mesa –dijo Amanda
–, además de poeta, te viene bien el arte de la gastronomía.
-Así es madame. Pero no hay que olvidar la ayuda de
Circuitos, tiene más de diez mil recetas de exquisitos platos, incorporados en
su microchip.
-Pero eso es fabuloso Milvac –dijo Amanda mientras
se disponía a comer–, ¿has oído Cristóbal…? Nuestro perro enciclopedia tiene
recetas.
El padre llevó una botella de vino a la mesa, que
recién había abierto en la cocina, y le sirvió una copa a su esposa.
- ¡Mira! Que interesante, podremos pedir a
Circuitos recetas para maridaje de vino –se emocionó Cristóbal.
- ¡Niñitas! A sentarse, pues…, esto se ve sabroso
–dijo Amanda, las niñas se acomodaron en sus puestos.
- ¿Y…? ¿Qué me dicen…? ¿Cómo les fue en el colegio?
–preguntó Cristóbal rompiendo el silencio.
Las niñas se miraron esperando que alguien tomara
la iniciativa.
- ¡Bien papá! –Dijo Beatriz –, hoy nos pasaron el
antiguo sistema solar.
- ¡Ah! Si, te refieres aquel donde existían solo
ocho planetas. Pero hoy sabemos que son miles ¿no se cierto…?
Las niñas asintieron delicadamente.
-Papá, pero quizá Milvac sepa algo más al respecto –afirmó
Berenice.
- ¡Sí! Que se proyecte en el holograma –agregó
Belén
-Pero estamos comiendo –sugirió Amanda nerviosa, o
quizás, curiosa tal como las niñas.
-Está bien –dijo Milvac,
¡Gruauf! ¡Gruauf! Ladró el Perrobot en señal de atención, el holograma
salió de la palma de Milvac, y Circuitos ayudo con su barriga para darle más
proyección y colorido a los planetas–: “Al
comienzo en unos 4.600 millones de años, y un poco más, el sistema solar era
una nube de gas y polvo, conocido como nebulosa solar…”
Y así explicó Milvac, mientras todos cenaban, las
niñas lucían dichosas y alegres con los detalles y coloridos de la proyección;
los planetas danzaban por la mesa, por el Living, e incluso, algunos se
escaparon por las ventanas de la casa, y se traslucían por las cortinas, una
estrellas fugaz atravesó por los ojos de Beatriz y unos meteoritos cayeron en
la sopa de cangrejo de Berenice, júpiter apareció sobre la cabeza de Cristóbal,
dando un aspecto gracioso –las niñas rieron –, al costado del rostro de Amanda
estaba la luna, Milvac la puso frente su rostro, y después dejo que una lluvia
de estrellas jugara con su fino cabello; Circuitos se dio varias vueltas, como
si quisiera morder su cola, y Belén roso a Venus con sus dedos.
- ¡Que maravilloso! –Exclamó Amanda–, esto es muy
bello Milvac, ¿de dónde sale tanta información, y estos hologramas tan
impresionantes?
-De nuestro microchip, Ama. Circuitos y yo estamos
acondicionados con información de la antigua era, donde los robots eran más
primitivos y usados para reemplazar el trabajo humano, para aquel entonces, los
robots no hacían tareas domésticas…, pues ahora sí –dijo Milvac con un tono de
voz metálico y cabizbajo, luego miró a Amanda, como queriendo decir algo más…
- ¡Tengo una idea, mamá! –interrumpió Beatriz.
-No estarás pensando… –replicó Belén con ojos de
huevo frito.
-Sí, quiero llevar a Milvac a la escuela mamá y
quizás a dar un paseo por el parque.
Las niñas se miraron con un aire de complicidad.
- ¿Eh? ¡No lo sé! Puede ser peligroso niñas, ¿Qué pasa
si los niños le hacen algo a Milvac o a Circuitos? Los niños de ahora están muy
traviesos –dijo Amanda.
-Es una decisión difícil –agregó Cristóbal –,
debemos meditarlo. ¿No les parece…?
Beatriz insistió y arrugó su cara haciendo
pucheros. Las niñas se arrimaron a Beatriz y pusieron los ojos lagrimosos y dulces,
tan dulces como la miel, que Cristóbal no pude resistir.
- ¡Esta Bien! Pero deben prometer que será solo por
esta vez…, solo para que Milvac y el canino metálico puedan ver el mundo –dijo
Cristóbal–, y por esta vez, será un paseo, y nada más, hay mucha gente que le
teme a los robots, sobre todo a estos –señalo con su índice –, que son muy
inteligentes y especiales, pero también muy vulnerables.
Las niñas rieron con satisfacción. Beatriz se paró
de la mesa y abrazó al robot con todas sus fuerzas.
- ¡Y ahora! A terminar la comida –masculló Amanda
mientras engullía un esparrago frito.
3
- ¿Cómo llevaremos a Milvac? ¡Papá! ¡Ah, sí! Y a
Circuitos también, es mi perrobot genial –exclamó Beatriz.
-Los llevaremos en el carro deslizador –dijo
Cristóbal –, Belén y Berenice… ¿ya están listas…? Diles a las niñas que se apresuren,
no puedo llegar tarde al trabajo Amanda.
Las niñas se subieron al auto deslizante
apresuradamente, Circuitos estaba en las piernas de Milvac, y las tres niñas
sentadas en orden de estatura, muy calladas y obedientes, Amanda iba de
copiloto, mientras se pintaba los labios por el retrovisor.
- ¡Muy bien! Ya saben las reglas –dijo Cristóbal –,
las dejaré en la entrada de la escuela, Milvac y Circuito se quedarán con
ustedes todo el tiempo posible, luego, los pasaré a buscar en el parque, espero
que todo salga bien, y recuerden…, estos son robots especiales, tengan mucho
cuidado con la gente, a no todos les gustan estos robots tan inteligentes.
- ¡Gruauf! ¡Gruauf! –Ladró el perro mecánico y
asomó su nariz por la ventana trasera del auto deslizador –, ¡Mira! –exclamó
una niña que iba por la calle y apunto con su dedo a Circuito.
- ¡Lo haremos papá! No te preocupes –señaló
Berenice –, estaremos aquí cuando vuelvas.
- ¡Cuídense por favor! –agregó Amanda.
-No lo dude señora –repuso Milvac, y una tierna
mirada fue a dar a la pupila de Amanda, como si la expresión de aquellos
rojizos ojos rutilantes debajo de los parpados de metal fuera la última
epifanía de este mundo –; cuidaré de las niñas y esperaré todo el tiempo
necesario si es preciso…
Amanda asintió delicadamente mientras Milvac
hablaba.
- ¡Muy bien! Niñas ¿Están listas…? Hemos llegado,
ya pueden bajarse del auto deslizador –rezongó Cristóbal.
El complejo era inmenso, sus salones y pérgolas
estaban ordenadas como piezas de lego; había jardines y juegos colgantes, y un
pizarrón holográfico se deslizaba por todo el recinto informando el itinerario
y horario de clases, en la entrada de la institución había un cartel que decía:
<<Complejo de
Niñas Futuro: el bello y maravilloso mundo del saber>> , los álamos
emergían entre los juegos diminutos de hierro y cobre, y una micro-pantalla con
el rostro de quien sería el fundador de la institución. Las flores bicolores
crecían en el pasto, y cada vez que un niño travieso las arrancaba, volvía a
salir otra más bella y fluorescente.
- ¡Guau! Con que así luce el mundo real –exclamó
Milvac–, será posible que todos aquellos artefactos que utilizan los niños sean
robotizados ¿de dónde provienen? De la tienda de Oliver.
Beatriz miró al robot con ternura. Sus ojos se
tornaron más azules con la luz del sol
-Que ingenuo es tu robot –masculló Belén–. Bueno,
creo que iré a jugar con mis amigas. Ahí se ven.
- ¿Estarás bien Beatriz? Recuerda lo que dijo papá,
estos robots son especiales –terció Berenice–, estaré en la biblioteca virtual,
cualquier cosa me avisas por el fonovisor ¡Vale!
- ¡Vale! –agregó Beatriz.
- ¡Gruauf! ¡Gruauf! –respondió
Circuitos sugiriendo entender. Y su cola se puso alerta.
4
- ¿Cuántas estrellas hay en el universo? –preguntó
Eloísa Bill, la niña más malhumorada del Complejo –, tu super perro… ¿es capaz
de responder eso? –. La gordota niña se inclinó hacia Beatriz en una actitud desafiante.
- ¡No es un super perro! Sonsa, es un Perrobot, y
de los mejores que hay –Beatriz se defendió, y observó a la niña, que era mucho
más grande y robusta que ella, con unos rayos fulminantes que escaparon de sus
ojos.
- ¿Quién te lo dio? ¿papá? ¡niña bonita!
–contestó–, pero aquí no está papá para que te cuide… ¿verdad?, y los robots no
atacan a los humanos.
Circuitos se echó en el suelo y mostró su panza
colorida, intentando de persuadir a la voluptuosa niña, pero esta, le dio un
puntapié, y Circuitos gimió como un cachorro asustado.
- ¿Y no es un perro enciclopedia? No es capaz de
responder eso, es un perro necio igual que su ama.
Las demás alumnas se acercaron y formaron un
circulo alrededor de las niñas y de los robots.
- ¡Cierra la boca! ¡Tú no sabes nada de ellos
–desesperó Beatriz, y su dulce voz se atraganto con temor! Los robots se
acurrucaron detrás de Beatriz, como si fueran niños asustados –, ya ¡vete de
aquí!
-Tus robots están obsoletos ¡mira! ¡Eh! Aun no
pueden responder la pregunta –replicó Eloísa –, ¿Cuántas estrellas hay en el
maldito universo?
-Son 100 mil millones de estrellas –interrumpió
Milvac.
- ¿Qué…? –insistió la niña y apretó su puño –, ¿100
mil millones? ¿de dónde sacaste a este estúpido robot?
- ¡No lo llames estúpido! Milvac es capaz de
responder eso y mucho más – masculló Beatriz con firmeza, Circuitos comenzó a
pucherear asustado.
-Nuestra galaxia tiene una masa de 100 mil millones
de soles, que es un promedio de los tipos de estrellas que existen, esto produce
un resultado de 100 mil millones de estrellas dentro de esta galaxia –repitió
Milvac en un tono nervioso. Su garganta de metal se agitó
-Tu robot está loco, ¡Vamos! Hay que desmantelarlo
–agregó Eloísa, mientras agitaba al resto de las niñas para amedrentar al robot.
-Eres una obtusa. No puedes soportar que mi robot
sea más inteligente que tú – dijo Beatriz mientras retrocedía poco a poco con Circuito
entre las piernas.
Las niñas comenzaron a zamarrearlas y a dar patadas
en las piernas de lata de Milvac. Circuitos corrió y se ocultó detrás de una máquina
deslizante de basura. Beatriz soportaba los empujones tenazmente, sin que los
músculos de su cara expresaran miedo.
- ¡Crajajaja! 100 mil estrellas… –se burló la
insoportable niña –. Tu sucia hojalata no sabe contar, será mejor que te los
lleves de aquí. ¡Niñas! ¡a ellos! –se abalanzó la obesa jovencita encima de los
robots.
Beatriz cerró sus ojos, esperando que la mofa de
las niñas pasara y se tapó los oídos con sus manos.
Milvac gesticuló una mueca extraña, y un sonido de
flautín salió de su boca…, las niñas asustadas retrocedieron.
-Pero… ¿Qué narices es eso…? Suena como una
orquesta de aves o algo por el estilo –dijo una de las niñas abusadoras.
Milvac extendió sus brazos de par en par, y dibujó
un circulo en el cielo, un holograma gigantesco cubrió todo el complejo,
nuevamente estaba lleno de planetas y constelaciones…, el sistema solar se
distribuyó por rededor como una cascada sideral de estrellas. Mercurio se cruzó
fugazmente y se posó en un álamo del jardín; Venus llegó sin aviso desde la
superficie cromada del complejo, y Júpiter aplastó a las malhumoradas niñas que
no entendían nada de lo que estaba sucediendo.
- ¡Santas Galaxias! –dijo la Profesora Heredia de
robótica básica–, hace muchos años que no veía un efecto holográfico como este,
desde mis aventuras en la Universidad –musitó.
Milvac cerró el circulo y clamoreó:
- ¡Atención! ¡Atención! ¡Por favor, retrocedan! Se
ha activado mi sistema de escape. Les pido disculpas, por favor…
Sus ojos fotoeléctricos se tornaron más rutilantes,
como dos cerezas rojas. La fuente de energía se incrementó gradualmente hasta
que llegó a toda su potencia. Se activó sus sensores táctiles e infrarrojos y
un impulso electrónico recorrió todo su metálico cuerpo; detrás de sus piernas emergió
un vapor y se prendió el sistema de propulsión; sus brazos se trasformaron en
dos grandes alas de hierro con sensores tácticos supersónicos.
- ¡Muy bien! Acóplate Circuitos –ordenó Milvac –,
el perrobot dio un brinco y se enganchó en la espalda del autómata.
Milvac juntó sus alas haciendo un puente hasta su
cuello.
- ¡Sube! – le dijo a Beatriz–, debemos salir de
aquí, el sistema ya está activado, no puedo detenerlo. Ya es hora.
La niña trepó por los brazos-alas de Milvac y se
enrolló a su cuello.
- ¡Gruauf! ¡Gruauf! –labró Circuitos emocionado
mientras su barriga centellaba rayos de felicidad.
Los pies de Milvac comenzaron a separarse de la
superficie ante las miradas atónitas de las alumnas y profesores del Complejo de Niñas Futuro, sus bocas
abiertas babeaban sin reaccionar ante la elegancia con que Milvac despegó del
suelo.
- ¡Yuuujuu! –dijo Beatriz y le sacó la lengua en
una morisqueta a Eloísa mientras se elevaba por el cielo.
- ¡Me las pagaras! – farfulló la niña.
Milvac despegó y la cara mágica de Beatriz contenía
una alegría que jamás había sentido. Sentía fascinación no solo por haber
dejado a Eloísa con el rabo entre sus lánguidas piernas de niña traviesa, sino
también, le daba un gusto enorme la sorpresa que Milvac tenía guardada.
- ¡Sujétense bien! –espetó Milvac–, ahora viene lo
mejor. La trasformación comenzará en cualquier momento.
- ¡Transformación? –dijo Beatriz con su dedo en la
boca.
De la espalda del robot asomaron dos bloques de
cristal platinoides que se adhirieron a los brazos-alas de Milvac, formando una
gran esfera luminosa que dio giros alternados en el cielo. El bólido subió a
toda velocidad hasta llegar a la troposfera.
- ¿A dónde vamos Milvac? – preguntó Beatriz
emocionada.
- ¡Ajá! Es una sorpresa…, ahora activaremos la capa
gravitatoria.
Milvac hizo un movimiento ligero dentro de la
esfera…, giró una palanca y un escudo azulino cubrió la esfera en su exterior,
dando la sensación de estar dentro de un cristal gigante y pesado.
- ¡Es hermoso Milvac!
-Siempre hemos vistos las presentaciones de los
hologramas. Pero, por primera vez en tu vida lo veras realmente –dijo el robot–,
alguna vez, en el pasado, existieron más robots como yo, nuestro creador fue un
amante del sistema solar y de los libros holográficos…, debo suponer que eso
está dentro de nuestro sistema Cyberbiónico.
- ¡Gruauf! –ladró Circuitos y lamio la cara de la
niña y el rostro metálico del robot.
- ¿Puedes decirme precisamente donde estamos
circuitos? –pregunto felizmente la niña.
-Sí ama. Buscaré en mi registro enciclopédico –el
perrobot apretó un botón amarillo que se asomaba en su barriga con su pata
metálica.
-Estamos
cruzando la Troposfera, y en 5 km más estaremos en la Estratosfera, 50 km para
llegar a la Mesosfera, en 80 km la Termosfera; hasta que en 500 km cruzaremos
finalmente la Exosfera para llegar al especio exterior. –el perrobot mostró
su lengua colorida en señal de cansancio.
- ¡Vamos al espacio? –exclamó la niña. Circuitos
lamió su mejilla.
- ¡Riiiing! ¡Riiiing! –vibró la barriga de Milvac.
- ¿Qué es eso…?
-Creo que es la Señora…, debe estar preocupada…
- ¡Aló! ¡Hija! ¿Dónde estás…? – desesperó Amanda–,
la profesora Heredia de la clase de robótica básica me ha contado lo sucedido
en el patio de la escuela. A Eloísa la reprendieron. Pero tú mi amor ¿Dónde
estás? Tu padre, tus hermanas están muy preocupadas…
-No te preocupes mamá, estoy con Milvac y el
Perrobot.
- ¡Milvac!
Oh Dios, escuché que Milvac salió volando ¿es eso posible?
-Sí mamá, ahora vamos en camino.
- ¿Vienes para cenar?
- ¡No! Vamos en camino al Sistema Solar. No te
preocupes, estaremos bien.
- ¿Sistema Solar…? ¡Hija! ¡Aló!...
- ¡Atención! Hemos cruzado la Exosfera amigos –dijo
Milvac emocionado–. Y esto recién comienza…
Continuará
GTF.

