lunes, 22 de enero de 2018

MILVAC



1

- ¡Señorita Beatriz! ¿Está segura de que desea este prototipo? Tenemos muchos ejemplares aquí, y más sofisticados que este.
- ¡Sí!  Envuélvamelo. Oliver.  Y también quiero el Perrobot que está a su lado.
- ¡Con gusto!  Madame.
Oliver activo a los robots y los puso en sus cajas correspondientes.
- ¡Oliver!
- ¡Si Madame!
- ¿No se olvida de algo Usted?
Se quedó paralizado mirando los risos dorados de Beatriz por un segundo.
- ¡Ah…, sí! ¡Qué olvidadizo! Aquí está el código para activar a los robots –le paso un microchip en la mano –, Cuando llegue a casa debe colocar el chip en su cerebro y decir en voz alta estos números [13864508]. El Perrobot se activará coetáneamente con el robot adulto.
- ¡Gracias Oliver! Nos vemos pronto.
Beatriz hizo parar un taxi deslizador, cogió a los robots y fue camino a casa de sus padres.
Cuando llegó a su casa, subió las escaleras, sin decir nada a nadie, se fue directo a su habitación, saco a los robots de la caja y los activo tal como dijo Oliver.
- ¡Buenas tardes Beatriz! –Saludó el robot amablemente mientras se paraba de la cama.
- ¡Hola! –Respondió emocionada– ¿Tienes algún nombre? –Preguntó emocionada.
-Sí, soy un X5-2100 ¿Y tú? ¿Eres mi ama?
- ¡Así es! Pero ese no es tu nombre, sino tu modelo.
- ¿Qué es un nombre? –Preguntó el robot.
-Las personas tienen nombre, así las reconocemos todo el tiempo. –dijo Beatriz.
-Pero yo no soy una persona, soy un robot.
- ¡Si lo sé!, Mmmm…, Pero de alguna manera tendremos que nombrarte. ¡Ah! –Exclamó pensativa–, te llamaras “Milvac” Y en cuanto a ti –apuntó con su dedo al pequeño perrobot –te llamaremos “Circuitos”.
Beatriz entendía que aquellos robots serían parte de su vida por un buen momento. Sus padres trataban de complacerla en lo que más podían, tal vez mimando a su hija, para ocultar la timidez que sentía para hacer amigos, una característica propia de su edad.

Al día siguiente, una bella mañana primaveral la sorprendió, el cantar de los zorzales era una liviana melodía para despertar; Circuitos dormía a su lado.
- ¡Buenos días! Amita. –Lamió la cara de la niña con su metálica y aceitosa lengua –, Beatriz sonrió.
- ¡Soy tu mascota enciclopédica! –dijo el perrobot mientras saltaba moviendo su cola.
- ¿Mascota enciclopédica?
-Sí, ama, tengo un chip adicional en mi cerebro Cyberbiónico con información de los últimos 2100 años ¡Gruauf! –Ladró Circuitos moviendo su cola metálica.
-Qué bien serás muy útil para la escuela. A mis amigas les encantará.
-Datos, fechas históricas, algebras, astrofísica, biología, chistes, etc. Cualquier cosa ama, estoy a su servicio –dijo emocionado Circuitos.
-Mmmm… ¿Puedes decirme qué es el amor? ¿Es cuando mamá y papá se besan?
El perro saco su lengua lo más que pudo, como si estuviera calculando y dijo:
- Bueno amita el amor es…
- ¡Buenos días! –Interrumpió Milvac de golpe. Aquí le traigo su desayuno amita.
La niña comía sus tostadas con mermelada, mientras Circuitos seguía pensando con la lengua afuera. En ese instante se escucha un grito que venía de las escaleras.
- ¡Todo el mundo abajo! –dijo una voz dulzona.
Beatriz y sus hermanas escucharon atentamente y bajaron, mientras los robots seguían sus pasos.
-Veo que ya tienes tus sorpresas hija mía. Sabía que anhelabas un robot, así que hable con Oliver de la tienda de robótica, para que te diera precisamente éste, me dijo que era muy especial.  ¿Ya le has puesto nombre? –preguntó la Madre.
-Sí, se llama “Milvac”
- ¡Milvac! Que estupendo nombre ¿Y la mascota?
- ¡Ah! Él es “Circuitos” es un perro enciclopedia.
- ¿Perro enciclopedia? Qué bien hija te ayudará en la escuela, debes tratarlos con mucho cuidado. ¡Excelente! Bueno…, Milvac y Circuitos, bienvenido a nuestra casa.
Los robots respondieron con un “Gracias Madame”.
Milvac levantó su mano para saludar a la familia. ¿Les gustaría ver nuestra presentación ama?
Todos se miraron fijamente y rieron.
- ¡Está bien! Muéstranos.  –dijo la madre.
Milvac dio vuelta su mano, y de la palma salió un holograma que disparaba destellos fosforescentes y con su voz de hierro señalo: “Robótica Dimensión S.A, modelo: X5-2100; número de serie y código del amor incluido (13864508), única ley universal: “Servir y amar al ser humano por sobre todas las cosas”
Circuitos comenzó a dar vueltas alrededor de Milvac, ladrando y moviendo su cola emocionado, se lanza en los brazos de Beatriz y le muestra su panza chillona con variadas luces de colores que parpadeaban como luciérnagas.
Las niñas reían al ver al Perrobot saltar por toda la casa.
- ¿Código del amor? ¿Qué significa eso? –Preguntó la madre.
-Que tengo acceso a los sentimientos humanos, pero solo si vuestra ama desea activarlo.
Amanda miró a sus hijas con desconcierto, y pensó en la real posibilidad de que un robot podría compartir sentimientos humanos; la idea la desconcertó y le dijo a Milvac que por el momento no deseaba hacerlo.
 Amanda era una mujer joven y hermosa, sus tres hijas eran idéntica a ella; tenía el pelo dorado y rizado, sus mejillas rojizas y las manos de un maniquí.
Las chicas salieron de su casa, en dirección al autobús que las llevaría a la escuela, mientras Amanda ordena a Milvac que siga sus pasos.
- ¿Dónde nos dirigimos ama? –Preguntó el robot.
-Te mostraré tu habitación, aquí podrás hacer aquellas cosas que los robots suelen hacer, el cuarto está lleno de libros viejos, quizás puedas ordenarlos, hay un estante donde puedes dejarlos. Hace años que he dejado de lado estos computadores y electrodomésticos y necesitan reparación.
-Entendido ama, con gusto los repararé –dijo Milvac con ansias.
Los libros estaban esparcidos por todo el suelo, y varios de ellos guardado en cajas polvorientas, en su mayoría eran libros de poemas y novelas románticas de la abuela, que en su juventud fue una connotada escritora.
Milvac tomó uno de los libros y comenzó a leerlo a una velocidad impresionante, sus dedos se movían como las alas de un colibrí.
- ¿Qué haces? –preguntó Amanda.
-Leo, dama, la poesía de la Abuela –contestó.
Luego se detuvo, paró su índice y exclamo:

“Y las aves del cielo caerán como rayos
Y de tus ojos nacerá la más bella melodía
Del canto primaveral”

- ¡Que bellas palabras! Ya casi había olvidado cuando mi madre escribió eso versos, que lindos recuerdos tengo de ella, era tan solo una niña –se asombró Amanda.
Milvac la miró atentamente y luego suspiro.
-Hay mucha poesía de la abuela, aquí, en este subterráneo olvidado, hare lo necesario para ordenar todo. Ama. O quizá, puedo llamarla, Amanda.  Mi ama. –preguntó el Robot.
-Sí, no hay problema Milvac… puedes llamarme como quieras.
El robot se sintió animado por la confianza que Amanda le demostró. Por un momento, la expresión de sus ojos era casi humana y confortante. Milvac caminó hacia un costado de la habitación, se acercó a la ventana y pareció ver por ella, como si entendiera todo el mundo en el exterior…, después preguntó:
- ¡Amanda! ¿Hace cuantos años que murió Almendra?
- ¡Mi madre! –Dijo la joven, mientras su fina mano presionaba su pecho, en señal de asombro–, bueno, ella…ella…, ella solo desapareció un día, luego la encontraron en su lecho, con unos libros de Shakespeare en su regazo, le gustaba mucho Hamlet y soñaba con un día poder interpretar su bella poesía.
- ¿Quién es Shakespeare? –preguntó el Robot.
-Es un antiquísimo escritor, de cientos de años atrás; a mi madre le encantaba, siempre me hablaba de él cuando era niña.
Milvac observó la emoción que provocaba Shakespeare en los ojos de Amanda. Caminó lentamente con una movilidad metálica, sus piernas chillaron oxidadas, y en la estantería divisó un libro de Shakespeare, era Hamlet; lo tomo con decisión y comenzó a pasar hoja por hoja a la velocidad de la luz… ¡Listo! Dijo y después se acercó al costado de Amanda.
Le recitó:                                    

               “Duda que hay fuego en los astros
Duda que se mueva el sol
Duda que lo falso es cierto
Mas no dudes de mi amor”[1]

William Shakespeare

- ¡Que maravilloso! Milvac, éste era uno de los versos favoritos de mamá, siempre me decía aquello antes de ir a la cama –Amanda se emocionó y sus ojos parecían dos rubíes brillantes a punto de llorar.
Milvac la observó detenidamente, y ella pareció corresponderle en la mirada…
- ¡Hola! Hola, ¡qué tal mi amor! ¿Cómo estas…? –interrumpió la escena Cristóbal, el padre de las niñas.
Circuitos venía detrás de él, meneando su cola, como una antena de TV. 
-Él es Milvac –dijo Amanda –. Oliver lo recomendó para las niñas, de la tienda de robótica. Las niñitas están felices, en especial Beatriz.
Amanda se colgó del cuello de su marido dichosamente recibiéndolo con un beso.
- ¡Ah! Y el pequeño Perrobot es enciclopédico –agregó.
- ¿Enciclopédico…? –susurró Cristóbal.
-Sí, mira. Intenta una pregunta, cualquiera, lo primero que se te venga a la cabeza
Cristóbal pensó por un momento y luego dijo:
- ¿De qué está hecho el universo? –Cristóbal observó con atención al canino metálico.
Circuitos se echó al suelo y mostró su barriga multicolor, y de una abertura es expandió un holograma que inundó la habitación de planetas y estrellas. Una fina voz delicada clamoreó.
-El universo está compuesto por la materia ordinaria que forma el cosmos y equivale al 1% que forma planetas, estrellas, humanos y robots caninos por supuesto –Milvac y la pareja sonrió –, y la materia oscura, que hasta el momento ningún científico sabe lo que es, representa un 30%; y el 70% restante es un misterio que solo los caninos descifraremos en alguno de estos días –Circuitos inflamó su pecho orgulloso–, luego dio un gran brinco hasta dar un lengüetazo a su ama y dijo un ¡Gruauf!.
- ¡Wow! ¡Es increíble! –Exclamó Cristóbal asombrado–, de verdad eres un perrobot fantástico –se inclinó y acarició su pequeña cabeza de hierro–, las niñas deben estar felices.
-Te lo dije –agregó Amanda dichosa–, muy bien, vamos a preparar la cena, las niñas ya deben estar por llegar.
Milvac se hizo a un costado y siguió trabajando, su mirada melancólica se perdió en un poema de Hamlet.     
2

- ¡Hola! Circuitos –dijo Beatriz, el perrobot se sentó en su pie y mostró su lengua rojiza cobalto –, ¡Buen chico! ¿Dónde está Milvac…?
El canino meneo su cola juguetonamente, se quedó mirándola, como queriendo decir un “No sé”, y después se echó mostrando su barriga.
- ¡Eres un manipulador! –Beatriz sonrió dichosa –, como un niño comiendo chocolates.
- ¡Ah! Así que este es Circuitos –dijo Belén, y su cara parecía la de una niña traviesa – ¿es verdad que es un perro enciclopedia?
- ¡Por supuesto! –Replicó Beatriz; tomó a Circuitos por la cintura, y le mostró un sello de fábrica con garantía incluida –, son pocos los perrobot enciclopédicos y nosotras tenemos uno.
- ¡Es verdad! –Afirmó Berenice –, hubo un tiempo que vendían varios ejemplares de perrobots enciclopedias, pero las niñas y los niños los llevaban a la escuela, y hacían trampas en las pruebas, desde entonces los sacaron de circulación, este debe ser uno de los pocos que quedaban en la tienda de robótica. En realidad, somos afortunadas.
Las niñas pasearon al perrobot de mano en mano, y este respondió con lamidos en sus rostros.   
- ¡Buenas noches princesas! –Dijo Milvac–, la cena está servida.
Beatriz corrió rápidamente y abrazó al robot.
- ¿Qué preparó mamá? –preguntó Belén.
Milvac extendió la palma de su mano y un holograma iluminó la habitación, eran decenas de frutos, verduras y carnes…, comidas de todas las especies.
-El menú de esta noche indica: pollo a la naranja con esparrago frito, y sopa de cangrejo –agregó Milvac.
- ¡Mmmm! ¡que sabroso! –Dijo Beatriz– ¿Qué esperamos…? ¡Vamos a comer! Muero del hambre.
- ¡Se ve apetitoso! Bueno, por lo menos en el holograma se ve rico –dijo Berenice.
- ¡Sniff! ¡Sniff! –olisqueó Circuitos, en señal de hambre.
Las niñas bajaron rápidamente las escaleras, Milvac y Circuitos iban detrás.
- ¡Gracias! Milvac por poner la mesa –dijo Amanda –, además de poeta, te viene bien el arte de la gastronomía.
-Así es madame. Pero no hay que olvidar la ayuda de Circuitos, tiene más de diez mil recetas de exquisitos platos, incorporados en su microchip.
-Pero eso es fabuloso Milvac –dijo Amanda mientras se disponía a comer–, ¿has oído Cristóbal…? Nuestro perro enciclopedia tiene recetas.
El padre llevó una botella de vino a la mesa, que recién había abierto en la cocina, y le sirvió una copa a su esposa.
- ¡Mira! Que interesante, podremos pedir a Circuitos recetas para maridaje de vino –se emocionó Cristóbal.
- ¡Niñitas! A sentarse, pues…, esto se ve sabroso –dijo Amanda, las niñas se acomodaron en sus puestos.
- ¿Y…? ¿Qué me dicen…? ¿Cómo les fue en el colegio? –preguntó Cristóbal rompiendo el silencio.
Las niñas se miraron esperando que alguien tomara la iniciativa.
- ¡Bien papá! –Dijo Beatriz –, hoy nos pasaron el antiguo sistema solar.
- ¡Ah! Si, te refieres aquel donde existían solo ocho planetas. Pero hoy sabemos que son miles ¿no se cierto…?
Las niñas asintieron delicadamente.
-Papá, pero quizá Milvac sepa algo más al respecto –afirmó Berenice.
- ¡Sí! Que se proyecte en el holograma –agregó Belén
-Pero estamos comiendo –sugirió Amanda nerviosa, o quizás, curiosa tal como las niñas.
-Está bien –dijo Milvac, ¡Gruauf! ¡Gruauf! Ladró el Perrobot en señal de atención, el holograma salió de la palma de Milvac, y Circuitos ayudo con su barriga para darle más proyección y colorido a los planetas–: “Al comienzo en unos 4.600 millones de años, y un poco más, el sistema solar era una nube de gas y polvo, conocido como nebulosa solar…” 
Y así explicó Milvac, mientras todos cenaban, las niñas lucían dichosas y alegres con los detalles y coloridos de la proyección; los planetas danzaban por la mesa, por el Living, e incluso, algunos se escaparon por las ventanas de la casa, y se traslucían por las cortinas, una estrellas fugaz atravesó por los ojos de Beatriz y unos meteoritos cayeron en la sopa de cangrejo de Berenice, júpiter apareció sobre la cabeza de Cristóbal, dando un aspecto gracioso –las niñas rieron –, al costado del rostro de Amanda estaba la luna, Milvac la puso frente su rostro, y después dejo que una lluvia de estrellas jugara con su fino cabello; Circuitos se dio varias vueltas, como si quisiera morder su cola, y Belén roso a Venus con sus dedos.
- ¡Que maravilloso! –Exclamó Amanda–, esto es muy bello Milvac, ¿de dónde sale tanta información, y estos hologramas tan impresionantes?
-De nuestro microchip, Ama. Circuitos y yo estamos acondicionados con información de la antigua era, donde los robots eran más primitivos y usados para reemplazar el trabajo humano, para aquel entonces, los robots no hacían tareas domésticas…, pues ahora sí –dijo Milvac con un tono de voz metálico y cabizbajo, luego miró a Amanda, como queriendo decir algo más…
- ¡Tengo una idea, mamá! –interrumpió Beatriz.
-No estarás pensando… –replicó Belén con ojos de huevo frito.
-Sí, quiero llevar a Milvac a la escuela mamá y quizás a dar un paseo por el parque.
Las niñas se miraron con un aire de complicidad.
- ¿Eh? ¡No lo sé! Puede ser peligroso niñas, ¿Qué pasa si los niños le hacen algo a Milvac o a Circuitos? Los niños de ahora están muy traviesos –dijo Amanda.
-Es una decisión difícil –agregó Cristóbal –, debemos meditarlo. ¿No les parece…?
Beatriz insistió y arrugó su cara haciendo pucheros. Las niñas se arrimaron a Beatriz y pusieron los ojos lagrimosos y dulces, tan dulces como la miel, que Cristóbal no pude resistir.
- ¡Esta Bien! Pero deben prometer que será solo por esta vez…, solo para que Milvac y el canino metálico puedan ver el mundo –dijo Cristóbal–, y por esta vez, será un paseo, y nada más, hay mucha gente que le teme a los robots, sobre todo a estos –señalo con su índice –, que son muy inteligentes y especiales, pero también muy vulnerables.
Las niñas rieron con satisfacción. Beatriz se paró de la mesa y abrazó al robot con todas sus fuerzas.
- ¡Y ahora! A terminar la comida –masculló Amanda mientras engullía un esparrago frito.

3

- ¿Cómo llevaremos a Milvac? ¡Papá! ¡Ah, sí! Y a Circuitos también, es mi perrobot genial –exclamó Beatriz.
-Los llevaremos en el carro deslizador –dijo Cristóbal –, Belén y Berenice… ¿ya están listas…? Diles a las niñas que se apresuren, no puedo llegar tarde al trabajo Amanda.
Las niñas se subieron al auto deslizante apresuradamente, Circuitos estaba en las piernas de Milvac, y las tres niñas sentadas en orden de estatura, muy calladas y obedientes, Amanda iba de copiloto, mientras se pintaba los labios por el retrovisor.
- ¡Muy bien! Ya saben las reglas –dijo Cristóbal –, las dejaré en la entrada de la escuela, Milvac y Circuito se quedarán con ustedes todo el tiempo posible, luego, los pasaré a buscar en el parque, espero que todo salga bien, y recuerden…, estos son robots especiales, tengan mucho cuidado con la gente, a no todos les gustan estos robots tan inteligentes.
- ¡Gruauf! ¡Gruauf! –Ladró el perro mecánico y asomó su nariz por la ventana trasera del auto deslizador –, ¡Mira! –exclamó una niña que iba por la calle y apunto con su dedo a Circuito.
- ¡Lo haremos papá! No te preocupes –señaló Berenice –, estaremos aquí cuando vuelvas.
- ¡Cuídense por favor! –agregó Amanda.
-No lo dude señora –repuso Milvac, y una tierna mirada fue a dar a la pupila de Amanda, como si la expresión de aquellos rojizos ojos rutilantes debajo de los parpados de metal fuera la última epifanía de este mundo –; cuidaré de las niñas y esperaré todo el tiempo necesario si es preciso…
Amanda asintió delicadamente mientras Milvac hablaba.
- ¡Muy bien! Niñas ¿Están listas…? Hemos llegado, ya pueden bajarse del auto deslizador –rezongó Cristóbal.
El complejo era inmenso, sus salones y pérgolas estaban ordenadas como piezas de lego; había jardines y juegos colgantes, y un pizarrón holográfico se deslizaba por todo el recinto informando el itinerario y horario de clases, en la entrada de la institución había un cartel que decía: <<Complejo de Niñas Futuro: el bello y maravilloso mundo del saber>> , los álamos emergían entre los juegos diminutos de hierro y cobre, y una micro-pantalla con el rostro de quien sería el fundador de la institución. Las flores bicolores crecían en el pasto, y cada vez que un niño travieso las arrancaba, volvía a salir otra más bella y fluorescente.
- ¡Guau! Con que así luce el mundo real –exclamó Milvac–, será posible que todos aquellos artefactos que utilizan los niños sean robotizados ¿de dónde provienen? De la tienda de Oliver.
Beatriz miró al robot con ternura. Sus ojos se tornaron más azules con la luz del sol
-Que ingenuo es tu robot –masculló Belén–. Bueno, creo que iré a jugar con mis amigas. Ahí se ven.
- ¿Estarás bien Beatriz? Recuerda lo que dijo papá, estos robots son especiales –terció Berenice–, estaré en la biblioteca virtual, cualquier cosa me avisas por el fonovisor ¡Vale!
- ¡Vale! –agregó Beatriz.
- ¡Gruauf! ¡Gruauf! –respondió Circuitos sugiriendo entender. Y su cola se puso alerta.   

4

- ¿Cuántas estrellas hay en el universo? –preguntó Eloísa Bill, la niña más malhumorada del Complejo –, tu super perro… ¿es capaz de responder eso? –. La gordota niña se inclinó hacia Beatriz en una actitud desafiante.
- ¡No es un super perro! Sonsa, es un Perrobot, y de los mejores que hay –Beatriz se defendió, y observó a la niña, que era mucho más grande y robusta que ella, con unos rayos fulminantes que escaparon de sus ojos.
- ¿Quién te lo dio? ¿papá? ¡niña bonita! –contestó–, pero aquí no está papá para que te cuide… ¿verdad?, y los robots no atacan a los humanos.
Circuitos se echó en el suelo y mostró su panza colorida, intentando de persuadir a la voluptuosa niña, pero esta, le dio un puntapié, y Circuitos gimió como un cachorro asustado.
- ¿Y no es un perro enciclopedia? No es capaz de responder eso, es un perro necio igual que su ama.
Las demás alumnas se acercaron y formaron un circulo alrededor de las niñas y de los robots.
- ¡Cierra la boca! ¡Tú no sabes nada de ellos –desesperó Beatriz, y su dulce voz se atraganto con temor! Los robots se acurrucaron detrás de Beatriz, como si fueran niños asustados –, ya ¡vete de aquí!
-Tus robots están obsoletos ¡mira! ¡Eh! Aun no pueden responder la pregunta –replicó Eloísa –, ¿Cuántas estrellas hay en el maldito universo?
-Son 100 mil millones de estrellas –interrumpió Milvac.
- ¿Qué…? –insistió la niña y apretó su puño –, ¿100 mil millones? ¿de dónde sacaste a este estúpido robot?
- ¡No lo llames estúpido! Milvac es capaz de responder eso y mucho más – masculló Beatriz con firmeza, Circuitos comenzó a pucherear asustado.
-Nuestra galaxia tiene una masa de 100 mil millones de soles, que es un promedio de los tipos de estrellas que existen, esto produce un resultado de 100 mil millones de estrellas dentro de esta galaxia –repitió Milvac en un tono nervioso. Su garganta de metal se agitó
-Tu robot está loco, ¡Vamos! Hay que desmantelarlo –agregó Eloísa, mientras agitaba al resto de las niñas para amedrentar al robot.
-Eres una obtusa. No puedes soportar que mi robot sea más inteligente que tú – dijo Beatriz mientras retrocedía poco a poco con Circuito entre las piernas.
Las niñas comenzaron a zamarrearlas y a dar patadas en las piernas de lata de Milvac. Circuitos corrió y se ocultó detrás de una máquina deslizante de basura. Beatriz soportaba los empujones tenazmente, sin que los músculos de su cara expresaran miedo.
- ¡Crajajaja! 100 mil estrellas… –se burló la insoportable niña –. Tu sucia hojalata no sabe contar, será mejor que te los lleves de aquí. ¡Niñas! ¡a ellos! –se abalanzó la obesa jovencita encima de los robots.
Beatriz cerró sus ojos, esperando que la mofa de las niñas pasara y se tapó los oídos con sus manos.
Milvac gesticuló una mueca extraña, y un sonido de flautín salió de su boca…, las niñas asustadas retrocedieron.
-Pero… ¿Qué narices es eso…? Suena como una orquesta de aves o algo por el estilo –dijo una de las niñas abusadoras.
Milvac extendió sus brazos de par en par, y dibujó un circulo en el cielo, un holograma gigantesco cubrió todo el complejo, nuevamente estaba lleno de planetas y constelaciones…, el sistema solar se distribuyó por rededor como una cascada sideral de estrellas. Mercurio se cruzó fugazmente y se posó en un álamo del jardín; Venus llegó sin aviso desde la superficie cromada del complejo, y Júpiter aplastó a las malhumoradas niñas que no entendían nada de lo que estaba sucediendo.
- ¡Santas Galaxias! –dijo la Profesora Heredia de robótica básica–, hace muchos años que no veía un efecto holográfico como este, desde mis aventuras en la Universidad –musitó.
Milvac cerró el circulo y clamoreó:
- ¡Atención! ¡Atención! ¡Por favor, retrocedan! Se ha activado mi sistema de escape. Les pido disculpas, por favor…
Sus ojos fotoeléctricos se tornaron más rutilantes, como dos cerezas rojas. La fuente de energía se incrementó gradualmente hasta que llegó a toda su potencia. Se activó sus sensores táctiles e infrarrojos y un impulso electrónico recorrió todo su metálico cuerpo; detrás de sus piernas emergió un vapor y se prendió el sistema de propulsión; sus brazos se trasformaron en dos grandes alas de hierro con sensores tácticos supersónicos.
- ¡Muy bien! Acóplate Circuitos –ordenó Milvac –, el perrobot dio un brinco y se enganchó en la espalda del autómata.
Milvac juntó sus alas haciendo un puente hasta su cuello.
- ¡Sube! – le dijo a Beatriz–, debemos salir de aquí, el sistema ya está activado, no puedo detenerlo. Ya es hora.
La niña trepó por los brazos-alas de Milvac y se enrolló a su cuello.
- ¡Gruauf! ¡Gruauf! –labró Circuitos emocionado mientras su barriga centellaba rayos de felicidad.
Los pies de Milvac comenzaron a separarse de la superficie ante las miradas atónitas de las alumnas y profesores del Complejo de Niñas Futuro, sus bocas abiertas babeaban sin reaccionar ante la elegancia con que Milvac despegó del suelo.
- ¡Yuuujuu! –dijo Beatriz y le sacó la lengua en una morisqueta a Eloísa mientras se elevaba por el cielo.
- ¡Me las pagaras! – farfulló la niña.
Milvac despegó y la cara mágica de Beatriz contenía una alegría que jamás había sentido. Sentía fascinación no solo por haber dejado a Eloísa con el rabo entre sus lánguidas piernas de niña traviesa, sino también, le daba un gusto enorme la sorpresa que Milvac tenía guardada.
- ¡Sujétense bien! –espetó Milvac–, ahora viene lo mejor. La trasformación comenzará en cualquier momento.  
- ¡Transformación? –dijo Beatriz con su dedo en la boca.
De la espalda del robot asomaron dos bloques de cristal platinoides que se adhirieron a los brazos-alas de Milvac, formando una gran esfera luminosa que dio giros alternados en el cielo. El bólido subió a toda velocidad hasta llegar a la troposfera.
- ¿A dónde vamos Milvac? – preguntó Beatriz emocionada.
- ¡Ajá! Es una sorpresa…, ahora activaremos la capa gravitatoria.
Milvac hizo un movimiento ligero dentro de la esfera…, giró una palanca y un escudo azulino cubrió la esfera en su exterior, dando la sensación de estar dentro de un cristal gigante y pesado.
- ¡Es hermoso Milvac!
-Siempre hemos vistos las presentaciones de los hologramas. Pero, por primera vez en tu vida lo veras realmente –dijo el robot–, alguna vez, en el pasado, existieron más robots como yo, nuestro creador fue un amante del sistema solar y de los libros holográficos…, debo suponer que eso está dentro de nuestro sistema Cyberbiónico.
- ¡Gruauf! –ladró Circuitos y lamio la cara de la niña y el rostro metálico del robot.
- ¿Puedes decirme precisamente donde estamos circuitos? –pregunto felizmente la niña.
-Sí ama. Buscaré en mi registro enciclopédico –el perrobot apretó un botón amarillo que se asomaba en su barriga con su pata metálica.
-Estamos cruzando la Troposfera, y en 5 km más estaremos en la Estratosfera, 50 km para llegar a la Mesosfera, en 80 km la Termosfera; hasta que en 500 km cruzaremos finalmente la Exosfera para llegar al especio exterior. –el perrobot mostró su lengua colorida en señal de cansancio.
- ¡Vamos al espacio? –exclamó la niña. Circuitos lamió su mejilla.
- ¡Riiiing! ¡Riiiing! –vibró la barriga de Milvac.
- ¿Qué es eso…?
-Creo que es la Señora…, debe estar preocupada…
- ¡Aló! ¡Hija! ¿Dónde estás…? – desesperó Amanda–, la profesora Heredia de la clase de robótica básica me ha contado lo sucedido en el patio de la escuela. A Eloísa la reprendieron. Pero tú mi amor ¿Dónde estás? Tu padre, tus hermanas están muy preocupadas…
-No te preocupes mamá, estoy con Milvac y el Perrobot.
- ¡Milvac!  Oh Dios, escuché que Milvac salió volando ¿es eso posible?
-Sí mamá, ahora vamos en camino.
- ¿Vienes para cenar?
- ¡No! Vamos en camino al Sistema Solar. No te preocupes, estaremos bien.
- ¿Sistema Solar…? ¡Hija! ¡Aló!...
- ¡Atención! Hemos cruzado la Exosfera amigos –dijo Milvac emocionado–. Y esto recién comienza…
                                                                           
                                                                         Continuará


GTF.
  



  




        
   

       




       





























[1] Extracto de la poesía de William Shakespeare 











domingo, 21 de enero de 2018

EL ORIGEN


-En un comienzo todo era evidente, la creación se habría curso en la estela, como en cualquier universo, como en cualquier galaxia –Dijo Log Stile–, pero nadie sabía la real locura del poder universal. Sobre una masa de gases y polvo estelar, reinaba una deidad que los <<Etéreos>> llamaban <<Kla>>, pero su apariencia no podía ser descrita por que la luz cósmica no se posaba en su espíritu.
-¿Habían espíritus en esta ciudad? –preguntó Grol Temp telepáticamente a su hermano
-Sí, pero en el agujero de los tiempos se entrelazó toda materialidad y nos quedamos con este planeta.
-Es perfecto.
-Sí, Lo es
-Y… ¿Qué paso después? –insistió Grol Temp.
-Los espíritus se marcharon –dijo Log–, venían de una raza extraña. Una que muere después de cumplir un tiempo de vida; los etéreos los llamaban <<Humanos>>
- ¿Humanos? ¡Qué nombre más extraño! ¿Y que le paso a su espíritu?
-Se desperdigó en el infinito, cumplieron su ciclo, para luego volver al origen.  Luego pasaron millones de años, y llegó la estrella de Kla, y nacieron nuevos tiempos y ciudades…, Kla encontró la luz y nos creó… intentó hacernos semejantes a ellos, pero algo salió mal…
-Entonces somos parte de ese espíritu Humano, cuéntame más ¿por qué cumplieron su ciclo?
-Porque Kla los obligo a volver hacia el origen… a empezar de nuevo; a pesar de que eran solo espiritualidad, jamás comprendieron el poder universal, ese que nos hace único en este planeta y en todas las galaxias, siempre quisieron volver a la materialidad, pues desarrollaron una profunda conexión que llamaron << Amor>>   y ello los ligaba a su raza estelar, desconectándolos del poder universal.
-¡Rayos! Nunca había escuchado una cosa como esa, debe ser un poder muy fuerte como para no querer dejarlo, aun después de la materialidad –dijo Grol Temp desde la plataforma giratoria.
El platillo se deslizó y rosó las aguas del planeta. Verdes musgos se alzaban florecientes como rosas fosforescentes del prado. Unos delfines dorados se cruzaron en el arcoíris planetario y un águila marina alzó su trompa en la superficie…, silbó un cantico de aves que sonaba majestuoso, entre ruinas y monumentos de civilizaciones perdidas; hasta aguzar el oído de Grol Temp.
- Fueron vencidos –dijo Log, y su rostro gris parecía dibujar un rostro en pena –, una cosa los llevo a la otra, del miedo a la frustración…, y luego del odio a la ira, y así hasta su destrucción, el << Amor>>   no era suficiente para alimentar al planeta.
-¿Al planeta…? –insistió telepáticamente Grol Temp desde su platillo giratorio.
-Sí, al planeta Tierra. Los etéreos trajeron a los humanos para que habitarán este lugar, debía ser igual a la Tierra, pero…algo salió mal… –exclamó Log Stile, y su semblante parecía esculpir un rostro agónico.
- ¡Oh por Kla! ¿Qué salió mal esta vez? –baladró el extraterrestre, y su platillo giratorio cambio de colores rojo a violeta en forma alternada.
Una alondra cruzó delante de sus ojos. El bípedo tenia cuatro alas doradas y una patas lánguidas y platinoides. Chilló mientras se zambullía en el lago, los delfines de oro saltaban sobre las alas del ave, y flameaban torpemente por las aguas de cristal.
-Primero, fue algo llamado << Odio>> los humanos dejaron de sentir amor y se dejaron llevar por este elemento que se tradujo en crueles guerras que los devastó. Después de las guerras llegó el <<Egoísmo>> que impidió que se ayudaran entre ellos; aun no logro entender estos elementos…, pero sé que su autodestrucción fue por causa de aquellos. El último humano vivió en esta ciudad y me contó de la antigua Tierra y estos fenómenos inmateriales que les carcomió el corazón –dijo Log Stile, y la conexión de sus pies al platillo giratorio se tornó en colores opacos, al igual que su rostro holográfico.
- ¿Qué es lo que pasa hermano? –insistió Grol Temp, la mirada de Log se enfocó en unos caballitos submarinos que galopaban en las aguas de cristal.
-Es que para entonces…, en aquella antigua Tierra, los humanos extinguieron su civilización por aquellas palabras y el amor no bastó… y desde tiempos inmemoriales hemos intentado encontrar la fórmula. Aquí, en esta ciudad. –Dijo Log, enarcó las cejas rutilantes y calló una lágrima magnética que se evaporó con la luz solar.
-Pero somos hermanos ¿no? –insistió Grol–, algo de ese amor debe quedar en nosotros, sé que ya no será como en antigua Tierra. Pero estamos acá, en este planeta, en esta galaxia con el espíritu de Kla…, eso debe bastar. Tenemos estos animales, este lago, ellos si nos necesitan.
- ¡Tienes razón Grol! Tenemos este bello planeta y nos tenemos a los dos, pero jamás…, nunca, tendremos el amor de los humanos. Quizá el espíritu de Kla se apiade de nosotros un día. Y tendremos lo que fue el amor de la antigua Tierra.
- ¡Tal vez!
-Sí. Tal vez…
Los platillos giraron velozmente y los cuerpos de los extraterrestres se fusionaron con los contornos espaciales de la nave, que se transformó en un festival de luces del holograma. Los delfines de oro danzaron en el lago, la alondra flameó como el resucitar del fénix…, y los platillos formaron un as luminiscente que se perdió en el universo en una velocidad supersónica, hasta desaparecer en la luz del sol.

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