[Quien con monstruos lucha
cuide de convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un
abismo, el abismo también mira dentro de ti.
Friedrich Nietzsche]
La invocación de los Fenómenos
Gunnar
despertó abrumado, entre las ramas del pino podrido y mal oliente que lo
acongojaba, pero lo perturbaba más el hecho de haber perdido a su esposa en
medio de la bruma espesa de la verbena, la situación de que Judy siguiera el
fantasma de Sarah en medio de la niebla le parecía desgarrador –<<¡he sido un idiota, como pude soltarla!>>–, era el pensamiento que repetía su cabeza
una y otra vez. El parque parecía tranquilo, por el momento, y se entretuvo
viendo los cuervos circundantes en el “Ojo
de la Tormenta” eran cientos, pero parecían tranquilos con los círculos
hipnóticos sin sentido; un atisbo de esperanza le decía que Judy estaba viva,
pero la imagen de un pequeño demonio en su hombro le hacía pensar en lo peor,
en lo irremediable…en la muerte de su esposa
- ¿Y la
lluvia de sangre…? –dijo una vocecilla en su mente –. La lluvia de sangre
¿Cuándo vendrá?
Gunnar
zamarreó su cabeza y luego restregó sus ojos.
-Tu
esposa ¡crajajaja!... ha muerto ¡Idiota! –baladró la vocecilla
- ¿Quién
eres? –desesperó el joven volteándose a ambos lados –, ¡No! Judy No –se topó
los oídos con una doliente frustración.
-Tú la
mataste –prosiguió la voz –, no le diste el espacio que necesitaba, y hacías
todo mal, nunca lograste nada, nunca terminaste algo en tu vida y ella espero mucho
tiempo, tu falta de atención y miedo en terminar las cosas la mató.
- ¡Mentira!
Lo que seas tú, dentro de mi cabeza, no sabes nada de ella ni de mí, Judy me
ama y yo la amo…eso es todo. –Gunnar se levantó y miró a su alrededor esperando
ver de donde provenía la voz, pero no tuvo éxito.
Caminó
hacia el centro de la verbena y se escondió detrás de un toldo de juegos, la
niebla verdosa y espumosa comenzó a esparcirse por todo el bosque de pinos y
por las callejuelas, se dio cuenta que en el extremo izquierdo había una carpa
de circo y se acercó con un sigilo vital, y con una rama de pino hizo dos
orificios para que sus ojos calzaran al observar.
Un grupo
de personas amarradas de las manos estaban apoyadas en los asientos de
plásticos, más atrás, había un cartel que decía: <<LA
BARRACA DE FENÓMENOS>> cuestión
que le hizo recordar el agónico tormento del apocalipsis o el “Final” que espera por todos aquellos
pecadores: vivos y muertos, ángeles y demonios; todos unidos y vertidos en una
gran licuadora que da como resultado el liquido más putrefacto del averno en el
panteón.
- ¡Las
almas! –se dijo, asimismo –¿Dónde irán? Las almas de todos los hombres de la
tierra se disuelven en pequeñas capsulas alucinógenas y van a parar a la boca
del diablo.
Los
elegidos amarrados a las sillas sollozaban de pánico y se zamarreaban
intentando liberarse: hombre, mujeres, niños y ancianos, no había distinción
para el festín, después de todo, era el “Final”
¿no? Y del final nadie escapa y no hay regreso, no hay rezos ni dioses,
solo tu alma frente al infierno. Un anciano vomitó en el suelo del horror. El
pavor le inundó los ojos al ver a Moro dirigiendo el ritual en una escena
descabellada, hizo girar su guante de cuchillas dibujando un pentagrama en el
aire: –<<ABSU
NAR MATTARU>>–,
dijo el zumbón. Gunnar permaneció inmóvil tras el toldo y una voz electrificada emergió de lo más profundo de su
garganta mecánica:
LA
INVOCACION DE LOS FENÓMENOS
¡Oh!
Que se marchite el cielo y se parta la tierra
Y
ataviados de terror, que los demonios sofoquen
La
penumbra del Dios Moro para alimentarlo
Uno
a uno alineados se lamentan los fenómenos
Que
maldicen el despertar del fin de los tiempos;
De
la cueva de cráneos,
Olvidados en el averno,
Surge
el hervidero de sangre
de los infames que nacerán
Para
reinar la muerte entre los hombres
¡Oh!,
que venga CEMIDIES, que se arrastra en las cenizas del infierno
Que
se alimente KOBAL, de los cuerpos mortales malolientes
Que
ALOUQUA riegue su veneno por los bosques de Cluj y el orbe
Que
OZE masacre con sus dientes y trompas
Y
que GULSHA castigue los huesos de los vivos
¡Oh!
Mis queridos amigos del mal
El
juicio a llegado y la hora de reinar
Quiero
ver que el cielo arda y escupa el fuego incandescente
En
las almas de los culpables e inocentes
***
Moro
dibujó un segundo pentagrama con su garra de cuchillas, luego se puso a berrear
como un perro enloquecido, el anciano asustado intentó desamarrar las cuerdas
de su muñeca, pero el cordón parecía estar incrustado en su piel de tal manera
que la fricción solo le causaba más dolor en las muñecas. Después de unos
sollozos de desesperación y el agotamiento de su desdichado cuerpo, Moro lo
miró de soslayo y escuchó el sonido palpitante de su viejo corazón. El demonio
se excitó por el miedo y se acercó al anciano.
- ¡Das
asco! ¡Púdrete viejo! –Moro alzó su garra con la intención de cercenarle la
cabeza, pero algo lo detuvo, la dentadura mecánica y esquelética de su boca
inhalo en una bocanada nauseabunda y putrefacta, como los rostros infectados
del mismo panteón.
-
¡Ayúdalo! ¡Dios santo! –Dijo Gunnar viendo el espectáculo tras de la carpa, y
apretó su boca ahogando el gemido de su desesperación, apretó los dientes.
- Abre
los ojos Gunnar –murmuró la vocecilla en su oído – esta muerta… Pronto estarás
con ella.
- ¡Vete
al infierno! –respondió, y se escuchó un cacareo que rebotaba en los árboles
del bosque hasta perderse en la oscuridad profunda: “Crajajaja”
Moro
dictó una invocación mientras dibujaba con las cuchillas en el aire: <<¡Venid CEMIDIES que se arrastra en el
infierno devorando la carne de los pecadores; ven y aliméntate de la sangre de
este anciano que se pudre en mi carpa!>> Los ojos del anciano
parecían desgarrarse en un pánico profundo, hasta eclipsar en los de Moro,
parecían suplicar una muerte rápida pero Moro lo miró con furia, con un rayo de
furia a él y su humanidad.
Un
estruendo resonó desde el “Ojo de la Tormenta” que electrificó el
gran panteón de rostros, Boca de Lobo aulló…,
y su colmillo se iluminó en un brillo estelar, anunciando la apertura del
portal: CEMIDIES gruñó, y alzó su cabeza mientras se desprendía de una saco
uterino gelatinoso, los rostros humanos sollozaban mientras el portal escupía a
la criatura a la tierra firme de la verbena, era un espécimen con rostro de
niño y cuerpo agusanado, una especie de ciempiés con pequeñas patitas que se
adherían a cualquier cuerpo sólido. Trepó por los pilares del panteón
escupiendo un veneno corrosivo que derretía los rostros humanos, luego esperaba
a que se tornaran en un aspecto líquido para engullirlos.
- ¡CEMIDIES!
–ordenó Moro y su rugido hizo temblar toda la verbena –, ¡Venid aquí! Hay un rostro longevo y podrido que devorar.
El
monstruo se arrastró hacia la carpa serpenteando su asqueroso cuerpo por el
suelo infeccioso y roído, con sus patitas de agujas clavaba el asfalto como
aguijón de escorpión.
Las
suplicas de las personas atrapadas en la carpa no se hizo esperar. Algunos se
aferraban a una esperanza destructiva, luchando y gimiendo por unos segundos
más de vida. El cuerpo alargado del ciempiés se posó a los pies de Moro, y lo
rodeó como una anaconda; la cara espeluznante del monstruo no tenía sentido en
su cuerpo deforme, sus cachetes redondos, cejas abultadas, unos labios
alargados hasta las orejas; pero al abrir su boca, los desafortunados
moribundos pudieron observar unos dientes afilados y puntiagudos, y una lengua
bífida que vibraba como cascabel. CEMIDIES apoyó su rostro pálido y venoso en
las garras de Moro…, generando gritos de pavor y espanto que desprendía el
globo ocular de los moribundos. Luego y sin más arrancó el rostro del anciano
de un bocado, dejando una cabeza temblorosa a medio comer…, en un reflejo
sobrenatural, el cuerpo del anciano se paro se su silla y cayó en los pies de
Moro, el ciempiés lo rodeó hasta triturar sus huesos y lo engulló tragándolo
lentamente delante de los malavenidos espectadores.
-Tengo
para ustedes un deleite especial –dijo Moro mientras rascaba la cabeza deforme
de CEMIDIES. – he llamado al resto de los especímenes. Se unirán a este ritual
de sangre.
-Oh,
semillero de la oscuridad, ¡Venid a este gran jolgorio! Te nombro y te invoco:
KOBAL, ALOUQUA, OZE y GULSHA. ¡Acercaos a
esta tierra maldita a masticar el claro-oscuro! ¡Vengan mis queridos fenómenos!
Que los demonios necrófagos se apoderen de las almas, de la tierra, y que asome
su espada “El final” que hará correr
la lluvia de sangre. Falta poco. Acercaos a renacer del Panteón, y de la Diosa
madre “El Ojo de la Tormenta”. Que
explote el vientre de los engendros, donde descansan mis adorados servidores
–exclamó Moro alzando sus garras al cielo.
Gunnar
solo observaba en silencio el macabro acontecimiento y se refugió en la leve
esperanza de encontrar a su joven esposa viva.
Un nuevo
rayó electrificó las paredes del panteón, y del portal salió un líquido
escurridizo citoplasmático…, y en el fondo oscuro, se escuchó las pisadas de un
gigante, que hizo temblar la verbena.
- ¡Venid
mi querido KOBAL! ¡Venid a alimentarte! –vociferó Moro.
Un pie
deforme traspaso el umbral del portal y se dejó caer con una violencia
descomunal y salvaje, detrás de la grotesca pierna provista de relieves
carnosos y venas inflamadas, se divisó inmediatamente el gran contorno grueso y
adiposo de KOBAL, un engendro obeso y asqueroso que come las sobras humanas del
mismo infierno. La cabeza rolliza del tripón se balanceó de un lado para el
otro, como si su enorme cuerpo no pudiera sostenerla en línea; KOBAL regurgitó
y larvas amarillas salieron por su boca y huyeron por el pavimento hasta las
inmediaciones del bosque. Gunnar no aguanto el asco y vomitó por la asquerosa y
repugnante escena.
- ¡Ven!
¡Ven! –susurró Moro, y KOBAL apresuró el paso lerdo y letárgico. Jadeaba
torpemente como un troll.
La
vibración que producía los pasos de KOBAL en la verbena llegaban al mismo
corazón de los prisioneros en la carpa, el pánico pavoroso se ahogaba en grito
martirizado por el llanto y la desesperación de las desafortunadas almas y
llegaban hasta los rostros del panteón; que al sentir la dramática sed de
sangre del monstruo, se deshicieron en llantos y en suplicas sin destino. KOBAL
entró en la carpa y se puso detrás de Moro, gemía como un oso, y su saliva
colgaba de sus labios deformados hasta caer por sobre las cabezas de los
infortunados. Boca de Lobo lo miró de
soslayo y luego gruñó alentando al engendro.
- ¡Tomad
al que quieras! – vociferó Moro, volteó y le hizo un gesto con el guante de
ganchos, moviendo su índice lentamente.
El
gigante obeso tomó de los pies a uno de los presentes y abrió su boca dejándolo
caer entre sus dientes. No lo trituró inmediatamente, esperó que las suplicas
se oigan por los demás entre los gritos de furia y desesperación, luego lo
mordió justo por la mitad, dejando la espina dorsal a la vista mientras
desollaba el resto de piel, masticó la cabeza solo hasta la mitad, y cuando
dejo de sentir movimientos y gemidos, escupió el resto del cuerpo ante los ojos
de los presentes. Un anciano que observaba la agónica escena simplemente murió
de miedo y de horror, cayó al suelo convulsionando hasta que sus pupilas no
destellaban el brillo de la vida.
¡Oh! Dios
mío, protege su alma y dales fuerzas para soportar tanta aberración infernal
–rezó Gunnar con una lágrima atragantada.
Boca de Lobo aulló y lamió los restos del cuerpo
regurgitado.
Moro
comenzó una nueva invocación y el portal se estremeció. ALOUQUA su nuevo
espécimen hacia su aparición, unas patas alargadas artrópodas y velludas se
asomaron por el panteón enterrando su punta filamentosa por las paredes de
cráneos, y el torso de piel humana transparentó la columna vertebral de una
mujer araña, con ojos de serpiente y lengua bífida, que escupía ácido corrosivo
y putrefacto que derretía hasta los huesos inmortales de los dioses. Enseguida,
una trompa se asomó por el portal, era OZE, un ser dimensional con aspecto de
elefante mutante; la prolongación nasal emitía un sonido gutural que
desmembraba la piel y aguzaba los oídos palpitantes de los moribundos. Y, unos
centímetros mas atrás, se asomó la cabeza de GULSHA, el anélido infernal que se
arrastra por las paredes del panteón, un parasito que hierve la sangre de los
que gimen en las fosas de Asmodeo, y
que huye de la furia de Moro para venerarlo.
-¡Que
siga el festín! –anunció Moro con un gesto solemne. Su garra de gancho se
iluminó por los rayos electrificados que caían del Ojo de la Tormenta llenándolo de un poder macabro que anunciaba El Final.
-Alguna
vez amé a Judy Lee–meditó Gunnar, mientras sus ojos observaban como los
espectros masacraban a las personas de la carpa–; recuerdo aquel vestido azul
que llevaba la primera vez que la vi, era tan feliz…, hasta que…, hasta que me
contó lo de su padre. ¡Maldita sea! Cuanto soportó mi joven esposa, mi bella, mi
alma. –alucinó por un momento, olvidando todo lo que acontecía en la verbena,
en el maldito parque, en El fin del
mundo, en el kilometro 666, en el bosque de Cluj, en los pinos encantados, y
desde el fondo de su corazón emergió una fuerza, que le decía: ¡Ayúdalos!
¡Ayúdalos! Ve con ellos, y huye de esa carpa. Entre los cuerpos regurgitados de
KOBAL, pudo divisar un barril de gasolina, era la opción de ir por él, salvar a
los que más pueda y correr hasta el Yepp Blanco Humo que tanto le gustaba a su
joven esposa. Pensó en los niños, quizás aun podía salvarlos, <<LA
BARRACA DE FENÓMENOS>> era
un nido de sangre, de la más roja que pudiera imaginar, un baño de vísceras que
nadie puede soportar; pero había que idear un plan, los monstruos poco a poco
parecían satisfechos de tanta sangre, y bastaba que Moro ordenara regresar al
panteón para seguir con el ritual, sería el momento perfecto para ir por el
barril y huir lo más rápido del endemoniado parque.
La niebla
comenzó a esparcirse por la verbena, el panteón vibró febrilmente y un chillido
afiebrado provino de la abertura de la pared de cráneos, los cuervos danzaron
en círculo sobre las piedras y escupieron sangre en la superficie…, “La lluvia de Sangre” ¿quizás? –pensó
Gunnar–; la bruma mal oliente una vez mas hacia su entrada al parque de
diversiones, del Ojo de la Tormenta serpentearon
tentáculos deformes y alargados, los mismos que estaban incubados en nubes
ovaladas y rojizas. Gunnar sostenía el vital pensamiento de supervivencia que
lo motivaba a huir. Despegó sus ojos de la carpa y ladeó su cabeza, y en un
extremo, al lado de un pino mutante, diviso la figura de lo que sería Sarah…,
si, aquella hermana muerta de Judy Lee tenía un relieve purpurino alrededor de
su cuello, un vestido pastel, y una muñeca de trapo en el brazo, su rostro gris
estaba deshuesado, los pómulos hundidos en la boca de los ojos; unos ojos de
odio que se clavaron en los de Gunnar, la figura fantasmagórica parpadeaba
electrizante entre los árboles del bosque de pinos encantados, y luego se puso
de frente del rostro de Gunnar súbitamente. Se paralizó y comprendió que
aquello era cualquier cosa menos la bella hermana de su mujer. Le susurró en el
oído:
- ¡Tu
maldita esposa está muerta! ¿Por qué no dejar de pucherear como un apestoso
niño? ¡Crajajaja!
Gunnar
cerró los ojos, y comenzó a contar de 10 hacia atrás: …05, 04, 03, 02…, tembló
de terror y sus sienes se empaparon de sudor…01…, abrió los ojos. Y el efecto
fantasmagórico de Sarah había desaparecido.
Pero el
impacto hostil de Sarah no terminaría allí; Moro preparaba otra invocación y
los fenómenos se preparaban para un nuevo festín. GULSHA se arrastró hacia los
pies de una pareja adulta que dormitaban amarrados en las sillas, mientras Moro
alababa los espectros del Ojo de la
Tormenta, el demonio agusanado aprovecho en el acto para alimentarse de la
pareja y le arrancó los brazos con su lengua pegajosa, dejando que los
infortunados se desangrarán hasta morir…, y, esta demás decir, que Boca de Lobo aprovechó el momento para
beber de la sangre, tal como si un canino tomara agua sediento de sed.
Gunnar
vio como el anélido se deslizaba en el charco de sangre, hasta que desapareció
en la orilla de la verbena, era el momento indicado, Moro y los fenómenos
preparaban una nueva invocación en el panteón. Gunnar caminó lentamente hacia
la entrada de la carpa, y vio una carnicería, aun se escuchaban los gemidos de
los cuerpos mutilados por los fenómenos. En una esquina de la carpa un hombre,
o lo que quedaba de él, alzó la mano suplicando que lo matara: –¡Mátenme, por
favor mátenme! –. Decía, pero Gunnar lo ignoró con un nudo en la garganta, el
cuerpo tenía la mitad derretida, y en la otra la cabeza aplastada y solo una
mano que se alzó. El barril de gasolina estaba entre los restos de cuerpos regurgitados
que el obeso demonio KOBAL vomitó de sopetón, unas lombrices parasitarias
rodeaban el charco que abrazaba el barril. Gunnar se tapó la boca y lo cogió
tratando de contener su vientre lo mas posible y aguantando la respiración del
hedor nauseabundo de los cuerpos en descomposición, en ese instante, alguien
susurró:
- ¡Hey!
Por aquí. ¡Ayuda, por favor!
Gunnar
vio lo más rápidamente de donde provenía aquella voz que parecía perderse en un
eco oscuro, en un cajón de sombras, y luego siguió el sonido entre carne y
huesos.
- ¡Ayuda!
–repitió la voz apagada y melancólica –. ¡Sácanos de aquí! Por favor, debemos
ir al mar, allí estaremos a salvo de los fenómenos. Solo somos dos.
Gunnar
vio a un chico con la cara paralizada de espanto, entre la confusión de carne
salteada con guiso de vísceras humeantes y costillitas de cerdo. Se había
camuflado entre el revoltijo de piel y hueso, y uno que otro resto de cerebro…,
su hermano también.
- ¿Cómo
te llamas? –preguntó Gunnar.
- Soy
Elías (tosió con carraspera) Elías Trench, y el es mi hermano Jerico. ¿Nos
puedes ayudar a salir de esta masa de piel? debemos irnos de aquí…, dicen que
en el mar hay un refugio, lo escuche en el radio, cuando todos hablaban del Final, y de esas extrañas muertes en el
bosque de Cluj, pero…, en fin, lo que acabo de ver responde todo…, esos
fenómenos, el lobo, y Moro…, ¿es el apocalipsis? ¿verdad?
El niño
preguntó sarcásticamente en estado de Shock. Gunnar solo asintió con la cabeza
- ¿Un
refugio? ¿en el mar? ¿cómo sabes eso? –inquirió Gunnar mientras jalaba a los
niños con fuerza entre los cuerpos mutilados.
-Fue lo
que dijo papá –agregó Jerico con voz estremecida–. Y tú ¿Cómo terminaste acá?
-prosiguió.
-Me
detuve con mi esposa a buscar gasolina… pero (Hizo una pausa silenciosa y los niños
comprendieron la amargura que ostentaba su rostro) no se donde puede estar, se
perdió entre la bruma de la verbena, me temo que…
-Debemos
salir. –interrumpió Elías–, pronto llegará Moro. –Dijo el niño de once años.
-Muy
bien. Pero antes debo llevar ese barril de gasolina, mi Yepp está afuera, en el
kilómetro 666. Oh, se me había olvidado lo macabro que suena eso.
- ¿A qué
te refieres? –preguntó Jerico.
-No es
nada, solamente que íbamos con Jud hacia un lugar seguro, y le sugerí que
entremos a este maldito parque. En el fondo todo es mi culpa, la traje hasta
acá, y el vivo recuerdo de Sarah aun pena entre estos cuerpos mutilados…, en el
fondo de mi corazón, solo espero que este bien. –afirmó Gunnar y la expresión
de sus ojos se opacó lentamente como el ocaso del atardecer.
- ¿Quién
es Sarah? –preguntó Elías.
-Ya no
importa –dijo Gunnar mientras tomaba el barril–, no perdamos más el tiempo.
Moro puede llegar en cualquier momento, ¿están listos?
-Si
–dijeron los hermanos Trench al unísono–. Es hora de irse de este maldito
lugar, <<LA BARRACA DE FENÓMENOS>> es lo peor que he visto en mi vida, he
visto a estos demonios engullir a mis padres –dijo Jerico en tono de venganza–,
y a muchos de mis amigos. Juro por su memoria que buscare la forma de
vengarlos, ¡no sé cómo!, pero lo haré. Sentenció.
-Entiendo
tu dolor. Pero primero, debemos salir vivos de aquí –desesperó Gunnar.
Elías
asintió, aun no podía salir del shock.
Gunnar
salió de la Barraca, tras sus pasos, los hermanos Trench se deslizaban con
sigilo mientras sus rostros gesticulaban muecas de silencio. Los fenómenos
rodeaban el panteón y las paredes de cráneos en un rito sardónico de invocación,
a quizá, qué bestia del averno, algunos sollozos atrapados en las piedras
nauseabundas y corroídas de sangre aguzaba el oído de los niños.
- ¡No
volteen a mirarlos! –espetó Gunnar–. Elías tomó su mano y este a su vez tomó la
de su hermano.
Los
demonios parecían estar en un trance que solo aquel que ha muerto puede llegar
a entender. En la cúspide del panteón, cerca de la boca del Ojo de la Tormenta se visualizaba
cientos de fantasmas que hacían una ronda circular en el cielo de rojo. Y los
cuervos deformes croajaron a su alrededor como moscas en el excremento. De
pronto, sin previo aviso, rugieron dos rayos electrificados que cayeron en el
medio de la verbena nuevamente.
Gunnar y
los niños apresuraron el paso.
- ¿! Qué
fue eso¡? –exclamó Elías con desesperación.
-Solo. No
voltees. Sigue adelante
- “ET DIABOLUS INCARNATE EST. ET HOMO FACTUS
EST”. (Y el diablo encarnado. Y se hizo) –gruñó Moro y alzó su guante de
ganchos.
Boca de Lobo aulló…Moro lo vio de soslayo y abrió su
mandíbula de carne y metal, como la trampa de un oso. Le ordenó con la mirada
buscar los intrusos, y los ojos del lobo se inyectaron de sangre.
- ¡Sniff, Sniff!
–olisqueó Boca de Lobo y siguió el
rastro de sangre.
Corrió con sus patas de hierro y piel por la
verbena. Jadeando y husmeando entre los cuerpos de la barraca y la verbena.
Estaba siguiendo los pasos de Gur.
Gunnar y los niños aun no se percataban que Boca de Lobo los asechaba, cruzaban la
verbena con ansiedad y paciencia a la vez. Una niebla espesa y verdosa comenzó
a roer por todo el parque y los cuervos observaban escondidos en los pinos del
bosque fantasmal.
- ¡No logro ver nada! –masculló Elías–. La niebla,
es tan espesa que mis ojos se cierran.
-Es el efecto somnífero –agregó Gur–, es la misma
sensación que sentí cuando Judy desapareció, ¡tengan cuidado! El efecto
adormece. Es como estar ensueño, pero más aterrador.
- ¡Oh! ¡Santo Dios! –exclamó Jerico–, hay mucha
sangre aquí, y ¿este vestido…? Parece el atuendo de una mujer joven.
-Es de Jud. –Dijo Gur –. ¡No lo toques! Nos están
acechando.
Los ojos de Boca
de Lobo parpadeaban entre la niebla, su boca babeaba sediento de sangre,
sus muelas casqueaban como diente de sable. Y abrió su hocico preparado para
atacar.
- ¡Crajajaja! –Moro se rio por toda la verbena con
un eco sombrío y carrasposo.
-¡Corran! –dijo Gur–, debemos llegar lo mas pronto
a la entrada, ese lobo del infierno viene por nosotros. Jud…Oh Judy, ¿Qué te
han hecho…? –baladró Gur con desesperación, y recordó a su bella esposa
mientras corría por la niebla espesa, pensó en lo angustiante que se debe
sentir donde quiera que esté. La imagen
de Sarah se atravesaba en su cabeza como el flash de una cámara, la veía con su
cara diabólica y diciendo: <<Moro se esta cogiendo a tu esposa en el infierno>> y su muñeca de
trapo, y el vestido amarillo que lucia cuando la violo su padre… ¡Moro! Ese
maldito guasón. Él se la ha llevado –se dijo a sí mismo, y una sed de venganza
invadió toda su alma–, debo llegar al Yepp y salvar a estos niños, Judy lo
querría así.
- ¡Crajajaja!
La hipnótica risa de Moro se escuchaba ensueño por
toda la verbena. El Ojos de la Tormenta se
partió por la mitad y la lluvia de sangre calló como gotas de una yugular
recién cercenada…, no tardó en empapar a Gur y los niños mientras corrían por
la niebla, pero no se detuvieron. Los
huevos atrapados en las nubes se abrieron y cientos de monstruos tentaculados
cayeron como meteoritos a la tierra; la verbena no tardó en infectarse mientras
los monstruos se arrastraban como gelatina por el cemento. Un grupo de
sobrevivientes de la Barraca trató de huir del parque, pero los monstruos se
lanzaron sobre ellos como garrapatas, su tentáculo se abrió como una boca
dentada con el aspecto de una inocente planta carnívora que comenzó a succionar
las cabezas de las personas hasta arrancarle el cerebro. Mientras escupían unos
huevecillos que incubaban unas criaturas más diminutas y veloces. El
Final había comenzado, y Moro tan solo observaba el cielo invocando a la lluvia de Sangre. La pared de cráneos enmudeció
y los cuervos huyeron por el panteón.
-Ya no queda nada –dijo Gur –. ¡Suban al Yepp!
¡Deprisa!
Los niños obedecieron.
Los ojos de Gunnar estaban fijos al volante, aun
tenia esa sensación de estar ensueño, un letargo amargo que lo envolvía en un
glóbulo donde habitaba los demonios del panteón, Sarah y Judy Lee, intentó
tranquilizar a los niños, mientras el infierno se desataba en toda la tierra,
lentamente avanzó por el kilometro 666 hasta salir de la niebla espesa, pero el
miedo aún no había terminado.
-Algo nos sigue –dijeron los niños, pero Gur no les
tomó atención. Estaba obnubilado.
En su memoria solo veía a Judy Lee, recordó el
primer beso, las tardes en el lago y el pastel de bodas que tanto añoraba su
esposa. Sus manos comenzaron a temblar en el volante, mientras
inconscientemente manejaba en dirección al mar, tal como los hermanos Trench
habían mencionado, la palpitación de su corazón era veloz, sus labios y uñas
estaban morados, el vértigo y la confusión se apoderaba de sus recuerdos, su
piel estaba pálida de la sudoración profusa… se detuvo, y vio una luz acercarse
de apoco hacia lo lejos, los niños bajaron del Yepp.
- … el sol, el mar –dijo Gur– a Jud le gustaba el
mar, jugábamos en la arena…, jugábamos en la arena, aun la puedo ver, Oh mi
bella Jud –repitió y sus ojos se cerraron.
Boca de Lobo se acercaba a
gran velocidad, venía por Gur, los hermanos Trench voltearon y lo vieron…
escucharon su aullido a lo lejos, pero no les importaba…, el azul del mar, el
brillo del sol los tenía cegado, corrieron hacia la orilla del acantilado y
vieron el atardecer, estaban paralizados. En la playa, yacían cientos de
cuervos deformes que croajaban bestialmente, millares de ellos salían del Ojo de la Tormenta, chocaban entre ellos
aturdidamente y se fusionaban formando un cuervo más grande… y otro más grande,
hasta que formaron un gran monstruo bípedo y escamoso en forma de “Y”, su
rugido se escuchó a kilómetros y el acantilado vibraba con cada pisada. Y en
los ojos de los niños se reflejaba el brillo melancólico del sol, que muere en el último ocaso de la tierra.
GTF.

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