lunes, 12 de febrero de 2018

VOCES LEJANAS (Zabulón)






¡Ding! ¡Dong! Sonaron las campanas del lujoso Penthause del Edificio 68 en la Av. Libertad y Vuelo (curioso nombre) toqué solo dos veces la puerta, pues, la verdad, es que era una de esas noches que en realidad me sentía cansado y sin ganas de nada; pero, la curiosidad de asistir a este tipo de fiestas, que comentaron en el edificio, me gano el sueño. Aunque ya había pasado muchas semanas en que escuchaba estas “voces” de aquí arriba, y era hora de averiguar de dónde provenían.
- ¡Hola! –dijo una joven rubia y alta, de uno 25 años. Llevaba un escote provocativo que insinuaba desnudes –, ¡ven! Adelante, toma lo que quieras. Me dijo. <<¡lo que quieras!>> pensé de inmediato, y no pude evitar una imagen sexual en mi cabeza, con la sensación de caer al abismo del deseo. –estas en tu casa, cualquier cosa mi nombre es Luz.
Medité en “Luz”, pero algo me incomodó, ¿quizás su pelo brillante como un sol o la luz del anochecer? En realidad, no lo sé, pero sentía que su nombre no encajaba con la realidad del Penthause.  
- ¿Qué trago tomas?
-Vodka –le respondí–, con dos hielos y zumo de naranja. 
Se puso detrás del bar, y observé sus manos tomando la botella de Vodka…, luego agarró un vaso, luego tomó dos hielos delicadamente con la punta de sus uñas rosas – ¡clac! ¡clac! –, sonaron los hielos al caer en el vaso, y fue como una poesía auditiva que vibraba dentro de mí y me puso los pelos de punta en un instante.
-Habíamos escuchado de ti – dijo mientras vertía el zumo en el vaso. –Tú eres el chico del Departamento 306 ¿verdad? ¡el chico gruñón!–. Y me apuntó con su delicado índice. No pude recordar si la había visto alguna vez en el edificio: <<¡Esta chica! ¿Quién es…?>>
-¿El chico gruñón? ¿Yo? – respondí, y recordé haber alegado dos veces por ruidos molestos al conserje–. Oh, suena como si fuera el ogro del edificio, pues ese niño gruñón tiene nombre, soy Marcel  
- ¡Toma, Marcel! –me dijo Luz con su voz dulce, y por un segundo pensé hasta erótica –, ¡aquí está tu trago! Espero te guste, no soy experta en esto de…, de servir.
-No lo haces nada de mal –respondí.
Ella me miró fijamente, con unos ojos de gata egipcia; pero más que sensuales, eran unos ojos interrogadores, como si estuviera viendo dentro de mí; y a la inversa, yo viendo dentro de ella, y todo pareció detenerse; en un lapsus…vi que sus ojos se desenfocaron y su pupila dibujó una línea vertical dando un estímulo animalesco –es un gato, me dije, ¡no! ¡qué diablos! Es un…, un… –. El efecto duró menos de un segundo, pero lo vi, o por lo menos creí verlo.
- ¡Hey! – me dijo –, ¿Qué haces…?
- ¡Los siento! Es que me pareció por un momento que tus ojos se…, se…, Oh nada, olvídalo, son imaginaciones mías o debo estar loco o el Vodka me está haciendo efecto. 
- ¡Eres un chico raro! ¡Eh! –balbuceó mientras tomaba un sorbo de Vodka –, y dime…, ¿Qué te parece el Penthause?
Ella abrió sus manos como Jesucristo ascendiendo a los cielos y gesticuló con su bello rostro una mueca que decía: <<! Maravilloso ¿no? ¡Dime que es hermoso maldito bastardo! >>, y yo respondí: <<Beautiful>>, en una palabra, sin voz. La destreza fina de las construcciones de mármol, las pinturas del Barroco y Grecia, las estatuas y los bustos de Emperadores Romanos…, ninguna cosa de aquellas enfocaba mi atención, salvo el color guinda-sangre de los labios de Luz, muy bien definidos y que eclipsaban con el hielo del vaso mientras bebía su vodka; ¡Oh, Dios! Es realmente hermosa –pensé un instante–, o más bien, diabólicamente hermosa…, mi cabeza daba vuelta, pero aun así…, sentía que Luz no encajaba en este espacio-tiempo, ni en el Penthause.
- ¿Y? ¿Qué opinas de la fiesta? ¿te gustan las fiestas…, supongo? –esbozó una sonrisa que me dejó más hipnotizado de lo que estaba. Y sentí que ya no había tanto entusiasmo con mi presencia.
La verdad es que estaba tan abstraído en un mundo p-p-paralelo, que ni siquiera me percaté que estaba entre el jet-set del edificio: tipos altos con trajes elegantes, mujeres esculturales, y un enano de mozo (sí un enano, ¿Qué cosa más rara? ¡no?) me ofreció un canapé y luego se fue, y cuando lo miré tuve esa misma sensación extraña, en su pupila se dibujó una línea vertical: << ¡Atácame de nuevo! “El ojo de gato me miraba como una presa sin alma>>, y un escalofrió corrió por mi columna vertebral; pero, esta vez, ya no era la sensación extraña del principio, sino, el reflejo más exacto de la palabra MIEDO. Pero no dije nada al monstruo-enano, dejé que huyera sin preguntarle, porque me incomodaba más el hecho de que las personas conversaban en silencio y me miraban de reojo, casi como mimos en la calle, o en el paseo de un parque lleno de payasos, y de niños que huyen de los payasos; y uno de esos niños era yo.  Los ronroneos del averno –pensé–, y me hablan en forma de guasones y gatos, en un romanticismo que solo puedo entender en este mundo p-p-paralelo.  
-Te voy a ser sincero. –Le dije–, la verdad es que nunca he estado en una fiesta de alta alcurnia, ni siquiera recuerdo cuando fue la ultima vez que estuve en una fiesta de clase. Soy un tipo frágil y doméstico, de gustos simples, no me vanaglorio con el mundo y estupideces.
- ¡Guau! – dijo ella sorprendida –, al fin sacas el habla, te presentaré alguien que te puede interesar.
Justo cuando dijo eso; en el mismo instante en que sus labios guinda-sangre se cerraron sensualmente ante mí; se detuvo todo el tiempo en mi mente; ¿de nuevo…? no podía entender nada de este m-m-mundo p-p-paralelo que ya estaba afectando oníricamente mi cerebro, o alguna parte de él, o aquello más el Vodka (las alternativas eran varias, ninguna concluyente) y el hielo, y el zumo, los labios, Luz, el escote, yo…, todo era confuso…, y luego la imagen de mi cuerpo agusanado completamente, ¿Qué demonios esta pasando…? ¿Demonios? –Cuestioné ensueño –, los gusanos salían de mi cuerpo, y volvían a entrar por unos poros elásticos que formaban agujeros, intenté atrapar uno por mi codo…, era largo como de 40 centímetros; lo jalé, pero se me resbaló y volvió por los poros, a navegar por los intestinos de mi cuerpo y desembocar en las arcadas mentales que estaba sintiendo.                             - ¿Quién es? – pregunté ensueño
-Un amigo de otro tiempo… –dijo Luz– el que viene del pozo oscuro, el dueño del Penthause, y nos deleitará-á-á
Á-á-á… escuché la última letra de la palabra que dijo la mujer sensual; a lo lejos y en caída, y mi vista era borrosa y aguada. Una extraña niebla azul descendió por todo el Penthause desde el techo y electrificó a los invitados…, y, en el medio del salón, vi una alfombra de pétalos de rosa, y la silueta de un hombre alto y robusto, que venía hacia mí, o soñé que lo hacía. No hizo nada (al menos por el momento), pero gesticuló una palabra que parecía una orden, y los asistentes hicieron un círculo que rodeó mí cuerpo, y chismotearon en risas frenticas: << ¡Craje-ja-je!>> mientras yo estaba al medio sin entender nada. Luego comenzaron a desnudarse, la ropa ajustada al cuerpo de los invitados pertenecía al espacio actual de mi m-m-mundo p-p-paralelo; pero cuando la dejaban caer al suelo había: bastones, sombreros, relojes, vestidos, sombrillas, etc. Eran vestimenta de los años ¿40…? ¿de qué diablos me perdí? (El Diablo) –dijo mi conciencia abrumada–: de nada ¡Oh!, todo es una broma, ¡una maldita joda! –poco a poco comencé a mentirme sin reparos. O por lo menos mi mente lo hacía.  
Los invitados gemían risitas burlescas en medio de la desnudes, como si fueran parte de una pintura de óleo, y en un flash mental sus extremidades se volvían de mármol, luego, eran partes de un animal: un hombre con manos de escorpión, una mujer con patas de araña, un anciano con patas y torso de caballo <<El Centauro del pozo oscuro>> de mi m-m-mundo p-p-paralelo que no tenía sentido, de mi mente retorcida que veía cosas malditas; –¿será el vodka? No, he bebido poco…, y Luz; también, pero no me habló más, se quedó con ese loco… ¿será mi mente? ¡bingo! ¡un momento!, es el siseo “¡Ssssh!”  el silbido de la serpiente de mi oído, ¡eso es!, son las voces, las que escucho de mi departamento <<Las Voces Lejanas>>, las que no me dejan dormir en ningún momento, las dueñas de mi insomnio, y de los monstros cuando concilio el sueño–. Ahora el enano se arrastró desnudo y la mitad de su cuerpo era de oruga con diminutas patas que tintinaban en un parpadeo morboso y grotesco.
-¡HELLO! ¡DESPIERTA HUMANITO! –me dijo Luz, que ya no era Luz, sino la más perversa oscuridad del claroscuro, una especie de víbora putrefacta del deseo; estaba desnuda, y su torso escamoso brillaba pavorosamente; su cabello ya no era rubio, sino rodeado de mil gusanos como “MEDUZA”(¿Los gusanos que salían de mi cuerpo?), y sus labios guinda-sangre era un orificio ovalado con espinas puntiagudas que pulsaban, mientras inhalaba y exhalaba; abrió su boca y mostró su lengua bípeda que serpenteó en el aire con un sonido de cascabel. Aun conservaba sus senos, la pelvis, y su vagina humana…, pero el resto del cuerpo era indefinible.
 –Te presento a Zabulón –me dijo–, el dueño del Penthause. –¿Zabulón? ¿Que ya no dijo esto antes?  “Déjá Vu”, …el amigo del otro tiempo…el que viene del poso oscuro. ¡Eh! Creo que no es bueno esto…, un mal presagio y estoy en sueño.
La silueta del hombre alto y robusto se desvaneció en una sombra líquida, opaca y oscura, se deslizó como una culebra entre los invitados y las finas paredes del Penthause… –¡Oh! Recién me percate que no solo estaba al medio de la alfombra de pétalos rojos, frente a la mirada lujuriosa y diabólica de los invitados; sino, que, además, estaba desnudo y con mi piel a merced de Luz (La clara-oscura Luz de víbora), que ya no me miraba con esa cara coqueta y el hielo del vodka en sus hermosos labios, sino, con la horripilación felina y angustiosa de un demonio–. Zabulón cayó como una mancha, una gran mancha oscura y verdosa sobre los invitados y sobre mí, y sentí un regocijo en el vientre, hiriente y cálido a la vez, que me llevó a un estado letárgico inexplicable de vacío y vértigo; unas antorchas de fuego se prendieron de improviso en las cuatros esquinas  del Penthause; mis ojos brillaron, como nunca en mi vida…, y me percaté que una lagrima purpurina rodó por mi mejilla de niño, de un niño atrapado en un nido de ratas o, <<de un niño que huye de un payaso en el parque, ese niño era yo…>> la flama del fuego era hipnótica y en contraluz vi los rostros cadavéricos de los invitados del Penthause, eras los rostros de otras épocas, quizás entremezclados en tiempos distintos, de la década del 1950 hasta el 2000, sus ojos ovalados y su pupila vertical de gato me observaban como diciendo: <<!He aquí el intruso, devoremos al mal nacido¡>>, el monstruo-enano también me miró desde un extremo del salón y luego abrió su boca en una sonrisa jocosa inaudible, imaginé que era un:  << ¡craje-ja-je!.>> Luz, la víbora, se deslizo como reptil a los pies de la sombra oscura de Zabulón y le dijo: <<!Es el chico de las Voces, el de las voces lejanas¡>>, el ser amorfo no puso reparos por mi presencia, solo dio un gruñido salvaje que alerto a todos, y en su mano de sombra oscura tenía un objeto parecido a una daga, que brilló con el fuego de las antorchas, vibrando en un destello azul-eléctrico que encandiló los ojos de gato de los invitados. Yo puse el brazo para protegerme de su luminiscencia, y pude ver unos extraños símbolos en la hoja filosa de la daga:

LAS VOCES LEJANAS DEL INFIERNO

Y luego alzo la daga, como si fuera un elemento macabro de un ritual salvaje y despiadado; justo a su lado, el resto de las sombras se cobijaban como lagartos en un charco de sangre, sombras fugaces que aparecieron sin aviso desde el techo del Penthause, y se ramificaron como un virus por todo el salón, entrando por la boca y poros de la piel de los invitados con rostro felino, como si fuera el tentáculo de un calamar perdido en mi m-m-mundo p-p-paralelo que invade los cuerpos de cera sin habla de un extraño salón. Nadie exclamaba palabras excepto Zabulón, que interactuaba con las sombras en un idioma que mis oídos jamás escucharon antes…, y que espero no saber nunca en mi vida que clase de comunicación tenía Zabulón con las sombras, porque los sonidos guturales que salían de los espectros eran de aquellos que te hacen temblar hasta los huesos…, sin embargo, pienso que esta sensación de ensueño extrañamente protege mi cuerpo;  mi piel esta merced de todas estas miradas de tártaro, un camuflaje que se entrelazó en un tiempo de martirio y sin retorno…, el reloj central del salón estaba inmóvil y los huéspedes estáticos como maniquíes, solo escuchaba la voz de Zabulón, y Luz la víbora, se posó delante de mí con una velocidad que mis sentidos no pudieron percibir, pero, no sabía si sentir asco de la horripilación de sus terminaciones faciales de serpiente, o un poder de atracción que prende mi vientre como hoguera, se acercó flotando fantasmagóricamente hasta que sentí sus piernas (o más bien una cola serpenteada y escamosa entre mis piernas) que se cruzaron con las mías agarrándome fuerte hacia su cuerpo y  su pelvis, sentí que su vagina me atrapó con una suave y dolorosa pasión y generó un vaivén erótico y reconfortante que me hizo temblar de placer y de miedo: <<Zabulón nos deleitará-á-á, nos atrapará-á-á>>  era lo que repetía mi mente mientras gritaba de placer en un orgasmo macabro y constante, estaba flotando en el medio del salón bajo el yugo de Luz, la víbora, entregado a su piel escamosa y sus labios guinda-sangre que succionaban los míos, en un claroscuro que baña mi piel con su halito de reptil, y mi piel no se podía despegar de ella.  Las sombras de Zabulón nos abrazaban en un remolino de viento que giraba solemne entre las mirabas hipnóticas de los malavenidos huéspedes…, ahora sentía que ellos eran los intrusos, en cada gemido de mi boca, se cruzaban las miradas felinas intrusas y expectantes de mi deleite, y suplicaba estar en la soledad con todo el flagelo de los labios de Luz…, con todo lo que implicaba aquello. De pronto sentí que sus labios rosaban mi oído y su lengua bífida rodeó todo mi cuello hasta generar una presión en mi garganta que me ahogaba, y me enloquecía de placer a la vez, lo hizo una y otra vez hasta que mis gritos eróticos cautivaban a los huéspedes del Penthause, como si fuera un gemido que persuade e invita a una orgia de caníbales desfasados en un tiempo irreal…, y todos comenzaron a imitar mis gemidos, el monstruo-enano me observaba desde una esquina del salón, parecía feliz, pero su cara al sonreír se desfiguró como una pintura de óleo, luego imagine que me decía un: << ¡craje-ja-je!.>> a contraluz de la antorcha que me puso la carne de gallina (…)
- ¡Escuchas eso? –exclamó Luz en mi oído–, son Las Voces, las voces lejanas del infierno. Y vienen por ti.
¿Vienen por mí? ¡Oh! Mi boca hizo una mueca de “O” mientras mi cuerpo flotaba por el salón, pero fue una mueca sarcástica e hipócrita conmigo mismo, o con alguna entidad que era yo, o una parte de mi alma que quería ser borrada del espacio-tiempo en mi m-m-mundo p-p-paralelo que a esta altura era un mundo compartido con seres mágicos y demoniacos que no podía comprender, pero si podía amar. Los labios guinda-sangre de Luz la víbora estaba dentro de mí…, pero no solo serpentea su lengua en mi boca, sino que literalmente la sentía dentro de mí, de mi cuerpo por completo. Su cola se fusionó con mi entrepierna y sentía su recorrido líquido por mis huesos deformes, se escabulló la serpiente culebreando por mis pies hasta mi cabeza, me abrazó los pulmones y saboreó mis intestinos, había un tentáculo entre mis costillas que me causaba dolor y risa, y hacía presión desde el interior, queriendo salir y romper mi carne, como una piñata llena de dulces de cumpleaños, con la diferencia, que aquí la piñata era “yo”, o más bien mi tórax, y los dulces eran mis pulmones e intestinos que si explotan de placer, harían un charco de sangre y carne tan dulce y cálido, que todos los huéspedes felinos lamerían mis restos como gatitos a la leche (¡Cra-je-ja-je!).  En mi mente agónica se escuchaba un grito ausente: <<Las Voces Lejanas, Nos Deleitará-á-á>> era la voz de Zabulón en el límite mental de mí m-m-mundo p-p-paralelo,  que alzaba su daga en medio del coito fantasmagórico que parte de mi cuerpo vivía…, y mi corazón comenzó a palpitar más rápido, como si fuera una pesadilla nocturna, esas pulsaciones incontrolables del sueño que te agotan poco a poco, aquí me hacían sentir poderoso: mi corazón en mi boca, bombeando la sangre espesa que quiere salir a manchar el salón…, mi sangre quiere escabullirse como las sombras de Zabulón, ¡Oh! ¡Qué poderoso me siento!, tan amado como un niño mimado…, pero, un niño mimado con sangre de cordero, con el pecado oscuro de su alma, un niño que flota entre los muertos con la cara llena de risa. Zabulón dejó caer la daga en mi pecho y mi alma se llenó de vigor, una fuerza sobrenatural se apoderó de mis huesos, o el saco de huesos que era, y sentí el deseo de volverme placer fantasmal, el silencio visual de mis pupilas ya no existía, ahora estaba en una nube de sangre fluyendo por todo el salón. Una puñalada rajó todo mi hueso y Zabulón extrajo mi corazón de cuajo, y el placer se hizo infinito…, mis ojos ya no eran parte de esta luz, ni siquiera parte del claroscuro de Luz la víbora, ya estaba por sobre su risa diabólica y sarcástica que me hacía temblar y sentir como el ¡ESTÚPIDO HUMANITO!, ahora era parte de todo y de todos los presentes (incluso era parte del monstruo-enano). Y de toda oscuridad luminiscente que evoca de las sombras eternas: <<!LIBERTAD Y VUELO¡.>> oí algún espectro vociferar esas palabras mientras explotaba la piñata de sangre.
Ya era hora del show, la obra teatral de los demonios recién empieza, y yo tengo boletos en primera fila: Zabulón se orilló en un extremo del salón y dejó que mi sangre se esparciera por el piso, abrió la tapa del piano y comenzó a tocar Tocata y Fuga en re menor de Bach , sus garras se movían ligeras como lombrices en las pulcras teclas del piano que lloraba melodías de agonía y hostilidad, las sombras se apoderaron de mi sangre y la esparcieron por todo el salón, formando un cuadro de oleo humano con restos de carne y hueso, los huéspedes se saborearon los labios con un gemido continuo y opaco que aguzaba la pupila horizontal de las miradas lascivas, y los espectros jugaban en el aire…, jugaban con los restos de mi piel en el charco de sangre, ¡Oh, madre mía! Puedo ver mi cuerpo desfigurado en ese charco donde todos los gatitos lamen la leche y maúllan a Zabulón que no deja de tocar las melodías satánicas de su propio m-m-mundo p-p-paralelo que invade mi alma. Ahora los huéspedes eran cadáveres y zombis que oscilan en una línea temporal incomprensible, sus trajes de épocas no conjugaba con los celulares y relojes finos, los vestidos de las mujeres reptiles no conjugaba con sus pulseras magnéticas y su risita aristocráticas…, y Zabulón abrió su boca nuevamente dando una orden, y todos comenzaron a desgarrarse la piel en una orgia diabólica de sangre que formó una piscina honda y cóncava en la terraza del Penthause; y de pronto, los rostros cadavéricos del salón se trasformaron en perfectos rostros humanos al contacto de la intemperie, eran ellos mismos de nuevo, los comuneros del Edificio 68 en la Av. Libertad y Vuelo, “curioso nombre” para todo aquello que acababan de vivir,  sin embargo los poseyó un impulso extraño que los llevó a la locura, la sombra gris de Zabulón entró por la boca de los huéspedes convulsionando sus cuerpos de cera, y uno por uno se arrojaron al vacío por el balcón, pero su mente seguía ahí en la muchedumbre junto a los cadáveres y bestias del Penthause:
¡Auxilio, Que caigo en el abismo!
          Caigo entre el aire sin retorno.
                    Caigo entre huesos y carne.
                           La sangre me ahoga, ¡oh, sálvame la vida Zabulón!
                                            ¿Por qué me arrojaste hacia el vacío Zabulón?
                                                          ¿Por qué te alimentas de mi piel y de mi carne?
                                                                       Una cabeza y un ciempiés
                                                                                        Dos cabezas y un ciempiés
                                                                                                          Tres cabezas y un ciempiés
                                                                                                     Caen junto a mí.
                                                                                  Por el averno, en los secretos de tu sombra.
                                                                  La sangre me ahoga.
                                                    La vida se escapa
                                     “LIVERTAD Y VUELO”
                           En las sombras oscuras de mi destino
              Llego al final del precipicio
    ¡Un grito al vacío!
Mi corazón se parte en el charco de sangre.
Los cuerpos crujían al tocar el suelo –como dos hielos en un vaso de vodka, pensé: ¡clac! ¡clac!–los huesos tronaban generando una vibración espeluznante, pero los demás huéspedes solo reían y gemían como si estuvieran en un sueño profundo, nadie se percataba de que los cuerpos caían como nueces y reventaban como bóveda de sangre en el pavimento, solo yo…, o la parte de mí que deambulaba por el balcón.  Sonámbulo en mi andar espectral, entre la neblina verdosa, dando pasos en el aire demencial <<una sombra más que se esparce en el tiempo, un grito más del agujero, en el invierno ancestral del demoniaco Zabulón, el que viene del pozo oscuro>> ¿Quién se atreverá a extrañar mi alma deambulante en este océano de sombras sanguinolentas? Los huéspedes juegan en la piscina de sangre, hunden sus cabezas como lagartos bebiendo el vino de los eternos, y entre las risas sensuales, se desgarran las carnes con los dientes de sables, carcomiéndose entre vosotros, llenando cada vez mas su alma de sangre…, la misma de épocas antiguas, todos entrelazados en tiempos perdidos, bajo la melodía de Zabulón, las parejas yacían esqueléticas al borde de la piscina sonrientes de placer…, el monstruo-enano unió un cordel elástico a un extremo de la baranda y comenzó a saltar tal como lo harían un bufón en sacrificio, desafiando la altura sin temor, encorvando su extraño cuerpo que revelaba un dejo de humanidad, entre una mirada lirica y desafiante a la muerte jocosa…, se arrojó al vacío sin más…, su deforme cuerpo voló como murciélago: <<!Libertad y Vuelo!>> iba zigzagueando en el aire, con su rostro de sátiro y se atrevió a mirarme a los ojos…, a mi parte espectral, y vi el placer de la sangre en sus ojos, vi el fuego de almas inmemoriales y la sed por la muerte negra, me vi reflejado en sus ojos, como el fin de un mal chiste, una jugada irónica del destino, pero era el designio de las voces, lo que ordenaba Zabulón era ley en su m-m-mundo p-p-paralelo, un mundo que te atrapaba en la desolación.
Dos mujeres salieron de la piscina desnudas y con el rostro carcomido, su figura ya no era parte de este mundo aunque mantenían ciertos gestos de humanidad, una de ellas llevaba el brazo totalmente deshilvanado asomando parte de su esqueleto…, su carne fue parte del festín, como todos los demás que se abrazaban y comían sus carnes en la orgia putrefacta y nauseabundas de los cadáveres aristocráticos, pero nadie parecía darse cuenta del ritual espeluznante y agónico de la socialité , y gemían de placer sin más explicación y con toda excitación. Una de las mujeres tomó de la mano a la otra y la besó a la orilla del balcón, y como dos golondrinas desnudas se tiraron al vacío: una caída más de lo alto del Penthause, las mujeres se rodearon con sus piernas en el aire y formaron una rueda en posición fetal, que arrojó chispas uterinas de sangre antes de reventar en el pavimento…
-¿Disfrutas del espectáculo Marcel? –me dijo Luz mientras tomaba del Vodka naranja , ¡Hey! ¿te pasa algo? ¿te encuentras bien? 
-Sí. Es que…aquí, la fiesta, la sangre…, y tú… –agregué confundido, volteé a mi alrededor y noté como todos disfrutaban de una elegante fiesta a carcajadas, sin mascaras ni ojos de gatos. Luz lucía tan sensual y bella, con su vestido escotado insinuando desnudes que me sentí enamorado al instante, su fino cabello dorado, las piernas largas de mármol y su piel de seda me seducía hasta el vientre .
-¿sabes…? he recordado que debo terminar unos asuntos –le dije, y una gota de sudor rodó por mi ceño–, debo irme a mi departamento.
Dejé el vaso de vodka en la barra y comencé a caminar hacia la puerta.  
-Pero ¿Qué pasa? Parece que viste un fantasma, vienes recién llegando, ¡Marcel! ¡Marcel! – replicó mientras me alejaba.
-Marcel ¡ven! ¡no te vayas! Quiero presentarte a alguien –escuché a lo lejos–, se llama Z…
Alcancé por fin la puerta, y al mismo tiempo que me disponía a abrirla sonó un: ¡Ding! ¡Dong!,  las campanas del lujoso Penthause tronaron pavorosas, y choque de frente con un tipo alto de aspecto felino en la puerta.
- ¡Hola!  Marcel ¿verdad? –mis ojos se inyectaron de horror, me tendió la mano y dijo–: Soy Zabulón, el dueño del Penthause, ¡no te vayas! ¡quédate! La noche recién comienza…   

GTF.

lunes, 22 de enero de 2018

MILVAC



1

- ¡Señorita Beatriz! ¿Está segura de que desea este prototipo? Tenemos muchos ejemplares aquí, y más sofisticados que este.
- ¡Sí!  Envuélvamelo. Oliver.  Y también quiero el Perrobot que está a su lado.
- ¡Con gusto!  Madame.
Oliver activo a los robots y los puso en sus cajas correspondientes.
- ¡Oliver!
- ¡Si Madame!
- ¿No se olvida de algo Usted?
Se quedó paralizado mirando los risos dorados de Beatriz por un segundo.
- ¡Ah…, sí! ¡Qué olvidadizo! Aquí está el código para activar a los robots –le paso un microchip en la mano –, Cuando llegue a casa debe colocar el chip en su cerebro y decir en voz alta estos números [13864508]. El Perrobot se activará coetáneamente con el robot adulto.
- ¡Gracias Oliver! Nos vemos pronto.
Beatriz hizo parar un taxi deslizador, cogió a los robots y fue camino a casa de sus padres.
Cuando llegó a su casa, subió las escaleras, sin decir nada a nadie, se fue directo a su habitación, saco a los robots de la caja y los activo tal como dijo Oliver.
- ¡Buenas tardes Beatriz! –Saludó el robot amablemente mientras se paraba de la cama.
- ¡Hola! –Respondió emocionada– ¿Tienes algún nombre? –Preguntó emocionada.
-Sí, soy un X5-2100 ¿Y tú? ¿Eres mi ama?
- ¡Así es! Pero ese no es tu nombre, sino tu modelo.
- ¿Qué es un nombre? –Preguntó el robot.
-Las personas tienen nombre, así las reconocemos todo el tiempo. –dijo Beatriz.
-Pero yo no soy una persona, soy un robot.
- ¡Si lo sé!, Mmmm…, Pero de alguna manera tendremos que nombrarte. ¡Ah! –Exclamó pensativa–, te llamaras “Milvac” Y en cuanto a ti –apuntó con su dedo al pequeño perrobot –te llamaremos “Circuitos”.
Beatriz entendía que aquellos robots serían parte de su vida por un buen momento. Sus padres trataban de complacerla en lo que más podían, tal vez mimando a su hija, para ocultar la timidez que sentía para hacer amigos, una característica propia de su edad.

Al día siguiente, una bella mañana primaveral la sorprendió, el cantar de los zorzales era una liviana melodía para despertar; Circuitos dormía a su lado.
- ¡Buenos días! Amita. –Lamió la cara de la niña con su metálica y aceitosa lengua –, Beatriz sonrió.
- ¡Soy tu mascota enciclopédica! –dijo el perrobot mientras saltaba moviendo su cola.
- ¿Mascota enciclopédica?
-Sí, ama, tengo un chip adicional en mi cerebro Cyberbiónico con información de los últimos 2100 años ¡Gruauf! –Ladró Circuitos moviendo su cola metálica.
-Qué bien serás muy útil para la escuela. A mis amigas les encantará.
-Datos, fechas históricas, algebras, astrofísica, biología, chistes, etc. Cualquier cosa ama, estoy a su servicio –dijo emocionado Circuitos.
-Mmmm… ¿Puedes decirme qué es el amor? ¿Es cuando mamá y papá se besan?
El perro saco su lengua lo más que pudo, como si estuviera calculando y dijo:
- Bueno amita el amor es…
- ¡Buenos días! –Interrumpió Milvac de golpe. Aquí le traigo su desayuno amita.
La niña comía sus tostadas con mermelada, mientras Circuitos seguía pensando con la lengua afuera. En ese instante se escucha un grito que venía de las escaleras.
- ¡Todo el mundo abajo! –dijo una voz dulzona.
Beatriz y sus hermanas escucharon atentamente y bajaron, mientras los robots seguían sus pasos.
-Veo que ya tienes tus sorpresas hija mía. Sabía que anhelabas un robot, así que hable con Oliver de la tienda de robótica, para que te diera precisamente éste, me dijo que era muy especial.  ¿Ya le has puesto nombre? –preguntó la Madre.
-Sí, se llama “Milvac”
- ¡Milvac! Que estupendo nombre ¿Y la mascota?
- ¡Ah! Él es “Circuitos” es un perro enciclopedia.
- ¿Perro enciclopedia? Qué bien hija te ayudará en la escuela, debes tratarlos con mucho cuidado. ¡Excelente! Bueno…, Milvac y Circuitos, bienvenido a nuestra casa.
Los robots respondieron con un “Gracias Madame”.
Milvac levantó su mano para saludar a la familia. ¿Les gustaría ver nuestra presentación ama?
Todos se miraron fijamente y rieron.
- ¡Está bien! Muéstranos.  –dijo la madre.
Milvac dio vuelta su mano, y de la palma salió un holograma que disparaba destellos fosforescentes y con su voz de hierro señalo: “Robótica Dimensión S.A, modelo: X5-2100; número de serie y código del amor incluido (13864508), única ley universal: “Servir y amar al ser humano por sobre todas las cosas”
Circuitos comenzó a dar vueltas alrededor de Milvac, ladrando y moviendo su cola emocionado, se lanza en los brazos de Beatriz y le muestra su panza chillona con variadas luces de colores que parpadeaban como luciérnagas.
Las niñas reían al ver al Perrobot saltar por toda la casa.
- ¿Código del amor? ¿Qué significa eso? –Preguntó la madre.
-Que tengo acceso a los sentimientos humanos, pero solo si vuestra ama desea activarlo.
Amanda miró a sus hijas con desconcierto, y pensó en la real posibilidad de que un robot podría compartir sentimientos humanos; la idea la desconcertó y le dijo a Milvac que por el momento no deseaba hacerlo.
 Amanda era una mujer joven y hermosa, sus tres hijas eran idéntica a ella; tenía el pelo dorado y rizado, sus mejillas rojizas y las manos de un maniquí.
Las chicas salieron de su casa, en dirección al autobús que las llevaría a la escuela, mientras Amanda ordena a Milvac que siga sus pasos.
- ¿Dónde nos dirigimos ama? –Preguntó el robot.
-Te mostraré tu habitación, aquí podrás hacer aquellas cosas que los robots suelen hacer, el cuarto está lleno de libros viejos, quizás puedas ordenarlos, hay un estante donde puedes dejarlos. Hace años que he dejado de lado estos computadores y electrodomésticos y necesitan reparación.
-Entendido ama, con gusto los repararé –dijo Milvac con ansias.
Los libros estaban esparcidos por todo el suelo, y varios de ellos guardado en cajas polvorientas, en su mayoría eran libros de poemas y novelas románticas de la abuela, que en su juventud fue una connotada escritora.
Milvac tomó uno de los libros y comenzó a leerlo a una velocidad impresionante, sus dedos se movían como las alas de un colibrí.
- ¿Qué haces? –preguntó Amanda.
-Leo, dama, la poesía de la Abuela –contestó.
Luego se detuvo, paró su índice y exclamo:

“Y las aves del cielo caerán como rayos
Y de tus ojos nacerá la más bella melodía
Del canto primaveral”

- ¡Que bellas palabras! Ya casi había olvidado cuando mi madre escribió eso versos, que lindos recuerdos tengo de ella, era tan solo una niña –se asombró Amanda.
Milvac la miró atentamente y luego suspiro.
-Hay mucha poesía de la abuela, aquí, en este subterráneo olvidado, hare lo necesario para ordenar todo. Ama. O quizá, puedo llamarla, Amanda.  Mi ama. –preguntó el Robot.
-Sí, no hay problema Milvac… puedes llamarme como quieras.
El robot se sintió animado por la confianza que Amanda le demostró. Por un momento, la expresión de sus ojos era casi humana y confortante. Milvac caminó hacia un costado de la habitación, se acercó a la ventana y pareció ver por ella, como si entendiera todo el mundo en el exterior…, después preguntó:
- ¡Amanda! ¿Hace cuantos años que murió Almendra?
- ¡Mi madre! –Dijo la joven, mientras su fina mano presionaba su pecho, en señal de asombro–, bueno, ella…ella…, ella solo desapareció un día, luego la encontraron en su lecho, con unos libros de Shakespeare en su regazo, le gustaba mucho Hamlet y soñaba con un día poder interpretar su bella poesía.
- ¿Quién es Shakespeare? –preguntó el Robot.
-Es un antiquísimo escritor, de cientos de años atrás; a mi madre le encantaba, siempre me hablaba de él cuando era niña.
Milvac observó la emoción que provocaba Shakespeare en los ojos de Amanda. Caminó lentamente con una movilidad metálica, sus piernas chillaron oxidadas, y en la estantería divisó un libro de Shakespeare, era Hamlet; lo tomo con decisión y comenzó a pasar hoja por hoja a la velocidad de la luz… ¡Listo! Dijo y después se acercó al costado de Amanda.
Le recitó:                                    

               “Duda que hay fuego en los astros
Duda que se mueva el sol
Duda que lo falso es cierto
Mas no dudes de mi amor”[1]

William Shakespeare

- ¡Que maravilloso! Milvac, éste era uno de los versos favoritos de mamá, siempre me decía aquello antes de ir a la cama –Amanda se emocionó y sus ojos parecían dos rubíes brillantes a punto de llorar.
Milvac la observó detenidamente, y ella pareció corresponderle en la mirada…
- ¡Hola! Hola, ¡qué tal mi amor! ¿Cómo estas…? –interrumpió la escena Cristóbal, el padre de las niñas.
Circuitos venía detrás de él, meneando su cola, como una antena de TV. 
-Él es Milvac –dijo Amanda –. Oliver lo recomendó para las niñas, de la tienda de robótica. Las niñitas están felices, en especial Beatriz.
Amanda se colgó del cuello de su marido dichosamente recibiéndolo con un beso.
- ¡Ah! Y el pequeño Perrobot es enciclopédico –agregó.
- ¿Enciclopédico…? –susurró Cristóbal.
-Sí, mira. Intenta una pregunta, cualquiera, lo primero que se te venga a la cabeza
Cristóbal pensó por un momento y luego dijo:
- ¿De qué está hecho el universo? –Cristóbal observó con atención al canino metálico.
Circuitos se echó al suelo y mostró su barriga multicolor, y de una abertura es expandió un holograma que inundó la habitación de planetas y estrellas. Una fina voz delicada clamoreó.
-El universo está compuesto por la materia ordinaria que forma el cosmos y equivale al 1% que forma planetas, estrellas, humanos y robots caninos por supuesto –Milvac y la pareja sonrió –, y la materia oscura, que hasta el momento ningún científico sabe lo que es, representa un 30%; y el 70% restante es un misterio que solo los caninos descifraremos en alguno de estos días –Circuitos inflamó su pecho orgulloso–, luego dio un gran brinco hasta dar un lengüetazo a su ama y dijo un ¡Gruauf!.
- ¡Wow! ¡Es increíble! –Exclamó Cristóbal asombrado–, de verdad eres un perrobot fantástico –se inclinó y acarició su pequeña cabeza de hierro–, las niñas deben estar felices.
-Te lo dije –agregó Amanda dichosa–, muy bien, vamos a preparar la cena, las niñas ya deben estar por llegar.
Milvac se hizo a un costado y siguió trabajando, su mirada melancólica se perdió en un poema de Hamlet.     
2

- ¡Hola! Circuitos –dijo Beatriz, el perrobot se sentó en su pie y mostró su lengua rojiza cobalto –, ¡Buen chico! ¿Dónde está Milvac…?
El canino meneo su cola juguetonamente, se quedó mirándola, como queriendo decir un “No sé”, y después se echó mostrando su barriga.
- ¡Eres un manipulador! –Beatriz sonrió dichosa –, como un niño comiendo chocolates.
- ¡Ah! Así que este es Circuitos –dijo Belén, y su cara parecía la de una niña traviesa – ¿es verdad que es un perro enciclopedia?
- ¡Por supuesto! –Replicó Beatriz; tomó a Circuitos por la cintura, y le mostró un sello de fábrica con garantía incluida –, son pocos los perrobot enciclopédicos y nosotras tenemos uno.
- ¡Es verdad! –Afirmó Berenice –, hubo un tiempo que vendían varios ejemplares de perrobots enciclopedias, pero las niñas y los niños los llevaban a la escuela, y hacían trampas en las pruebas, desde entonces los sacaron de circulación, este debe ser uno de los pocos que quedaban en la tienda de robótica. En realidad, somos afortunadas.
Las niñas pasearon al perrobot de mano en mano, y este respondió con lamidos en sus rostros.   
- ¡Buenas noches princesas! –Dijo Milvac–, la cena está servida.
Beatriz corrió rápidamente y abrazó al robot.
- ¿Qué preparó mamá? –preguntó Belén.
Milvac extendió la palma de su mano y un holograma iluminó la habitación, eran decenas de frutos, verduras y carnes…, comidas de todas las especies.
-El menú de esta noche indica: pollo a la naranja con esparrago frito, y sopa de cangrejo –agregó Milvac.
- ¡Mmmm! ¡que sabroso! –Dijo Beatriz– ¿Qué esperamos…? ¡Vamos a comer! Muero del hambre.
- ¡Se ve apetitoso! Bueno, por lo menos en el holograma se ve rico –dijo Berenice.
- ¡Sniff! ¡Sniff! –olisqueó Circuitos, en señal de hambre.
Las niñas bajaron rápidamente las escaleras, Milvac y Circuitos iban detrás.
- ¡Gracias! Milvac por poner la mesa –dijo Amanda –, además de poeta, te viene bien el arte de la gastronomía.
-Así es madame. Pero no hay que olvidar la ayuda de Circuitos, tiene más de diez mil recetas de exquisitos platos, incorporados en su microchip.
-Pero eso es fabuloso Milvac –dijo Amanda mientras se disponía a comer–, ¿has oído Cristóbal…? Nuestro perro enciclopedia tiene recetas.
El padre llevó una botella de vino a la mesa, que recién había abierto en la cocina, y le sirvió una copa a su esposa.
- ¡Mira! Que interesante, podremos pedir a Circuitos recetas para maridaje de vino –se emocionó Cristóbal.
- ¡Niñitas! A sentarse, pues…, esto se ve sabroso –dijo Amanda, las niñas se acomodaron en sus puestos.
- ¿Y…? ¿Qué me dicen…? ¿Cómo les fue en el colegio? –preguntó Cristóbal rompiendo el silencio.
Las niñas se miraron esperando que alguien tomara la iniciativa.
- ¡Bien papá! –Dijo Beatriz –, hoy nos pasaron el antiguo sistema solar.
- ¡Ah! Si, te refieres aquel donde existían solo ocho planetas. Pero hoy sabemos que son miles ¿no se cierto…?
Las niñas asintieron delicadamente.
-Papá, pero quizá Milvac sepa algo más al respecto –afirmó Berenice.
- ¡Sí! Que se proyecte en el holograma –agregó Belén
-Pero estamos comiendo –sugirió Amanda nerviosa, o quizás, curiosa tal como las niñas.
-Está bien –dijo Milvac, ¡Gruauf! ¡Gruauf! Ladró el Perrobot en señal de atención, el holograma salió de la palma de Milvac, y Circuitos ayudo con su barriga para darle más proyección y colorido a los planetas–: “Al comienzo en unos 4.600 millones de años, y un poco más, el sistema solar era una nube de gas y polvo, conocido como nebulosa solar…” 
Y así explicó Milvac, mientras todos cenaban, las niñas lucían dichosas y alegres con los detalles y coloridos de la proyección; los planetas danzaban por la mesa, por el Living, e incluso, algunos se escaparon por las ventanas de la casa, y se traslucían por las cortinas, una estrellas fugaz atravesó por los ojos de Beatriz y unos meteoritos cayeron en la sopa de cangrejo de Berenice, júpiter apareció sobre la cabeza de Cristóbal, dando un aspecto gracioso –las niñas rieron –, al costado del rostro de Amanda estaba la luna, Milvac la puso frente su rostro, y después dejo que una lluvia de estrellas jugara con su fino cabello; Circuitos se dio varias vueltas, como si quisiera morder su cola, y Belén roso a Venus con sus dedos.
- ¡Que maravilloso! –Exclamó Amanda–, esto es muy bello Milvac, ¿de dónde sale tanta información, y estos hologramas tan impresionantes?
-De nuestro microchip, Ama. Circuitos y yo estamos acondicionados con información de la antigua era, donde los robots eran más primitivos y usados para reemplazar el trabajo humano, para aquel entonces, los robots no hacían tareas domésticas…, pues ahora sí –dijo Milvac con un tono de voz metálico y cabizbajo, luego miró a Amanda, como queriendo decir algo más…
- ¡Tengo una idea, mamá! –interrumpió Beatriz.
-No estarás pensando… –replicó Belén con ojos de huevo frito.
-Sí, quiero llevar a Milvac a la escuela mamá y quizás a dar un paseo por el parque.
Las niñas se miraron con un aire de complicidad.
- ¿Eh? ¡No lo sé! Puede ser peligroso niñas, ¿Qué pasa si los niños le hacen algo a Milvac o a Circuitos? Los niños de ahora están muy traviesos –dijo Amanda.
-Es una decisión difícil –agregó Cristóbal –, debemos meditarlo. ¿No les parece…?
Beatriz insistió y arrugó su cara haciendo pucheros. Las niñas se arrimaron a Beatriz y pusieron los ojos lagrimosos y dulces, tan dulces como la miel, que Cristóbal no pude resistir.
- ¡Esta Bien! Pero deben prometer que será solo por esta vez…, solo para que Milvac y el canino metálico puedan ver el mundo –dijo Cristóbal–, y por esta vez, será un paseo, y nada más, hay mucha gente que le teme a los robots, sobre todo a estos –señalo con su índice –, que son muy inteligentes y especiales, pero también muy vulnerables.
Las niñas rieron con satisfacción. Beatriz se paró de la mesa y abrazó al robot con todas sus fuerzas.
- ¡Y ahora! A terminar la comida –masculló Amanda mientras engullía un esparrago frito.

3

- ¿Cómo llevaremos a Milvac? ¡Papá! ¡Ah, sí! Y a Circuitos también, es mi perrobot genial –exclamó Beatriz.
-Los llevaremos en el carro deslizador –dijo Cristóbal –, Belén y Berenice… ¿ya están listas…? Diles a las niñas que se apresuren, no puedo llegar tarde al trabajo Amanda.
Las niñas se subieron al auto deslizante apresuradamente, Circuitos estaba en las piernas de Milvac, y las tres niñas sentadas en orden de estatura, muy calladas y obedientes, Amanda iba de copiloto, mientras se pintaba los labios por el retrovisor.
- ¡Muy bien! Ya saben las reglas –dijo Cristóbal –, las dejaré en la entrada de la escuela, Milvac y Circuito se quedarán con ustedes todo el tiempo posible, luego, los pasaré a buscar en el parque, espero que todo salga bien, y recuerden…, estos son robots especiales, tengan mucho cuidado con la gente, a no todos les gustan estos robots tan inteligentes.
- ¡Gruauf! ¡Gruauf! –Ladró el perro mecánico y asomó su nariz por la ventana trasera del auto deslizador –, ¡Mira! –exclamó una niña que iba por la calle y apunto con su dedo a Circuito.
- ¡Lo haremos papá! No te preocupes –señaló Berenice –, estaremos aquí cuando vuelvas.
- ¡Cuídense por favor! –agregó Amanda.
-No lo dude señora –repuso Milvac, y una tierna mirada fue a dar a la pupila de Amanda, como si la expresión de aquellos rojizos ojos rutilantes debajo de los parpados de metal fuera la última epifanía de este mundo –; cuidaré de las niñas y esperaré todo el tiempo necesario si es preciso…
Amanda asintió delicadamente mientras Milvac hablaba.
- ¡Muy bien! Niñas ¿Están listas…? Hemos llegado, ya pueden bajarse del auto deslizador –rezongó Cristóbal.
El complejo era inmenso, sus salones y pérgolas estaban ordenadas como piezas de lego; había jardines y juegos colgantes, y un pizarrón holográfico se deslizaba por todo el recinto informando el itinerario y horario de clases, en la entrada de la institución había un cartel que decía: <<Complejo de Niñas Futuro: el bello y maravilloso mundo del saber>> , los álamos emergían entre los juegos diminutos de hierro y cobre, y una micro-pantalla con el rostro de quien sería el fundador de la institución. Las flores bicolores crecían en el pasto, y cada vez que un niño travieso las arrancaba, volvía a salir otra más bella y fluorescente.
- ¡Guau! Con que así luce el mundo real –exclamó Milvac–, será posible que todos aquellos artefactos que utilizan los niños sean robotizados ¿de dónde provienen? De la tienda de Oliver.
Beatriz miró al robot con ternura. Sus ojos se tornaron más azules con la luz del sol
-Que ingenuo es tu robot –masculló Belén–. Bueno, creo que iré a jugar con mis amigas. Ahí se ven.
- ¿Estarás bien Beatriz? Recuerda lo que dijo papá, estos robots son especiales –terció Berenice–, estaré en la biblioteca virtual, cualquier cosa me avisas por el fonovisor ¡Vale!
- ¡Vale! –agregó Beatriz.
- ¡Gruauf! ¡Gruauf! –respondió Circuitos sugiriendo entender. Y su cola se puso alerta.   

4

- ¿Cuántas estrellas hay en el universo? –preguntó Eloísa Bill, la niña más malhumorada del Complejo –, tu super perro… ¿es capaz de responder eso? –. La gordota niña se inclinó hacia Beatriz en una actitud desafiante.
- ¡No es un super perro! Sonsa, es un Perrobot, y de los mejores que hay –Beatriz se defendió, y observó a la niña, que era mucho más grande y robusta que ella, con unos rayos fulminantes que escaparon de sus ojos.
- ¿Quién te lo dio? ¿papá? ¡niña bonita! –contestó–, pero aquí no está papá para que te cuide… ¿verdad?, y los robots no atacan a los humanos.
Circuitos se echó en el suelo y mostró su panza colorida, intentando de persuadir a la voluptuosa niña, pero esta, le dio un puntapié, y Circuitos gimió como un cachorro asustado.
- ¿Y no es un perro enciclopedia? No es capaz de responder eso, es un perro necio igual que su ama.
Las demás alumnas se acercaron y formaron un circulo alrededor de las niñas y de los robots.
- ¡Cierra la boca! ¡Tú no sabes nada de ellos –desesperó Beatriz, y su dulce voz se atraganto con temor! Los robots se acurrucaron detrás de Beatriz, como si fueran niños asustados –, ya ¡vete de aquí!
-Tus robots están obsoletos ¡mira! ¡Eh! Aun no pueden responder la pregunta –replicó Eloísa –, ¿Cuántas estrellas hay en el maldito universo?
-Son 100 mil millones de estrellas –interrumpió Milvac.
- ¿Qué…? –insistió la niña y apretó su puño –, ¿100 mil millones? ¿de dónde sacaste a este estúpido robot?
- ¡No lo llames estúpido! Milvac es capaz de responder eso y mucho más – masculló Beatriz con firmeza, Circuitos comenzó a pucherear asustado.
-Nuestra galaxia tiene una masa de 100 mil millones de soles, que es un promedio de los tipos de estrellas que existen, esto produce un resultado de 100 mil millones de estrellas dentro de esta galaxia –repitió Milvac en un tono nervioso. Su garganta de metal se agitó
-Tu robot está loco, ¡Vamos! Hay que desmantelarlo –agregó Eloísa, mientras agitaba al resto de las niñas para amedrentar al robot.
-Eres una obtusa. No puedes soportar que mi robot sea más inteligente que tú – dijo Beatriz mientras retrocedía poco a poco con Circuito entre las piernas.
Las niñas comenzaron a zamarrearlas y a dar patadas en las piernas de lata de Milvac. Circuitos corrió y se ocultó detrás de una máquina deslizante de basura. Beatriz soportaba los empujones tenazmente, sin que los músculos de su cara expresaran miedo.
- ¡Crajajaja! 100 mil estrellas… –se burló la insoportable niña –. Tu sucia hojalata no sabe contar, será mejor que te los lleves de aquí. ¡Niñas! ¡a ellos! –se abalanzó la obesa jovencita encima de los robots.
Beatriz cerró sus ojos, esperando que la mofa de las niñas pasara y se tapó los oídos con sus manos.
Milvac gesticuló una mueca extraña, y un sonido de flautín salió de su boca…, las niñas asustadas retrocedieron.
-Pero… ¿Qué narices es eso…? Suena como una orquesta de aves o algo por el estilo –dijo una de las niñas abusadoras.
Milvac extendió sus brazos de par en par, y dibujó un circulo en el cielo, un holograma gigantesco cubrió todo el complejo, nuevamente estaba lleno de planetas y constelaciones…, el sistema solar se distribuyó por rededor como una cascada sideral de estrellas. Mercurio se cruzó fugazmente y se posó en un álamo del jardín; Venus llegó sin aviso desde la superficie cromada del complejo, y Júpiter aplastó a las malhumoradas niñas que no entendían nada de lo que estaba sucediendo.
- ¡Santas Galaxias! –dijo la Profesora Heredia de robótica básica–, hace muchos años que no veía un efecto holográfico como este, desde mis aventuras en la Universidad –musitó.
Milvac cerró el circulo y clamoreó:
- ¡Atención! ¡Atención! ¡Por favor, retrocedan! Se ha activado mi sistema de escape. Les pido disculpas, por favor…
Sus ojos fotoeléctricos se tornaron más rutilantes, como dos cerezas rojas. La fuente de energía se incrementó gradualmente hasta que llegó a toda su potencia. Se activó sus sensores táctiles e infrarrojos y un impulso electrónico recorrió todo su metálico cuerpo; detrás de sus piernas emergió un vapor y se prendió el sistema de propulsión; sus brazos se trasformaron en dos grandes alas de hierro con sensores tácticos supersónicos.
- ¡Muy bien! Acóplate Circuitos –ordenó Milvac –, el perrobot dio un brinco y se enganchó en la espalda del autómata.
Milvac juntó sus alas haciendo un puente hasta su cuello.
- ¡Sube! – le dijo a Beatriz–, debemos salir de aquí, el sistema ya está activado, no puedo detenerlo. Ya es hora.
La niña trepó por los brazos-alas de Milvac y se enrolló a su cuello.
- ¡Gruauf! ¡Gruauf! –labró Circuitos emocionado mientras su barriga centellaba rayos de felicidad.
Los pies de Milvac comenzaron a separarse de la superficie ante las miradas atónitas de las alumnas y profesores del Complejo de Niñas Futuro, sus bocas abiertas babeaban sin reaccionar ante la elegancia con que Milvac despegó del suelo.
- ¡Yuuujuu! –dijo Beatriz y le sacó la lengua en una morisqueta a Eloísa mientras se elevaba por el cielo.
- ¡Me las pagaras! – farfulló la niña.
Milvac despegó y la cara mágica de Beatriz contenía una alegría que jamás había sentido. Sentía fascinación no solo por haber dejado a Eloísa con el rabo entre sus lánguidas piernas de niña traviesa, sino también, le daba un gusto enorme la sorpresa que Milvac tenía guardada.
- ¡Sujétense bien! –espetó Milvac–, ahora viene lo mejor. La trasformación comenzará en cualquier momento.  
- ¡Transformación? –dijo Beatriz con su dedo en la boca.
De la espalda del robot asomaron dos bloques de cristal platinoides que se adhirieron a los brazos-alas de Milvac, formando una gran esfera luminosa que dio giros alternados en el cielo. El bólido subió a toda velocidad hasta llegar a la troposfera.
- ¿A dónde vamos Milvac? – preguntó Beatriz emocionada.
- ¡Ajá! Es una sorpresa…, ahora activaremos la capa gravitatoria.
Milvac hizo un movimiento ligero dentro de la esfera…, giró una palanca y un escudo azulino cubrió la esfera en su exterior, dando la sensación de estar dentro de un cristal gigante y pesado.
- ¡Es hermoso Milvac!
-Siempre hemos vistos las presentaciones de los hologramas. Pero, por primera vez en tu vida lo veras realmente –dijo el robot–, alguna vez, en el pasado, existieron más robots como yo, nuestro creador fue un amante del sistema solar y de los libros holográficos…, debo suponer que eso está dentro de nuestro sistema Cyberbiónico.
- ¡Gruauf! –ladró Circuitos y lamio la cara de la niña y el rostro metálico del robot.
- ¿Puedes decirme precisamente donde estamos circuitos? –pregunto felizmente la niña.
-Sí ama. Buscaré en mi registro enciclopédico –el perrobot apretó un botón amarillo que se asomaba en su barriga con su pata metálica.
-Estamos cruzando la Troposfera, y en 5 km más estaremos en la Estratosfera, 50 km para llegar a la Mesosfera, en 80 km la Termosfera; hasta que en 500 km cruzaremos finalmente la Exosfera para llegar al especio exterior. –el perrobot mostró su lengua colorida en señal de cansancio.
- ¡Vamos al espacio? –exclamó la niña. Circuitos lamió su mejilla.
- ¡Riiiing! ¡Riiiing! –vibró la barriga de Milvac.
- ¿Qué es eso…?
-Creo que es la Señora…, debe estar preocupada…
- ¡Aló! ¡Hija! ¿Dónde estás…? – desesperó Amanda–, la profesora Heredia de la clase de robótica básica me ha contado lo sucedido en el patio de la escuela. A Eloísa la reprendieron. Pero tú mi amor ¿Dónde estás? Tu padre, tus hermanas están muy preocupadas…
-No te preocupes mamá, estoy con Milvac y el Perrobot.
- ¡Milvac!  Oh Dios, escuché que Milvac salió volando ¿es eso posible?
-Sí mamá, ahora vamos en camino.
- ¿Vienes para cenar?
- ¡No! Vamos en camino al Sistema Solar. No te preocupes, estaremos bien.
- ¿Sistema Solar…? ¡Hija! ¡Aló!...
- ¡Atención! Hemos cruzado la Exosfera amigos –dijo Milvac emocionado–. Y esto recién comienza…
                                                                           
                                                                         Continuará


GTF.
  



  




        
   

       




       





























[1] Extracto de la poesía de William Shakespeare