¡Ding! ¡Dong! Sonaron las campanas
del lujoso Penthause del Edificio 68 en la Av. Libertad y Vuelo (curioso nombre) toqué
solo dos veces la puerta, pues, la verdad, es que era una de esas noches que en
realidad me sentía cansado y sin ganas de nada; pero, la curiosidad de asistir
a este tipo de fiestas, que comentaron en el edificio, me gano el sueño. Aunque
ya había pasado muchas semanas en que escuchaba estas “voces” de aquí arriba, y
era hora de averiguar de dónde provenían.
- ¡Hola! –dijo una joven rubia y alta, de uno 25
años. Llevaba un escote provocativo que insinuaba desnudes –, ¡ven! Adelante,
toma lo que quieras. Me dijo. –<<¡lo que quieras!>>– pensé de
inmediato, y no pude evitar una imagen sexual en mi cabeza, con la sensación de
caer al abismo del deseo. –estas en tu casa, cualquier cosa mi nombre es Luz.
Medité en “Luz”, pero algo me incomodó, ¿quizás su
pelo brillante como un sol o la luz del anochecer? En realidad, no lo sé, pero
sentía que su nombre no encajaba con la realidad del Penthause.
- ¿Qué trago tomas?
-Vodka –le respondí–, con dos hielos y zumo de
naranja.
Se puso detrás del bar, y observé sus manos tomando
la botella de Vodka…, luego agarró un vaso, luego tomó dos hielos delicadamente
con la punta de sus uñas rosas – ¡clac! ¡clac! –,
sonaron los hielos al caer en el vaso, y fue como una poesía auditiva que
vibraba dentro de mí y me puso los pelos de punta en un instante.
-Habíamos escuchado de ti – dijo mientras vertía el
zumo en el vaso. –Tú eres el chico del Departamento 306 ¿verdad? ¡el chico
gruñón!–. Y me apuntó con su delicado índice. No pude recordar si la había
visto alguna vez en el edificio: <<¡Esta chica! ¿Quién es…?>>
-¿El chico gruñón? ¿Yo? – respondí, y recordé haber
alegado dos veces por ruidos molestos al conserje–. Oh, suena como si fuera el
ogro del edificio, pues ese niño gruñón tiene nombre, soy Marcel
- ¡Toma, Marcel! –me dijo Luz con su voz dulce, y
por un segundo pensé hasta erótica –, ¡aquí está tu trago! Espero te guste, no
soy experta en esto de…, de servir.
-No lo haces nada de mal –respondí.
Ella me miró fijamente, con unos ojos de gata
egipcia; pero más que sensuales, eran unos ojos interrogadores, como si
estuviera viendo dentro de mí; y a la inversa, yo viendo dentro de ella, y todo
pareció detenerse; en un lapsus…vi que sus ojos se desenfocaron y su pupila
dibujó una línea vertical dando un estímulo animalesco –es un gato, me dije,
¡no! ¡qué diablos! Es un…, un… –. El efecto duró menos de un segundo, pero lo
vi, o por lo menos creí verlo.
- ¡Hey! – me dijo –, ¿Qué haces…?
- ¡Los siento! Es que me pareció por un momento que
tus ojos se…, se…, Oh nada, olvídalo, son imaginaciones mías o debo estar loco
o el Vodka me está haciendo efecto.
- ¡Eres un chico raro! ¡Eh! –balbuceó mientras
tomaba un sorbo de Vodka –, y dime…, ¿Qué te parece el Penthause?
Ella abrió sus manos como Jesucristo ascendiendo a
los cielos y gesticuló con su bello rostro una mueca que decía: <<! Maravilloso
¿no? ¡Dime que es hermoso maldito bastardo! >>, y yo respondí: <<Beautiful>>, en una palabra, sin voz. La destreza fina de las
construcciones de mármol, las pinturas del Barroco y Grecia, las estatuas y los
bustos de Emperadores Romanos…, ninguna cosa de aquellas enfocaba mi atención,
salvo el color guinda-sangre de los labios de Luz, muy bien definidos y que
eclipsaban con el hielo del vaso mientras bebía su vodka; ¡Oh, Dios! Es
realmente hermosa –pensé un instante–, o más bien, diabólicamente hermosa…, mi
cabeza daba vuelta, pero aun así…, sentía que Luz no encajaba en este
espacio-tiempo, ni en el Penthause.
- ¿Y? ¿Qué opinas de la fiesta? ¿te gustan las
fiestas…, supongo? –esbozó una sonrisa que me dejó más hipnotizado de lo que
estaba. Y sentí que ya no había tanto entusiasmo con mi presencia.
La verdad es que estaba tan abstraído en un mundo p-p-paralelo,
que ni siquiera me percaté que estaba entre el jet-set del edificio: tipos
altos con trajes elegantes, mujeres esculturales, y un enano de mozo (sí un
enano, ¿Qué cosa más rara? ¡no?) me ofreció un canapé y luego se fue, y cuando
lo miré tuve esa misma sensación extraña, en su pupila se dibujó una línea
vertical: << ¡Atácame de nuevo! “El ojo de
gato me miraba como una presa sin alma”>>, y un
escalofrió corrió por mi columna vertebral; pero, esta vez, ya no era la sensación
extraña del principio, sino, el reflejo más exacto de la palabra MIEDO. Pero no
dije nada al monstruo-enano, dejé que huyera sin preguntarle, porque me
incomodaba más el hecho de que las personas conversaban en silencio y me
miraban de reojo, casi como mimos en la calle, o en el paseo de un parque lleno
de payasos, y de niños que huyen de los payasos; y uno de esos niños era
yo. Los ronroneos del averno –pensé–, y
me hablan en forma de guasones y gatos, en un romanticismo que solo puedo
entender en este mundo p-p-paralelo.
-Te voy a ser sincero. –Le dije–, la verdad es que
nunca he estado en una fiesta de alta alcurnia, ni siquiera recuerdo cuando fue
la ultima vez que estuve en una fiesta de clase. Soy un tipo frágil y
doméstico, de gustos simples, no me vanaglorio con el mundo y estupideces.
- ¡Guau! – dijo ella sorprendida –, al fin sacas el
habla, te presentaré alguien que te puede interesar.
Justo cuando dijo eso; en el mismo instante en que
sus labios guinda-sangre se cerraron sensualmente ante mí; se detuvo todo el
tiempo en mi mente; ¿de nuevo…? no podía entender nada de este m-m-mundo
p-p-paralelo que ya estaba afectando oníricamente mi cerebro, o alguna parte de
él, o aquello más el Vodka (las alternativas eran varias, ninguna concluyente) y
el hielo, y el zumo, los labios, Luz, el escote, yo…, todo era confuso…, y
luego la imagen de mi cuerpo agusanado completamente, ¿Qué demonios esta
pasando…? ¿Demonios? –Cuestioné ensueño –, los gusanos salían de mi cuerpo, y
volvían a entrar por unos poros elásticos que formaban agujeros, intenté atrapar
uno por mi codo…, era largo como de 40 centímetros; lo jalé, pero se me resbaló
y volvió por los poros, a navegar por los intestinos de mi cuerpo y desembocar
en las arcadas mentales que estaba sintiendo. - ¿Quién es? – pregunté
ensueño
-Un amigo de otro tiempo… –dijo Luz– el que viene
del pozo oscuro, el dueño del Penthause, y nos deleitará-á-á
Á-á-á… escuché la última letra de la palabra que
dijo la mujer sensual; a lo lejos y en caída, y mi vista era borrosa y aguada.
Una extraña niebla azul descendió por todo el Penthause desde el techo y
electrificó a los invitados…, y, en el medio del salón, vi una alfombra de
pétalos de rosa, y la silueta de un hombre alto y robusto, que venía hacia mí,
o soñé que lo hacía. No hizo nada (al menos por el momento), pero gesticuló una
palabra que parecía una orden, y los asistentes hicieron un círculo que rodeó mí
cuerpo, y chismotearon en risas frenticas: << ¡Craje-ja-je!>> mientras yo estaba al medio sin entender nada.
Luego comenzaron a desnudarse, la ropa ajustada al cuerpo de los invitados
pertenecía al espacio actual de mi m-m-mundo p-p-paralelo; pero cuando la
dejaban caer al suelo había: bastones, sombreros, relojes, vestidos,
sombrillas, etc. Eran vestimenta de los años ¿40…? ¿de qué diablos me perdí?
(El Diablo) –dijo mi conciencia abrumada–: de nada ¡Oh!, todo es una broma,
¡una maldita joda! –poco a poco comencé a mentirme sin reparos. O por lo menos
mi mente lo hacía.
Los invitados gemían risitas burlescas en medio de
la desnudes, como si fueran parte de una pintura de óleo, y en un flash mental
sus extremidades se volvían de mármol, luego, eran partes de un animal: un
hombre con manos de escorpión, una mujer con patas de araña, un anciano con patas
y torso de caballo <<El Centauro del pozo oscuro>> de mi m-m-mundo
p-p-paralelo que no tenía sentido, de mi mente retorcida que veía cosas
malditas; –¿será el vodka? No, he bebido poco…, y Luz; también, pero no me
habló más, se quedó con ese loco… ¿será mi mente? ¡bingo! ¡un momento!, es el
siseo “¡Ssssh!” el silbido de la serpiente de mi oído, ¡eso
es!, son las voces, las que escucho de mi departamento <<Las
Voces Lejanas>>, las que no me dejan dormir en ningún momento, las
dueñas de mi insomnio, y de los monstros cuando concilio el sueño–. Ahora el
enano se arrastró desnudo y la mitad de su cuerpo era de oruga con diminutas
patas que tintinaban en un parpadeo morboso y grotesco.
-¡HELLO! ¡DESPIERTA HUMANITO! –me dijo Luz, que ya
no era Luz, sino la más perversa
oscuridad del claroscuro, una especie de víbora putrefacta del deseo; estaba
desnuda, y su torso escamoso brillaba pavorosamente; su cabello ya no era
rubio, sino rodeado de mil gusanos como “MEDUZA”(¿Los gusanos que salían de mi
cuerpo?), y sus labios guinda-sangre era un orificio ovalado con espinas
puntiagudas que pulsaban, mientras inhalaba y exhalaba; abrió su boca y mostró
su lengua bípeda que serpenteó en el aire con un sonido de cascabel. Aun
conservaba sus senos, la pelvis, y su vagina humana…, pero el resto del cuerpo
era indefinible.
–Te presento
a Zabulón –me dijo–, el dueño del Penthause. –¿Zabulón? ¿Que ya no dijo esto
antes? “Déjá Vu”, …el amigo del otro tiempo…el que viene del poso oscuro.
¡Eh! Creo que no es bueno esto…, un mal presagio y estoy en sueño.
La silueta del hombre alto y robusto se desvaneció
en una sombra líquida, opaca y oscura, se deslizó como una culebra entre los
invitados y las finas paredes del Penthause… –¡Oh! Recién me percate que no
solo estaba al medio de la alfombra de pétalos rojos, frente a la mirada
lujuriosa y diabólica de los invitados; sino, que, además, estaba desnudo y con
mi piel a merced de Luz (La clara-oscura Luz de víbora), que ya no me miraba
con esa cara coqueta y el hielo del vodka en sus hermosos labios, sino, con la
horripilación felina y angustiosa de un demonio–. Zabulón cayó como una mancha,
una gran mancha oscura y verdosa sobre los invitados y sobre mí, y sentí un
regocijo en el vientre, hiriente y cálido a la vez, que me llevó a un estado
letárgico inexplicable de vacío y vértigo; unas antorchas de fuego se
prendieron de improviso en las cuatros esquinas
del Penthause; mis ojos brillaron, como nunca en mi vida…, y me percaté
que una lagrima purpurina rodó por mi mejilla de niño, de un niño atrapado en
un nido de ratas o, <<de un niño que huye de un payaso en el parque, ese
niño era yo…>> la flama del fuego era hipnótica y en contraluz vi los rostros
cadavéricos de los invitados del Penthause, eras los rostros de otras épocas,
quizás entremezclados en tiempos distintos, de la década del 1950 hasta el 2000,
sus ojos ovalados y su pupila vertical de gato me observaban como diciendo: <<!He aquí el
intruso, devoremos al mal nacido¡>>, el monstruo-enano también me miró desde un
extremo del salón y luego abrió su boca en una sonrisa jocosa inaudible,
imaginé que era un: << ¡craje-ja-je!.>> Luz, la víbora, se deslizo
como reptil a los pies de la sombra oscura de Zabulón y le dijo: <<!Es
el chico de las Voces, el de las voces lejanas¡>>, el ser amorfo no puso reparos por mi presencia, solo dio un gruñido
salvaje que alerto a todos, y en su mano de sombra oscura tenía un objeto
parecido a una daga, que brilló con el fuego de las antorchas, vibrando en un
destello azul-eléctrico que encandiló los ojos de gato de los invitados. Yo
puse el brazo para protegerme de su luminiscencia, y pude ver unos extraños
símbolos en la hoja filosa de la daga:
LAS VOCES LEJANAS DEL INFIERNO
Y luego alzo la daga, como si fuera un elemento
macabro de un ritual salvaje y despiadado; justo a su lado, el resto de las
sombras se cobijaban como lagartos en un charco de sangre, sombras fugaces que
aparecieron sin aviso desde el techo del Penthause, y se ramificaron como un
virus por todo el salón, entrando por la boca y poros de la piel de los
invitados con rostro felino, como si fuera el tentáculo de un calamar perdido
en mi m-m-mundo p-p-paralelo que invade los cuerpos de cera sin habla de un
extraño salón. Nadie exclamaba palabras excepto Zabulón, que interactuaba con
las sombras en un idioma que mis oídos jamás escucharon antes…, y que espero no
saber nunca en mi vida que clase de comunicación tenía Zabulón con las sombras,
porque los sonidos guturales que salían de los espectros eran de aquellos que
te hacen temblar hasta los huesos…, sin embargo, pienso que esta sensación de
ensueño extrañamente protege mi cuerpo; mi piel esta merced de todas estas miradas de
tártaro, un camuflaje que se entrelazó en un tiempo de martirio y sin retorno…,
el reloj central del salón estaba inmóvil y los huéspedes estáticos como
maniquíes, solo escuchaba la voz de Zabulón, y Luz la víbora, se posó delante de mí con una velocidad que mis sentidos
no pudieron percibir, pero, no sabía si sentir asco de la horripilación de sus
terminaciones faciales de serpiente, o un poder de atracción que prende mi
vientre como hoguera, se acercó flotando fantasmagóricamente hasta que sentí
sus piernas (o más bien una cola serpenteada y escamosa entre mis piernas) que
se cruzaron con las mías agarrándome fuerte hacia su cuerpo y su pelvis, sentí que su vagina me atrapó con
una suave y dolorosa pasión y generó un vaivén erótico y reconfortante que me
hizo temblar de placer y de miedo: <<Zabulón nos deleitará-á-á, nos atrapará-á-á>> era lo que repetía mi mente mientras gritaba de
placer en un orgasmo macabro y constante, estaba flotando en el medio del salón
bajo el yugo de Luz, la víbora, entregado
a su piel escamosa y sus labios guinda-sangre que succionaban los míos, en un claroscuro
que baña mi piel con su halito de reptil, y mi piel no se podía despegar de
ella. Las sombras de Zabulón nos
abrazaban en un remolino de viento que giraba solemne entre las mirabas
hipnóticas de los malavenidos huéspedes…, ahora sentía que ellos eran los
intrusos, en cada gemido de mi boca, se cruzaban las miradas felinas intrusas y
expectantes de mi deleite, y suplicaba estar en la soledad con todo el flagelo
de los labios de Luz…, con todo lo que implicaba aquello. De pronto sentí que
sus labios rosaban mi oído y su lengua bífida rodeó todo mi cuello hasta
generar una presión en mi garganta que me ahogaba, y me enloquecía de placer a
la vez, lo hizo una y otra vez hasta que mis gritos eróticos cautivaban a los
huéspedes del Penthause, como si fuera un gemido que persuade e invita a una
orgia de caníbales desfasados en un tiempo irreal…, y todos comenzaron a imitar
mis gemidos, el monstruo-enano me observaba desde una esquina del salón,
parecía feliz, pero su cara al sonreír se desfiguró como una pintura de óleo,
luego imagine que me decía un: << ¡craje-ja-je!.>> a contraluz de
la antorcha que me puso la carne de gallina (…)
- ¡Escuchas eso? –exclamó Luz en mi oído–, son Las Voces, las voces lejanas del infierno. Y
vienen por ti.
¿Vienen por mí? ¡Oh! Mi boca hizo una mueca de “O”
mientras mi cuerpo flotaba por el salón, pero fue una mueca sarcástica e
hipócrita conmigo mismo, o con alguna entidad que era yo, o una parte de mi
alma que quería ser borrada del espacio-tiempo en mi m-m-mundo p-p-paralelo que
a esta altura era un mundo compartido con seres mágicos y demoniacos que no
podía comprender, pero si podía amar. Los labios guinda-sangre de Luz la víbora estaba dentro de mí…, pero no
solo serpentea su lengua en mi boca, sino que literalmente la sentía dentro de
mí, de mi cuerpo por completo. Su cola se fusionó con mi entrepierna y sentía
su recorrido líquido por mis huesos deformes, se escabulló la serpiente
culebreando por mis pies hasta mi cabeza, me abrazó los pulmones y saboreó mis
intestinos, había un tentáculo entre mis costillas que me causaba dolor y risa,
y hacía presión desde el interior, queriendo salir y romper mi carne, como una
piñata llena de dulces de cumpleaños, con la diferencia, que aquí la piñata era
“yo”, o más bien mi tórax, y los dulces eran mis pulmones e intestinos que si
explotan de placer, harían un charco de sangre y carne tan dulce y cálido, que
todos los huéspedes felinos lamerían mis restos como gatitos a la leche (¡Cra-je-ja-je!). En mi mente agónica se escuchaba un grito
ausente: <<Las Voces
Lejanas, Nos Deleitará-á-á>> era la voz de Zabulón en el límite mental de mí
m-m-mundo p-p-paralelo, que alzaba su
daga en medio del coito fantasmagórico que parte de mi cuerpo vivía…, y mi
corazón comenzó a palpitar más rápido, como si fuera una pesadilla nocturna,
esas pulsaciones incontrolables del sueño que te agotan poco a poco, aquí me
hacían sentir poderoso: mi corazón en mi boca, bombeando la sangre espesa que
quiere salir a manchar el salón…, mi sangre quiere escabullirse como las
sombras de Zabulón, ¡Oh! ¡Qué poderoso me siento!, tan amado como un niño
mimado…, pero, un niño mimado con sangre de cordero, con el pecado oscuro de su
alma, un niño que flota entre los muertos con la cara llena de risa. Zabulón
dejó caer la daga en mi pecho y mi alma se llenó de vigor, una fuerza
sobrenatural se apoderó de mis huesos, o el saco de huesos que era, y sentí el
deseo de volverme placer fantasmal, el silencio visual de mis pupilas ya no
existía, ahora estaba en una nube de sangre fluyendo por todo el salón. Una
puñalada rajó todo mi hueso y Zabulón extrajo mi corazón de cuajo, y el placer
se hizo infinito…, mis ojos ya no eran parte de esta luz, ni siquiera parte del
claroscuro de Luz la víbora, ya
estaba por sobre su risa diabólica y sarcástica que me hacía temblar y sentir
como el ¡ESTÚPIDO HUMANITO!, ahora era parte de todo y de todos los presentes
(incluso era parte del monstruo-enano). Y de toda oscuridad luminiscente que
evoca de las sombras eternas: <<!LIBERTAD Y VUELO¡.>> oí algún
espectro vociferar esas palabras mientras explotaba la piñata de sangre.
Ya era hora del show, la obra teatral de los
demonios recién empieza, y yo tengo boletos en primera fila: Zabulón se orilló
en un extremo del salón y dejó que mi sangre se esparciera por el piso, abrió
la tapa del piano y comenzó a tocar Tocata
y Fuga en re menor de Bach , sus garras se movían ligeras como lombrices en
las pulcras teclas del piano que lloraba melodías de agonía y hostilidad, las
sombras se apoderaron de mi sangre y la esparcieron por todo el salón, formando
un cuadro de oleo humano con restos de carne y hueso, los huéspedes se
saborearon los labios con un gemido continuo y opaco que aguzaba la pupila
horizontal de las miradas lascivas, y los espectros jugaban en el aire…,
jugaban con los restos de mi piel en el charco de sangre, ¡Oh, madre mía! Puedo
ver mi cuerpo desfigurado en ese charco donde todos los gatitos lamen la leche
y maúllan a Zabulón que no deja de tocar las melodías satánicas de su propio
m-m-mundo p-p-paralelo que invade mi alma. Ahora los huéspedes eran cadáveres y
zombis que oscilan en una línea temporal incomprensible, sus trajes de épocas
no conjugaba con los celulares y relojes finos, los vestidos de las mujeres
reptiles no conjugaba con sus pulseras magnéticas y su risita aristocráticas…,
y Zabulón abrió su boca nuevamente dando una orden, y todos comenzaron a
desgarrarse la piel en una orgia diabólica de sangre que formó una piscina
honda y cóncava en la terraza del Penthause; y de pronto, los rostros
cadavéricos del salón se trasformaron en perfectos rostros humanos al contacto
de la intemperie, eran ellos mismos de nuevo, los comuneros del Edificio 68 en la
Av. Libertad y Vuelo, “curioso nombre” para todo aquello que acababan de
vivir, sin embargo los poseyó un impulso
extraño que los llevó a la locura, la sombra gris de Zabulón entró por la boca
de los huéspedes convulsionando sus cuerpos de cera, y uno por uno se arrojaron
al vacío por el balcón, pero su mente seguía ahí en la muchedumbre junto a los
cadáveres y bestias del Penthause:
¡Auxilio, Que
caigo en el abismo!
Caigo entre el aire sin retorno.
Caigo entre huesos y carne.
La
sangre me ahoga, ¡oh, sálvame la vida Zabulón!
¿Por qué me arrojaste hacia el vacío Zabulón?
¿Por qué te alimentas de mi piel y de mi carne?
Una cabeza y un ciempiés
Dos cabezas y un ciempiés
Tres
cabezas y un ciempiés
Caen junto a mí.
Por
el averno, en los secretos de tu sombra.
La sangre me ahoga.
La vida se escapa
“LIVERTAD
Y VUELO”
En las sombras
oscuras de mi destino
Llego al final del precipicio
¡Un grito al vacío!
Mi corazón se
parte en el charco de sangre.
Los cuerpos crujían al tocar el suelo –como dos
hielos en un vaso de vodka, pensé: ¡clac! ¡clac!–los huesos tronaban generando
una vibración espeluznante, pero los demás huéspedes solo reían y gemían como
si estuvieran en un sueño profundo, nadie se percataba de que los cuerpos caían
como nueces y reventaban como bóveda de sangre en el pavimento, solo yo…, o la
parte de mí que deambulaba por el balcón. Sonámbulo en mi andar espectral, entre la
neblina verdosa, dando pasos en el aire demencial <<una sombra más
que se esparce en el tiempo, un grito más del agujero, en el invierno ancestral
del demoniaco Zabulón, el que viene del pozo oscuro>> ¿Quién se
atreverá a extrañar mi alma deambulante en este océano de sombras
sanguinolentas? Los huéspedes juegan en la piscina de sangre, hunden sus
cabezas como lagartos bebiendo el vino de los eternos, y entre las risas sensuales,
se desgarran las carnes con los dientes de sables, carcomiéndose entre
vosotros, llenando cada vez mas su alma de sangre…, la misma de épocas
antiguas, todos entrelazados en tiempos perdidos, bajo la melodía de Zabulón,
las parejas yacían esqueléticas al borde de la piscina sonrientes de placer…,
el monstruo-enano unió un cordel elástico a un extremo de la baranda y comenzó
a saltar tal como lo harían un bufón en sacrificio, desafiando la altura sin
temor, encorvando su extraño cuerpo que revelaba un dejo de humanidad, entre
una mirada lirica y desafiante a la muerte jocosa…, se arrojó al vacío sin
más…, su deforme cuerpo voló como murciélago: <<!Libertad y Vuelo!>> iba
zigzagueando en el aire, con su rostro de sátiro y se atrevió a mirarme a los
ojos…, a mi parte espectral, y vi el placer de la sangre en sus ojos, vi el
fuego de almas inmemoriales y la sed por la muerte negra, me vi reflejado en
sus ojos, como el fin de un mal chiste, una jugada irónica del destino, pero
era el designio de las voces, lo que ordenaba Zabulón era ley en su m-m-mundo
p-p-paralelo, un mundo que te atrapaba en la desolación.
Dos mujeres salieron de la piscina desnudas y con
el rostro carcomido, su figura ya no era parte de este mundo aunque mantenían
ciertos gestos de humanidad, una de ellas llevaba el brazo totalmente
deshilvanado asomando parte de su esqueleto…, su carne fue parte del festín,
como todos los demás que se abrazaban y comían sus carnes en la orgia
putrefacta y nauseabundas de los cadáveres aristocráticos, pero nadie parecía
darse cuenta del ritual espeluznante y agónico de la socialité , y gemían de placer sin más explicación y con toda
excitación. Una de las mujeres tomó de la mano a la otra y la besó a la orilla
del balcón, y como dos golondrinas desnudas se tiraron al vacío: una caída más
de lo alto del Penthause, las mujeres se rodearon con sus piernas en el aire y
formaron una rueda en posición fetal, que arrojó chispas uterinas de sangre
antes de reventar en el pavimento…
-¿Disfrutas del espectáculo Marcel? –me dijo Luz
mientras tomaba del Vodka naranja –,
¡Hey! ¿te pasa algo? ¿te encuentras bien?
-Sí. Es que…aquí, la fiesta, la sangre…, y tú…
–agregué confundido, volteé a mi alrededor y noté como todos disfrutaban de una
elegante fiesta a carcajadas, sin mascaras ni ojos de gatos. Luz lucía tan
sensual y bella, con su vestido escotado insinuando desnudes que me sentí
enamorado al instante, su fino cabello dorado, las piernas largas de mármol y
su piel de seda me seducía hasta el vientre .
-¿sabes…? he recordado que debo terminar unos
asuntos –le dije, y una gota de sudor rodó por mi ceño–, debo irme a mi
departamento.
Dejé el vaso de vodka en la barra y comencé a
caminar hacia la puerta.
-Pero ¿Qué pasa? Parece que viste un fantasma,
vienes recién llegando, ¡Marcel! ¡Marcel! – replicó mientras me alejaba.
-Marcel ¡ven! ¡no te vayas! Quiero presentarte a
alguien –escuché a lo lejos–, se llama Z…
Alcancé por fin la puerta, y al mismo tiempo que me
disponía a abrirla sonó un: ¡Ding! ¡Dong!,
las campanas del lujoso Penthause
tronaron pavorosas, y choque de frente con un tipo alto de aspecto felino en la
puerta.
- ¡Hola! Marcel ¿verdad? –mis ojos se inyectaron de
horror, me tendió la mano y dijo–: Soy Zabulón, el dueño del Penthause, ¡no te
vayas! ¡quédate! La noche recién comienza…
GTF.

