1
Las
explosiones habían ocurrido hace unos años atrás. Los investigadores ya no
hablaban de ese planeta tan lejano –decían –, “Eris” , cuyo tamaño supera por poco a su hermano Plutón; estaba
solo en la oscuridad sideral, abandonado en el décimo lugar del sistema solar,
junto a su pequeño satélite natural “Disnomia”
Johan
Hertz, científico y astrofísico del Cuerpo Galáctico UG2, había desarrollado
una nueva forma de estudiar las explosiones, en base de la influencia de la
gravitación en la propagación de la luz, en este sentido, Johan desarrollo su
teorema de ecuaciones dirigido a busca el “Por qué” de las extrañas explosiones
del Planeta plutoniano.
En el
año 2732 Johan Hertz logró que por primera vez el Cuerpo Galáctico Imperial del
Sistema Solar (CGISS) autorizara una expedición de investigación al planeta
Eris. Lo acompañaba la científica Susana Casanova, y el piloto del R-21[1] Aparicio Law, y una tripulación equipada y
preparada para viajes extremos.
-¿Cómo
es posible que existan explosiones en un planeta frio? –se cuestionó Aparicio
Law, mientras se preparaba un café en el comedor principal del R-21.
El sol
se divisaba por el ventanal principal, como una pequeña y diminuta estrella que
flama en el horizonte sideral.
-“Ser o
no ser” Esa es la cuestión –dijo Johan Hertz en tono poético –, lo que he
investigado en diez años es que la naturaleza de Eris no permite explosiones,
es casi imposible…, pues la superficie está compuesta de metano helado, muy
similar a lo que sucede en Plutón; pero, esto nos demuestra que la astrofísica
siempre tiene sorpresas
-¡Ba!
¡Que vendito trabajo el suyo! –Exclamó Aparicio –, estamos a más de 14.ooo millones
de kilómetros de la tierra y no haya nada mejor que citar a Shakespeare; menos
mal que existe el sueño criogénico ¡Santas galaxias!
-¿Interrumpo
algo caballeros? –balbuceó Susana, llevaba un traje galáctico de color amarillo
metálico que se ajustaba a una bella figura proporcionada y sobria, tenía el
pelo rojizo y los ojos verdes turquesa.
-No,
para nada –contestó Johan hipnotizado –, es solo el gruñocito de Aparicio, que
se queja del sueño criogénico, fueron solo 30 años, y estamos como nuevos… “el
maravilloso poder de la ciencia”... –espetó Johan somnoliento.
El
científico cruzo sus manos detrás de su cabeza y apoyó sus piernas en la butaca
del piloto.
-¡Heee!
¡Cuidado científico! No me friegues ¿Eh? –dijo Aparicio Law con ojos de huevo
frito.
-¡Tranquilos
muchachos! Ustedes son peores que niños terrícolas, deberían comer algo, mucho café puede afectar
el cerebro en el espacio –y la voz dulce de Susana se introdujo en los oídos de
los tripulantes que observaban su fina y bella figura.
Los
ojos de los jóvenes soldados se incrustaban como flecha en el traje amarillo y
seductor de Susana, pero nadie se atrevería a piropear a un oficial de alto
rango.
-¡Caballeros!
Es hora –dijo Aparicio –, el monitor holográfico señala que estamos a punto de
llegar a Disnomia, estamos muy cerca del objetivo…, por favor diríjanse al
balcón de la nave para admirar este bello acontecimiento.
La
palidez lunar del satélite era innegable, su brillo penetrante encandilaba a la
tripulación del R-21, tenía pequeños continentes de color café en la
superficie, y cientos de hoyuelos y cráteres polvorientos que generaban un
remolino oscilante y misterioso.
-¡Qué
maravilla! –dijo Susana –, su parecido a la luna es evidente, aunque estoy
segura de que presenta más actividad climática en la superficie… es un poco
misteriosa y hostil ¿no te parece?
-En
estos largos años de investigación, hay muchas cosas que me parecen inusual…
¡créeme! –Johan inclinó levemente su cuerpo hacia la espalda de Susana, pensó
que la escena era romántica como para abrazarla de la cintura, pero no tardó en
desistir de ese pensamiento.
La Nave
no tardó en dejar atrás al satélite y la tripulación volvió a sus puestos.
-Estamos
a un día Terrícola de llegar a Eris –Propuso Aparicio Law –, les aconsejo
descansar. Nos espera una larga jornada planetaria.
2
-Ahí
esta –vociferó Johan y señaló con su índice –, las explosiones gravitatorias se
pueden divisar a lo lejos.
El R-21
se acercaba lentamente a los contornos planetarios de Éride, desde un extremo
se podía visualizar a Plutón y Ceres, y en una lejanía misteriosa brillaba Antares
como si fuera una lágrima en el espacio exterior.
La
rutilante luminosidad de Eris entraba por la ventana del balcón.
-La
propagación de la luz debido a la explosión, está influida por la gravitación
del planeta, tal como lo supuse en mis experimentos, hace 10 años atrás –dijo
Johan.
-Así
parece…, o más bien, lo que tú digas Doc.,
lo cierto es que ¿cómo diantre nos mantendremos allá abajo? Parece todo
muy helado –masculló Aparicio.
-¡Tranquilo!
Ya he pensado en eso.
-¿Y
también has pensado en los peligros que podemos encontrar allá abajo? –repuso
Susana.
-Sí.
Usaremos los trajes bidimensionales, si el frío es muy concentrado, el traje
estabilizará la temperatura a un grado soportable a la piel humana. En cambio,
si las explosiones hacen subir la temperatura el traje actuará a la inversa por
si solo –agregó.
-¡Mira!
Qué maravilla de tecnología, ¿Quién habrá sido el genio que invento estos
trajes tan útiles? –preguntó Aparicio asombrado.
-Fui yo
–dijo Johan, y su pecho vanidoso se inflamó levemente.
Aparicio
lo miró con un soplo de desdén.
- ¡Sigh! ¡ains!
–suspiró Susana excitada – ¡Eso es magnífico!, pensé que el Cuerpo Galáctico los
había prohibido, finalmente, hasta las agrupaciones científicas más estrictas
tienen sus excepciones.
-Eso, es correcto –repuso Johan –. Muy
bien…estimada Susana, llegó la hora de descender a Eris, lo haremos en los R-0[2].
Preparen el equipo. Aparicio, usted se encargará de pilotar la pequeña nave.
Aparicio asintió con la cabeza.
-Ok. Colegas, manos a la obra –agregó Susana, y su
bello cuerpo femenino estelar se deslizó por el balcón de la nave, generando
suspiros y corazones rotos en la tripulación.
3
-“El edificio
del universo físico” –pensó para sí Johan –, como lo había predicho, es
gravitación y energía acumulada en el centro del planeta, por eso se produce la
explosión.
El R-0 se estacionó en la superficie de Eris, los
científicos y miembros de la tripulación se acomodaron de los trajes
bidimensionales y emprendieron la odisea.
-¡Jamás había estudiado hielo como este! –dijo
Susana.
-Es hielo de Metano –espetó Johan –, o más bien,
átomos de hidrógeno unido al carbono por
medio de un enlace covalente.
Susana lo miró con desagrado.
-Sé muy bien lo que es el metano, y como actúa;
colega –lo miró de soslayo y arrugo sus bellas y lineales cejas –, y es muy
probable que estos flujos de gases se congelen rápidamente, así que, tenga
precaución al pisar la superficie Johan.
El científico se quedó inmóvil.
-Ja ja ja es solo una broma –una sonrisa perversa
salió de sus labios –, solo avance soldado, no ve que este bello planeta nos
está saludando.
-No sé ustedes, pero yo ya me quiero devolver…, soy
hombre de Naves, mi lugar está en el espacio –desesperó Aparicio, una gota de
sudor rodo por su cara tras el casco espacial.
-Lo entiendo Capitán, solo que el R-0 ya está muy
lejos de aquí y no podemos dejar que se devuelva solo –señaló Susana –, la
regla básica de exploración planetaria es que nos mantengamos unidos.
-Bueno, es lo que dice el manual del Cuerpo
Galáctico –agregó Johan, con cierto nivel de preocupación e incomodidad.
De pronto, un movimiento telúrico desequilibro a
los astronautas. La superficie se comenzó a trizar como vidrio quebrado.
-¡Dios! ¿Qué fue eso? –preguntó Aparicio sin poder
de reacción alguna.
Susana y Johan se hicieron a un lado
inmediatamente.
-Es una fuga de gas, tengan precaución capitán
–dijo Johan, pero éste no escuchó la advertencia.
Un pedazo de hielo se deshizo dejando un forado, la
tripulación calló por el orificio muriendo en el acto, solo Aparicio logro
zafar, sosteniéndose tan solo de una
mano.
-¡Ayuda! ¡Por favor! –gritó el capitán mientras se
sostenía con todas sus fuerzas.
Johan lo agarro de la mano, mientras Susana, a su
vez, lo sostenía de las piernas.
-¡Vamos, con fuerza muchachos! ¡Resiste! ¡Resiste!
–alentó Susana.
El astronauta logro sujetarse de sus colegas, pero
cuando todo el peligro parecía acabar, un descomunal flujo de gas metano salió del
precipicio, expulsando al Capitán Aparicio Law al espacio exterior.
-¡Nooo! ¡Ayúdenmeeeeee! –gritó el astronauta por el
universo, Susana y Johan estaban paralizados de terror.
-¡Capitán! ¿Me copia? –habló Johan por el
fonovisor.
Un ruido de interferencia se escuchó por un
momento, como el hormigueo de un televisor sin señal.
-¿Aparicio? –repitió Susana.
-Oh ¡Dios! Estoy perdido en el universo –sollozó
una voz penosa y eléctrica.
-Capitán. ¿Puede ver cuantos metros marcan los
instrumentos?
-Estoy a más de mil metros, y voy expulsado a una
velocidad de 365 km, no sé cuánto tiempo resista. El traje dimensional no está
pensado para una expulsión al espacio exterior ¿No es así Johan…? –Se escuchó
una voz macabra y temblorosa –, ¡Conteste maldito engreído! –desesperó el
astronauta.
-Está en lo correcto Capitán…, lo siento mucho…. No
sé qué decir mi amigo –respondió afligido.
-No lo haga –contestó el Capitán –, ya no vale la
pena alarmarse. Así es el espacio y la ciencia. La muerte es fría como el hielo
de Éride…en cualquier momento se cortará la comunicación, solo díganles a mis
hijos que los amo y a mi ex esposa Hum… ¡Válgame! Tuve una buena vida con esa
mujer…
-Lo haremos –puchereó Susana
¡Esperen un comento! Estoy viendo algo… es el lugar
de las explosiones, pero ¡Qué demonios!
¡Dios santo! El planeta está maldito, no vayan a….repito, no se acerquen
al…
La comunicación se perdió y el Capitán Law se
trasformó en un pequeño destello de luz que se apagó en el espacio infinito.
4
-¿El planeta está maldito? Eso dijo ¿escuché bien?
–se preguntó para sí, Susana.
La científica estaba con la mirada pegada en el
firmamento, esperando alguna reacción del fonovisor del Capitán Law, con los
ojos brillantes y llorosos.
-Susana. ¡Ven! Debemos seguir –dijo Johan tomándola
de los brazos.
La mujer estaba impactada.
-Pero intentó advertirnos de algo Johan; las
explosiones en el extremo de Eris…quizá debemos volver al R-0 –balbuceó
afligida.
-¡Susana! Lamento mucho que el Capitán se haya
perdido en el espacio; este planeta es más arriesgado de lo que pensé; pero,
llevo 10 años trabajando en ello, necesito saber de dónde provienen esas
explosiones y cuál sería su efecto en el sistema solar, la tierra necesita esta
investigación.
-¡Al diablo con la investigación! Ya perdimos a la tripulación, y a nuestro
piloto, volvamos a casa.
La mujer comenzó a caminar en sentido contrario.
-No puedo dejarte ir, puedes morir por una fuga de
gas, Susana…
-De verdad piensas que después de todo lo que paso,
me interesa la investigación o encontrar la muerte por estos gases, prefiero
morir viajando devuelta a la tierra, que en este planeta maldito.
-¿Y qué hay de la Humanidad? Y el juramento. Somos
científicos ¿lo recuerdas…?
-Eso vale una nuez, si está en peligro tu vida, lo
primero es preservarla, el instinto de supervivencia es más fuerte.
-Lo entiendo –dijo Johan, y se tomó el casco
empañado de sudor –, pero aún podemos hacer algo. Podemos activar al R-21 por
el visor de control, le daremos la ubicación exacta para que nos lleve devuelta
a casa.
-¿y qué hay de la investigación? ¿Qué le diremos al
Cuerpo Galáctico?
-Ya pensaré en algo –dijo Johan con aflicción –,
quizá logremos ver algo en el ascenso. Y corroborar lo que intentó decirnos el
Capitán Law.
Susana se quedó mirando el panorama hostil del
planeta, perpleja, mientras las fugas de gases metano se tornaban macabras y relucientes, las erupciones se multiplicaban a gran rapidez
por todo el planeta, y el hielo se derretía y emergían extrañas rocas de color
rojo en la superficie, el aspecto de Eris se modificó de un momento a otro, ya
no tenía ese paisaje luminoso y tranquilo que veían desde el espacio.
-¿En cuánto llegará el R-21? –apresuró Susana.
-Será tan solo en unos minutos, en teoría –dijo
Johan inclinándose levemente hacia la chica.
-Tomando en consideración las constantes
explosiones de gases, no sé si disponemos de muchos segundos.
El R-21 apareció entre la neblina que expulsó un
cráter. Susana sonrió; una escalera eléctrica descendió desde la puerta
principal trasladando a los astronautas.
¡Gracias! ¡Vendita Tecnología! –exclamó la
científica.
Los astronautas tomaron los controles de la nave, y
se disponían a huir lo más lejos de allí; pero… al momento de tomar el rumbo,
sintieron que algo los jaló desde la cola; activaron el pilotico
automático y se dirigieron a los compartimentos traseros a observar lo que
sucedía. Una garra deforme, después unas patas alargadas insectívoras, después
otras garras deformes y gruesas… y un cumulo de tentáculos agusanados se
enredaron en las alas de la nave, con decenas de ojos esculpidos de un material
orgánico irreconocible para el ser humano…
-¡Aghgggggh!
–Grito Susana –, ¡es un monstro!, un maldito monstro del espacio.
Johan se horrorizó y a toda prisa activó los
propulsores de la nave a su máxima velocidad.
Pero a medida
que la nave iba tomando fuerza, el
mostro oponía más resistencia, y poco a
poco se fue desmembrando del cráter gaseoso; su horripilante cuerpo estaba
compuesto de varios niveles de masa sólida y hielo fundido en fuego, como si
fuera parte del mismo planeta; un tumor alienígena adherido a la superficie terrestre; un
parasito planetario que se camuflaba entre los gases y el hielo.
-Aumenta toda la potencia Johan; ¡por favor! Dios,
sálvanos de esta –Suplicó Susana.
La nave aceleró a su máxima potencia y zafo de las
garras del mostro.
-¡Uff! ¡Estuvo cerca! –se alivió la científica,
mientras la nave subía a toda velocidad, pero en ese instante se siente un
ruido estruendoso:
-¡Boom! ¡Boom! ¡Boom!
-¿Qué fue eso?
-Son las explosiones…, las que veníamos a
investigar –dijo Johan y su mirada extraña estaba perdida en el universo.
-No es cierto. Pero… ¿De dónde vienen? –preguntó
asustada la científica.
-Estaba equivocado Susana, el poder gravitatorio de
Eris, no era causado por la energía acomunada en el planeta, ni su expansión lumínica, ni por la
concentración del gas metano. Estuve equivocado todo este tiempo, he fracasado
en la tarea que me encomendó el Cuerpo Galáctico.
-Entonces, ¿de dónde provienen las explosiones?
-De allá –Apuntó el astronauta con su cabeza
exhausta hacia el planeta– ve al Balcón, está por suceder.
Y una ráfaga estelar desnudó la superficie de Eris a los lejos; el
monstro salió de su cráter y voló hacia el espacio…, se le escapaba su
alimento; abrió su boca de roca y escupió una bola de fuego que explotó como
hongo nuclear en dirección a la nave…
GTF

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